domingo, 3 de mayo de 2015

¿Qué fue de los sindicatos?


Probablemente éste haya sido el Primero de Mayo sindical más triste de los últimos años porque los sindicatos han perdido buena parte de la influencia social que han tenido en España desde la reinstauración de la democracia. Hoy, bajo el lema "Así no salimos de la crisis", UGT y CCOO han convocado manifestaciones en 80 localidades españolas, pero sus voces se van a oír menos que nunca. ¿Qué ha ocurrido para que en el momento de más precariedad laboral, con el desempleo todavía desbocado, con un paro juvenil en el 50%, los sindicatos pinten menos que nunca en el panorama económico nacional?

Hay factores, digamos, endógenos, que se refieren a su propio funcionamiento. Los escándalos de UGT en los cursos de formación y en los ERE han terminado por minar su credibilidad y ha arrastrado a la otra gran central, CCOO .

Las informaciones destapadas por este periódico sobre el despilfarro ugetista de dinero público para los parados en Andalucía -cenas con gambas y rebujitos, o regalos de bolsos de marca pirateados, incluidos-, que han tenido ramificaciones en otras federaciones como la extremeña, la madrileña o la balear, han llevado la imagen sindical a mínimos históricos, que dirían los analistas. Tampoco ha ayudado la aparición de destacados dirigentes de los dos sindicatos en procesos penales un tanto vergonzosos como el caso de las tarjetas black de la antigua Caja Madrid. Y, en estos tiempos en los que se exige claridad en las cuentas públicas y en las organizaciones, las centrales tampoco han sido un adalid de la transparencia.

Pero también hay otras razones externas que explican esta caída de la influencia de los sindicatos. España es de los países de la OCDE con menos afiliación sindical, que nunca ha superado el 15,9% de los trabajadores. En 2014, por ejemplo, UGT y CCOO decían que contaban entre ambos con dos millones de afiliados. Sobre una población activa de 22,8 millones de personas, supone apenas un 8,7% del total. Es posible que el fuerte aumento del paro haya provocado una salida masiva de afiliados, pero en ningún caso el nivel de representación se corresponde con el inmenso poder que han tenido UGT y CCOO en la política española.

¿De dónde viene, pues, esa tremenda influencia? Básicamente, de un sistema de negociación colectiva en el que los sindicatos han llevado la voz cantante. El modelo en cascada, que otorgaba más peso al convenio nacional o general que a los acuerdos que alcanzaran los comités en cada empresa, dejaba en manos de las cúpulas sindicales -más alejadas como de la realidad concreta de cada compañía- decisiones clave para la vida empresarial como las subidas salariales, la remuneración de la productividad o la flexibilidad de la jornada laboral. A esto se añade la ultraactividad de los convenios, que es la aplicación automática de un convenio vencido o denunciado más allá de la vigencia prevista en los acuerdos, lo que podía prolongar sine die unas condiciones laborales pactadas dos o tres años antes pero a lo mejor ya no válidas cuando había que negociar uno nuevo.

La reforma laboral de 2012 decretada por el PP terminó con este modelo al primar los convenios de empresa sobre cualquier otro, con lo que se facilitó el denominado descuelgue; es decir, la posibilidad de no aplicar en una compañía las condiciones pactadas en el convenio colectivo sectorial o territorial aduciendo simplemente causas económicas. Además, la reforma de Báñez rebajó considerablemente la ultraactividad de los convenios, al reducir a un año la renovación automática de las condiciones pactadas. Probablemente estos dos cambios son mucho más determinantes para el mercado laboral que el abaratamiento del despido o los nuevos tipos de contratos. Y el objetivo de esas dos medidas ha sido restar poder a los sindicatos. Se entiende así que una de las medidas clave de las propuestas laborales de Pedro Sánchez es devolver a la negociación colectiva el poder que le ha quitado el PP.

A las consecuencias de la reforma laboral se unirá la pérdida del control sindical -y también empresarial- de los fondos de formación, que como se ha comprobado en los últimos años, ha nutrido de forma fraudulenta las cuentas de las centrales sindicales. Sin la negociación colectiva y sin fondos de la formación los sindicatos no son lo que fueron.

Twitter: @vicentelozano

(Publicado en El Mundo el 1 de mayo de 2015. La foto es de El Norte de Castilla)

miércoles, 8 de abril de 2015

Un poquito de vértigo en los mercados

Los mercados de valores prolongan sus subidas en un entorno económico que todavía no está consolidado. Las bolsas europeas llevan avances superiores al 20% desde que empezó el año... en plena incertidumbre sobre el impago de la deuda de Grecia. Hay analistas que ahora conceden hasta un 60% de probabilidad a que los helenos tengan que abandonar el euro.

El Ibex gana un 15% desde comienzos del año y hay compañías que registran valoraciones históricamente altas. Santander ha superado los 100.000 millones de euros de capitalización e Inditex le sigue con 95.000 millones. Entre los dos valen tanto como el 20% del PIB español.

El buen momento bursátil, que en definitiva es lo mismo que decir que hay dinero dispuesto a comprar, hace que grandes compañías preparen la salida a bolsa de sus filiales para conseguir liquidez, como en los mejores tiempos de la burbuja ¿se acuerdan de Terra, Telefónica Móviles y demás....?

Y, a la vez en sectores de crecimiento y con empresas todavía infravaloradas en el mercado se producen operaciones corporativas de calado. Las compra de BG por Shell por importe de 65.000 millones de euros y la de TNT por Fedex por 4.000 millones de dólares son los últimos ejemplos.

Pero quizá, lo que puede poner más nervioso, al menos a mí me lo parece, es que el Tesoro español esté financiándose ya a tipos negativos. Es decir, que los inversores estén dispuestos a pagar por comprar deuda española. Un país que, sí, va a crecer por encima de la media, pero sigue teniendo un volumen de deuda pública disparada, el déficit sin controlar adecuadamente, con un paro que supera con mucho los cuatro millones de desempleados y con reformas estructurales pendientes.

Y, a todo esto, el FMI advierte que la etapa de crecimiento que viene no será no con mucho tan próspera como la previa a la crisis, entre otras razones porque las condiciones de financiación serán mucho más duras. Hay liquidez en los mercados. El BCE ha contribuido mucho a ello. Pero...

(Publicado en elmundo.es el 8 de abril de 2015)

miércoles, 1 de abril de 2015

El valor de la información


Leí esto en Twitter. Siento no poder decir quién es el autor porque la observación es interesante: "Uber es la mayor compañía de taxis y no tiene ningún taxi. Facebook es la mayor empresa de contenidos y no produce ningún contenido. Alibaba es el mayor vendedor del mundo y no fabrica un solo producto y Airbnb tiene el mayor número de apartamentos del mundo y ninguno de ellos en propiedad".

Lo retuiteé con el comentario: "¿Y cómo hacen negocio, entonces?". Mi amigo Wojciech Golecki respondió enseguida: "El negocio está en la información". Información en dos sentidos. Primero, para poner en contacto a los proveedores de productos y servicios con los consumidores. Después, lo radicalmente distinto de lo que todo lo que había hasta ahora: información para decir a esos proveedores qué es lo que exactamente quiere o necesita cada una de las personas que están en una aplicación, una red social o una web de comercio electrónico.

El futuro pasa por parecerse a estas nuevas formas de negocio. Desde luego, El Corte Inglés o Zara habrían tardado más en entrar en el comercio electrónico sin la presión de Amazon. Ni existirían aplicaciones como MyTaxi si no hubiera aparecido Uber.

La banca ya lo entiende así. Ana Botín y Francisco González han declarado que sus grandes rivales a medio plazo son Google o Facebook. Porque es distinto hacer un envío masivo de cartas al lanzar un crédito para la compra de un automóvil que dirigir información personalizada a cada cliente, del que sabes: cuándo compró el último coche, qué modelo adquirió, cómo lo usa, quién lo conduce, dónde vive, su estado civil, cuántos hijos tiene... además de conocer su capacidad adquisitiva. Facebook, por ejemplo, puede disponer de esa información.

¿Y la prensa? Posiblemente, su modelo de negocio deberá tender a parecerse al de Google o al de Facebook. Ellos no viven de dar información, sino de explotar los datos que les proporciona disponer de esa información. En otras palabras, la noticia -el contenido informativo- podría ser para la empresa editora como el vehículo para Uber o el muro para Facebook: el medio para conectar con la gente.

Cuanto mejor sea esa noticia -más contrastada, más exclusiva-, más lectores, de pago o no, atraerá a su web. Se trata, pues, de hacer el mismo periodismo de siempre, pero venderlo como las nuevas tecnologías nos permiten hacerlo. Por eso, ahora, el cambio más importante en una editora de medios impresos no está en las redacciones.

(Publicado en el El Mundo el 1 de abril de 2015)

@vicentelozano

sábado, 21 de febrero de 2015

Preguntas a Ciudadanos


El cambio de modelo del mercado de trabajo que propone Ciudadanos es radical. Lo que explicaron el miércoles Luis Garicano, Manuel Conthe y Albert Rivera no es una reforma más, sino una nueva forma de contemplar las relaciones laborales en España, con iniciativas que han dado resultado en otros países, pero que aquí no se han experimentado. Por eso, para analizar esas iniciativas son necesarias previamente algunas respuestas.

1. Ciudadanos plantea un "seguro contra el despido mediante las aportaciones empresariales a una cuenta individual de cada trabajador de un 1% de su salario", a modo de lo que se ha denominado mochila austríaca, aunque no sea exactamente lo mismo. ¿Se trata de una nueva cotización empresarial? ¿Si es así, no puede convertirse en una nueva traba a la contratación? ¿El importe ahorrado se suma a la pensión pública?

2. Ciudadanos propone el contrato único para reducir la "precariedad laboral". Desde luego, es la mejor aportación para eliminar la dualidad que existe en el mercado laboral español entre los trabajadores indefinidos y los temporales, que hace que en las crisis siempre sufran mucho más éstos últimos. Pero, en la práctica, el contrato único hace temporales a todos los trabajadores. Si parte de la precariedad laboral se debe a los contratos de cortísima duración, ¿por qué el contrato único va a dar más estabilidad a los trabajadores en una economía, como la española, con sectores de por sí muy temporales y con una altísima rotación laboral, como el turismo, la hostelería y la construcción?

3. Ciudadanos quiere una bonificación a las empresas que despidan menos. También esto merece una explicación pormenorizada ¿Cuáles serán los criterios para conceder esa bonificación? ¿En función de los sectores, por tamaño, por situación financiera de la sociedad?

4. Ciudadanos incluye en sus propuestas un Complemento Salarial Anual Garantizado (CSAG) para completar la renta de los trabajadores con sueldos más bajos y empleos más precarios. Se trata de una especie de crédito fiscal, que tiene una ventaja: sólo lo cobrará quién esté trabajando, por lo que difiere mucho del renta básica universal, que utópicamente han propuesto algunos movimientos de izquierda. Desde luego esta iniciativa tiene mucho más sentido. Ciudadanos considera que supondrá unos 10.000 millones de euros al año. Ciudadanos dice que no supondrá más gasto público porque con el incremento del empleo se reducirá la partida destinada al subsidio de paro. Si las prestaciones por desempleo suman unos 25.000 millones de euros al año, para conseguir que no incremente el gasto habrá que reducir esa partida nada menos que a 15.000 millones. ¿Se va a sufragar mientras incrementando el déficit?

5. En cuanto al novedoso -en España- modelo de formación de los parados, que deja en manos del trabajador la responsabilidad de su recapacitación profesional mediante un cheque para pagar cursos y tutorías ¿Cómo asegurarse que el parado va a aprovechar esos recursos para formarse si la experiencia demuestra que el modelo actual no ha funcionado y apenas se conocen denuncias de quienes se consideran estafados por ese sistema?

Volvemos al principio. La apuesta de Ciudadanos es arriesgada y tan novedosa que hacer un pronóstico sobre su viabilidad es una aventura. Pero se agradece este aire fresco. Y la última pregunta, ¿alguien puede decir si el sistema propuesto es liberal o socialdemócrata?
@vicentelozano
(Publicado en @elmundo_orbyt el 19 de febrero de 2015. La fotografía es de Javier Barbancho.)

viernes, 23 de enero de 2015

Si Syriza lo hace bien...




Syriza y Podemos tienen muchas diferencias, aunque no lo parezca Alexis Tsipras dirige una coalición de partidos de izquierda constituidos previamente a su integración. Está en el Parlamento griego desde 2004 y en las elecciones de junio 2012 se consolidó como la segunda fuerza política del país, con el 26,9% de los votos y 71 diputados. Podemos sólo tiene de bagaje los cinco eurodiputados que logró en las elecciones europeas de 2015. El partido proviene de un movimiento asambleario, con líderes sólidos en la cúpula nacional, sí, pero muy líquidos en las bases:nadie sabe el control real que ejerce el aparato de Pablo Iglesias sobre los círculos. Syriza es una realidad; Podemos, una posibilidad.

Pero tanto a Syriza como a Podemos les interesa mirarse en el espejo del otro. Los griegos, porque su país es muy pequeño en el contexto del euro y puede presentar a sus electores a un hermano con posibilidades electorales en un grande de la UE. Podemos, para hacer ver en España que su plan de gobierno se puede llevar a la práctica sin que se hunda el mundo. El tiempo juega a favor de los españoles

Ésa es la cuestión. ¿Podrá un Gobierno de Syriza sacar a los griegos del estado de postración al que los ha sometido el rescate? Necesitará la ayuda de la troika, pero no es ninguna 'boutade' pensar que puede ser así.

A nadie le interesa que Grecia salga del euro. Ni a los helenos, porque a las consecuencias económicas habría que añadir las políticas, al quedarse pegado a Turquía sin el cobijo político europeo. Ni a Angela Merkel y al resto de la UE: cuando la recuperación empieza a encarrilarse, es demasiado riesgo abrir el melón de la fractura de la moneda única. Si no hay un vuelco de última hora, Tsipras podrá gobernar solo o con ayuda de otra formación. y en ese contexto hay que situar el panorama postelectoral en Grecia.

Así, lo razonable es un acuerdo entre el nuevo Gobierno y la UE. La situación financiera de Grecia ha cambiado sustancialmente en los últimos meses y un dato importantísimo es que el país ha alcanzado superavit primario en sus cuentas -ingresos públicos por encima de los gastos, descontando el pago los intereses de la deuda-. Hay que recordar que un pacto de 2012 entre el Eurogrupo y los helenos establecía una relajación de las condiciones del rescate cuando se alcanzase ese objetivo.

Es decir, la Troika y el nuevo Gobierno tienen un cierto margen para negociar una ampliación de de los plazos de pago de la deuda y una nueva reducción de los intereses. Hay analistas que dicen que un acuerdo de relajación de condiciones en el que no aparezca la palabra quita sería asumible por el Ejecutivo heleno y por los europeos, encabezados por el alemán. Esto permitiría a Syriza aplicar parte de su programa económico, no muy distinto por cierto-como el de Podemos- al que presentó el PSOE en las elecciones en 2011.«Somos un partido de izquierda radical, pero nuestras propuestas son razonables», decía el miércoles en este periódico Yanis Varoufakis, ministro de Economía en la sombra de Syriza.

¿Hasta que punto puede repercutir todo esto en España? Desde luego, este acuerdo Syriza-troika sería un experimento que se puede hacer en un país rescatado y que apenas supone un 2% del PIB de la UE. Unas condiciones muy distintas a las de España, que ni está intervenido y es la cuarta economía del euro. Pero sería muy interesante ver cómo va cambiando la cara de buena parte de los políticos españoles al ver que, según se acercan las elecciones generales, las recetas de Syriza van surtiendo efecto... con el beneplácito de la Troika.

@vicentelozano

viernes, 16 de enero de 2015

Yo no soy Charlie Hebdo


Me gustó esto de The New York Times, escrito por David Brooks, que publicó El País tras los atentados de París:

A los periodistas de Charlie Hebdo se les aclama ahora justamente como mártires de la libertad de expresión, pero seamos francos: si hubiesen intentado publicar su periódico satírico en cualquier campus universitario estadounidense durante las dos últimas décadas, no habría durado ni treinta segundos. Los grupos de estudiantes y docentes los habrían acusado de incitación al odio. La Administración les habría retirado toda financiación y habría ordenado su cierre.

La reacción pública al atentado en París ha puesto de manifiesto que hay mucha gente que se apresura a idolatrar a quienes arremeten contra las opiniones de los terroristas islámicos en Francia, pero que es mucho menos tolerante con quienes arremeten contra sus propias opiniones en su país.

Fíjense si no en todas las personas que han reaccionado de manera exagerada a las microagresiones en los campus. La Universidad de Illinois despidió a un catedrático que explicaba la postura de la Iglesia católica respecto a la homosexualidad. La Universidad de Kansas expulsó a un catedrático por arremeter en Twitter contra la Asociación Nacional del Rifle. La Universidad de Vanderbilt retiró el reconocimiento a un grupo cristiano que insistía en que estuviese dirigida por cristianos.

Puede que los estadounidenses alaben a Charlie Hebdo por ser lo bastante valiente como para publicar viñetas que ridiculizaban al profeta Mahoma, pero cuando Ayaan Hirsi Ali es invitada al campus, suele haber peticiones de que se prohíban sus intervenciones.

Así que esta podría ser una ocasión para aprender algo. Ahora que nos sentimos tan apenados por la masacre de esos escritores y directores de periódico en París, es un buen momento para adoptar una postura menos hipócrita hacia nuestras propias figuras controvertidas, provocadoras y satíricas.
Supongo que lo primero que hay que decir es que, independientemente de lo que uno haya publicado en su página de Facebook este viernes, es inexacto que la mayoría de nosotros afirmemos “Je suis Charlie Hebdo” o “Yo soy Charlie Hebdo”. La mayoría de nosotros no practicamos de verdad esa clase de humor deliberadamente ofensivo en la que está especializada ese periódico.

Puede que hayamos empezado así. Cuando uno tiene 13 años, parece atrevido y provocador épater la bourgeoisie [escandalizar a la burguesía], meterle el dedo en el ojo a la autoridad, ridiculizar las creencias religiosas de otros. Pero, al cabo de un tiempo, nos parece pueril. La mayoría de nosotros pasamos a adoptar puntos de vista más complejos sobre la realidad y más comprensivos con los demás. (La ridiculización se vuelve menos divertida a medida que uno empieza a ser más consciente de su propia y frecuente ridiculez). La mayoría tratamos de mostrar un mínimo de respeto hacia las personas con credos y fes diferentes. Intentamos entablar conversaciones escuchando en vez de insultando. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de nosotros sabemos que los provocadores y otras figuras estrafalarias cumplen una función pública útil. Los humoristas y los caricaturistas exponen nuestras debilidades y vanidad cuando nos sentimos orgullosos. Minan el autobombo de los triunfadores. Reducen la desigualdad social al bajar a los poderosos de su pedestal. Cuando son eficaces, nos ayudan a enfrentarnos a nuestras flaquezas en grupo, ya que la risa es una de las experiencias cohesivas por antonomasia.

Es más, los expertos en provocación y ridiculización ponen de relieve la estupidez de los fundamentalistas. Los fundamentalistas son gente que se lo toma todo al pie de la letra. Son incapaces de adoptar puntos de vista diversos. Son incapaces de ver que, aunque su religión pueda ser digna de la más profunda veneración, también es cierto que la mayoría de las religiones son un tanto extrañas. Los humoristas señalan a quienes son incapaces de reírse de sí mismos y nos enseñan a los demás que probablemente deberíamos hacerlo también. En resumen, al pensar en quienes provocan y ofenden, deseamos mantener unas normas de civismo y respeto y, al mismo tiempo, dejar espacio a esos tipos creativos y desafiantes que no tienen las inhibiciones de los buenos modales y el buen gusto.

Cuando se intenta combinar este delicado equilibrio con las leyes, las normas sobre el discurso y los ponentes vetados, se acaba teniendo una censura pura y dura y unas conversaciones acalladas. Casi siempre es un error tratar de silenciar el discurso, fijar normas sobre él y cancelar las invitaciones de los ponentes.

Por suerte, los modales sociales son más maleables y flexibles que las normas. La mayoría de las sociedades han logrado mantener ciertas reglas de civismo y respeto a la vez que han dejado la vía abierta a quienes son divertidos, descorteses y ofensivos.

En la mayoría de las sociedades, los adultos y los niños comen en mesas separadas. La gente que lee Le Monde o las publicaciones institucionales se sienta a la mesa de los adultos. Los bufones, los excéntricos y las personas como Ann Coulter y Bill Maher están en la mesa de los niños. No se los considera del todo respetables, pero se los escucha porque, con su estilo de misil descontrolado, a veces dicen cosas necesarias que nadie más dice.

Las sociedades sanas, en otras palabras, no silencian el discurso, pero conceden un estatus diferente a los distintos tipos de personas. A los eruditos sabios y considerados se los escucha con gran respeto. A los humoristas se los escucha con un semirrespeto desconcertado. A los racistas y a los antisemitas se los escucha a través de un filtro de oprobio y falta de respeto. La gente que desea ser escuchada con atención tiene que ganárselo mediante su conducta.

La masacre de Charlie Hebdo debería ser una oportunidad para poner fin a las normas sobre el discurso. Y debería recordarnos que, desde el punto de vista legal, tenemos que ser tolerantes con las voces ofensivas, aunque seamos selectivos desde el punto de vista social.

Traducción de News Clips. © The New York Times.

martes, 23 de diciembre de 2014

El espacio y el tiempo

'INTERSTELLAR' es un buen intento de divulgación de algo tan complicado como la física cuántica, la relatividad y los conceptos de espacio y tiempo. Lo consigue a medias, pero hay que reconocer que es muy difícil plasmar en argumento y en imágenes lo que ni la ciencia puede explicar todavía, como el comportamiento de la vida en un agujero negro. A nuestra mente le cuesta pensar que alguien pueda estar a la vez en dos sitios distintos o que el tiempo avance de forma diferente según el lugar donde uno se encuentre. El espacio y el tiempo nos tienen tan condicionados que nos complican explicar otras coordenadas distintas de las nuestras. Lean lo publicado ayer en este periódico sobre la película de Nolan.

Pero con internet y su desarrollo industrial podemos hacernos una idea rudimentaria de que nuestras tres dimensiones, cuatro con la temporal, son hasta cierto punto relativas. El concepto de espacio cambia cuando en un dispositivo que no ocupa más que un mechero guardas -y transportas- los cientos de documentos con los que trabajas para hacer una tesis doctoral.

Y también varía el concepto del tiempo. ¿Cuánto tardábamos hace unos años en desplazamientos, colas y trámites para realizar una simple transferencia bancaria? Hoy viajamos virtualmente hasta la Universidad de Harvard para consultar un manual de su biblioteca. Y un médico puede asistir en directo desde su despacho en Madrid, y sin apenas coste, a la conferencia que un colega pronuncia en Houston sobre el último tratamiento de una enfermedad.

Sólo estamos empezando en esta tremenda ruptura de nuestros modos de comportamiento. Ya se investiga en lo que se conoce como internet de las cosas, que es la interconexión de objetos para que se proporcionen información entre sí. Permitirá que las máquinas casi piensen. Por ejemplo, el ahorro de agua podría ser impresionante si pudiéramos calcular el consumo exacto que necesita cada planta según las condiciones de luz, humedad y temperatura en cada momento. Y el de combustible, si los vehículos escogieran por sí mismos la ruta más ecológica en función de las condiciones del tráfico.

Esta revolución alcanzará a la política. Si es seguro enviar dinero desde el teléfono móvil, ¿por qué no lo va a ser votar al candidato que consideremos más adecuado, al margen de listas cerradas y de cúpulas de los partidos? Esto tardará un poco más porque hay políticos por medio. Pero llegará. Y viviremos mejor, aunque sólo vivamos la vida de la Tierra.

@vicentelozano
(Publicado en El Mundo el 22 de diciembre de 2014)