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viernes, 13 de septiembre de 2024

Qué es la desinformación

Combatir la desinformación no es un tema que haya surgido de repente para este Gobierno. Ya en su discurso de investidura pronunciado el 4 de enero de 2020, Pedro Sánchez propuso como medida de regeneración democrática una “estrategia nacional contra la desinformación”.

Era la primera vez que este concepto aparecía en un discurso tan importante como el de investidura y podía tener su razón de ser porque todavía estaban recientes en el mundo la victoria de Donald Trump en las presidenciales estadounidenses de 2016 o, aquel mismo año, el triunfo del Brexit en Reino Unido. En ambos casos, según todos los analistas, las campañas de desinformación difundidas a través de las redes sociales contribuyeron a modificar la opinión pública en esos países hacia el lado que casi todos daban como perdedor antes de los comicios norteamericanos o del referéndum británico.

No creo que haya nadie que esté en contra de la erradicación de la desinformación por lo perniciosa que es para la sociedad. Pero para luchar contra ella lo primero es saber qué es desinformación y cómo funciona. El año pasado el Departamento de Seguridad Nacional de Presidencia del Gobierno elaboró un muy trabajado documento titulado Foro contra las Campañas de Desinformación en el ámbito de la Seguridad Nacional que merece la pena conocer. En sus conclusiones, los expertos recuerdan la definición consensuada en Europa sobre la desinformación: “La desinformación, tal y como se define canónicamente por la Comisión Europea, es ‘información verificablemente falsa o engañosa que se crea, presenta y divulga con fines lucrativos o para engañar deliberadamente a la población y que puede causar un perjuicio público". Acto seguido, los autores matizan que “de acuerdo con esa definición, la desinformación como fenómeno se deslinda de la mera información errónea, fruto del desconocimiento o de la falta de diligencia en la procura de la veracidad”, porque consideran que la desinformación tiene que responder a “una clara intencionalidad de dolo o engaño por parte de sus responsables”. Por ejemplo, una información que se publica sin estar suficientemente contrastada y es errónea es una clara negligencia profesional, pero no tiene por qué ser técnicamente una desinformación.

Y, además, del ‘propósito’ de la desinformación, el informe distingue también sobre la forma de difundirla. “Cabría establecer su diferencia con la mera difusión, singular o reiterada, de noticias falsas”, al requerir la desinformación de “una dimensión estratégica, sistemática, que responde al objetivo comercial y/o ideológico de imponer un relato ‘alternativo’ al que se deriva de los propios hechos o, al menos, de generar la suficiente confusión como para sembrar la duda y la desconfianza hacia esos hechos”. En resumen: desinformación es una información dolosamente falsa que se transmite estratégica y sistemáticamente para engañar.

La dimensión “estratégica y sistemática” la explica The Economist en una serie de reportajes que acaba de publicar sobre la desinformación y la forma de combatirla. La revista recuerda que, durante muchos años, la forma estándar de esparcir noticias falsas, era “utilizar cientos o miles de cuentas de redes sociales, controladas por una sola pieza de software, para difundir el mismo mensaje o enlace, dar ‘me gusta’ o compartir publicaciones particulares. A gran escala, este “comportamiento no auténtico coordinado” puede engañar a los algoritmos en una red social como Facebook o X haciéndoles creer que hay una oleada de interés o apoyo a un punto de vista particular”.

La cosa ha cambiado y, desde hace un par de años, las campañas de desinformación son distintas. “Dirigidas por entidades como empresas de márquetin o granjas de trolls, publican en una variedad de redes sociales y plataformas de blogs y crean sitios web falsos completos. Estos sitios presentan en su mayoría artículos inocuos, generados por inteligencia artificial, pero con desinformación mezclada. En lugar de utilizar cientos de cuentas falsas para promocionar material falso, ahora la distribución se basa en cuentas de redes sociales, llamadas ‘difusores’, con un gran número de seguidores”. Las cuentas de difusión consiguen seguidores publicando sobre temas como fútbol y otros deportes, vídeos de situaciones divertidas o trágicas o presentando mujeres con poca ropa. Y poco a poco van mezclando esos contenidos con noticias falsas sobre temas empresariales o políticos.

Entiendo que este concepto de desinformación del que hablan los expertos no tiene demasiado que ver con el que está usando estos días el presidente del Gobierno. Y es curioso que Pedro Sánchez nunca mencione las grandes plataformas por las que realmente se difunden las noticias falsas y se refiera más a medios -o ’pseudomedios’- que diseminan falsedades. Evidentemente que hay que actuar con el Código Penal por delante contra los medios y páginas webs que difaman o calumnian, como se ha hecho siempre por quien se ha considerado agredido por la prensa, pero eso no justifica las veladas amenazas al hacer de la prensa y de los periodistas de los últimos días.

Vuelvo al principio. Lo único que ha cambiado en el panorama informativo español en las últimas semanas ha sido la aparición de las actividades de Begoña Gómez en las noticias. Antes de ello existían las mismas webs que ahora, y los mismos medios.

Sin embargo, Sánchez y la propaganda oficial es ahora cuando intentan sembrar la duda en la opinión pública sobre la labor de la prensa, intentando pasar como desinformación lo que es información crítica sobre el Gobierno y su trabajo. ¿De quién nos podremos fiar si la prensa solo publica bulos u noticias engañosas? María Rey, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, lo ha expresado con otras palabras: “Para acabar con la libertad de expresión basta con convencer a la sociedad de que la prensa es sospechosa”.

Conseguir una prensa libre y fuerte debe ser una aspiración de la sociedad y los propios medios son los primeros interesados en conseguirlo. Por eso hacen falta iniciativas que impulsen su verdadera misión de defensa de la democracia ante posibles imposiciones de los gobiernos. El Observatorio de Medios, promovido por las fundaciones Haz y Ethosfera, que promueve la cultura de la gobernanza y la transparencia es una de ellas, porque cuanto más transparentes sean los medios ante la sociedad, menos sospechas recaerán sobre ellos.

(Publicado en Revista Haz el 7 de mayo de 2024)

lunes, 11 de marzo de 2024

La angustiosa búsqueda de ingresos por parte de las empresas informativas


La mayoría de las empresas informativas en todo el mundo luchan por sobrevivir mientras estudian nuevas formas de ingresos que palíen las caídas de ventas y de publicidad. Años después de la irrupción de internet, todavía no se ha conseguido un modelo de negocio sostenible. En el pago por derechos de autor por parte de las grandes plataformas y de las empresas de inteligencia artificial puede haber una esperanza.

El Observatorio de Medios, una iniciativa de autorregulación de los medios de información en España impulsada por las fundaciones Ethosfera y Haz, presentó a principios de enero los resultados del informe Paying for news: what Google and Meta owe US publishers. Al acto acudieron altos directivos de editoras de medios españoles como Prisa, Vocento, Godó, Henneo o Atresmedia, preocupadas todas por la sostenibilidad financiera de las empresas informativas.

El informe ha sido elaborado por profesores de las universidades de Columbia y Houston y ha diseñado una metodología para calcular la compensación económica que Facebook (Meta) y Google Search deberían pagar a los editores de noticias por el uso de su contenido, en caso de que la propuesta legislativa Journalism Competition & Preservation Act entrara en vigor en Estados Unidos.

Esa metodología, basada en cálculos de los ingresos de las plataformas por la publicidad aneja a las noticias de medios que recogen, concluye que Google debería pagar a los editores estadounidenses alrededor de 10.000 millones de dólares al año y Facebook unos 2.000 millones para compensarles. El estudio concluye que “los acuerdos existentes entre estas plataformas y los editores de noticias no reflejan el valor total generado por el contenido de noticias en las plataformas”.

Artículos para entrenar robots de IA

Ahora, ese robo de contenidos gracias a las nuevas tecnologías se ha trasladado a la inteligencia artificial (IA) y ha provocado de nuevo protestas desde los medios. El principal exponente de este malestar ha sido la demanda de The New York Times contra OpenAI y Microsoft por utilizar los contenidos del periódico para entrenar a ChatGPT y Microsoft Copilot sin tener los derechos y sin permiso. En la demanda, The New York Times afirma que el “uso ilegal del trabajo de The Times por parte de Microsoft y OpenAI para crear productos de inteligencia artificial que compitan con él amenaza la capacidad del diario para prestar ese servicio”.

El camino judicial no es el único emprendido para conseguir que las tecnológicas paguen. Australia y Canadá han aprobado legislaciones para forzar a las plataformas a llegar a acuerdos justos con los medios, y se espera que en 2024 aumenten las alianzas de editores de todo el mundo para obtener pagos de Google, y posiblemente de Meta, siguiendo el Código de Negociación de Medios de Comunicación de Australia, aprobado en 2021.

Hay que recordar que España fue pionera en 2014 en obligar a Google a pagar derechos de autor a las empresas informativas por usar sus contenidos en el buscador. Pero la iniciativa terminó en nada. La respuesta entonces de Google fue cerrar el servicio Google News en España –el único país del mundo donde lo ha hecho– y no enlazar noticias, porque no estaba dispuesto a pagar. El resultado fue una caída del tráfico de las webs. En 2021, al trasponer la directiva europea de derechos de autor se eliminó esa obligatoriedad y el pago de los contenidos quedó circunscrito a acuerdos bilaterales entre las empresas informativas y Google, que tampoco han servido para nada porque los acuerdos presentan muchos problemas. En primer lugar, son poco transparentes; después, los ingresos que aportan a los medios son muy bajos y, en tercer lugar, favorece a los grandes grupos y deja sin margen de negociación a las pequeñas y medianas empresas informativas.

Ayudas para la prensa

Mientras, con el fin de aplacar las quejas de los medios, los dos gigantes tecnológicos han puesto en marcha iniciativas para ayudar financieramente a las empresas informativas, como Google News Initiative, un programa que reparte dinero entre los medios para formación y desarrollo de su digitalización, o el Meta Journalism Project, que forma a profesionales en el uso de nuevas herramientas en el ámbito periodístico y publicitario. Pero sus presupuestos son muy limitados. Por ejemplo, Google News Initiative ha destinado 189 millones de euros a proyectos de toda Latinoamérica entre 2018 y 2023.

Con todo, estas alianzas con Google o Meta serán útiles para las negociaciones que deben llevarse a cabo con las plataformas tecnológicas en el contexto de expansión de la IA, que utiliza contenido de noticias en sus grandes modelos de lenguaje. Porque, aunque la IA ofrece un panorama alentador para la información, de momento es la principal amenaza para la prensa. El informe Periodismo, medios y tecnología: tendencias y predicciones para 2024 del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford afirma que “el poder disruptivo de la inteligencia artificial se propagará este año por el espacio informativo, en tiempos de intensa volatilidad política y económica en todo el mundo. Las implicaciones para la fiabilidad de la información y para la sostenibilidad de los principales medios probablemente serán profundas en un año con elecciones cruciales en más de 40 democracias, y guerras que siguen haciendo estragos en Europa y Oriente Medio”.

El informe Reuters ha preguntado a los editores de prensa sobre esos acuerdos con empresas de IA. Es cierto que algunos “aspiran este año a acuerdos de licencia con las plataformas de IA”, pero a la vez no muestran excesivo optimismo respecto a un “reparto equitativo de los beneficios”. Alrededor de la mitad de los encuestados –un 48%– considera que “al final, habrá muy poco dinero para los editores”.

De momento, el sector sigue sufriendo en casi todo el mundo. Últimamente hemos conocido que la revista Sports Illustrated, un icono del periodismo deportivo en Estados Unidos, ha despedido a unos cien periodistas, la mayor parte de su plantilla, por sus problemas financieros, tras años de declive en las ventas. Y también Los Angeles Times, el diario más importante del Oeste estadounidense, despedirá a 100 periodistas, el 20% del total, por las dificultades financieras que atraviesa la empresa y porque “2024 será otro año con fuertes pérdidas”, según informó la empresa a los trabajadores. Es el mayor recorte de empleo que ha acometido el diario californiano en su historia. En España, parece que las grandes reducciones de personal se han terminado, pero la mayoría de las empresas informativas viven una economía de subsistencia, en la que siguen primando los recortes de costes frente a las inversiones para desarrollo de negocio.

Buscando nuevas fuentes de ingresos

En el pago por los derechos de autor, sea por las plataformas o por la IA, tienen los editores depositada su esperanza para conseguir los ingresos que el mercado les ha ido quitando. Por eso el resultado de la demanda de The New York Times contra OpenAI tiene tanta importancia. Si la Justicia estadounidense falla en favor del periódico se habrá abierto una vía que se extenderá por todo el mundo y obligará a tecnológicas a negociar de verdad con los medios para utilizar sus contenidos.

Pero mientras eso llega, hay que seguir “comiendo” día a día y las empresas informativas deben seguir buscando nuevas fuentes de ingresos. El Consejo de Europa acaba de publicar el informe Buenas prácticas para una financiación sostenible de los medios periodísticos, elaborado por 13 expertos internacionales del sector –académicos que no trabajan directamente en empresas de medios– que consideran imprescindible que las empresas periodísticas busquen nuevas fuentes de financiación porque con las suscripciones y la publicidad no garantizarán su sostenibilidad: “Una de las conclusiones más relevantes de este estudio es que, en la actualidad, el denominador común para la viabilidad de los medios de comunicación es la diversificación. Las formas hegemónicas de modelo de negocio siguen siendo la venta y la publicidad, pero han de respaldarse con otras, que, además, son cambiantes y no sirven para siempre», afirmó Ramón Salaverría, catedrático de Periodismo de la Universidad de Navarra y presidente del Comité de Expertos, durante la presentación del informe en la Asociación de la Prensa de Madrid el pasado mes de diciembre.

El informe del Comité de Expertos es categórico: las suscripciones –más la venta de ejemplares en las ediciones impresas– y la publicidad seguirán siendo las principales fuentes de ingresos para los medios, pero en absoluto asegurarán su estabilidad financiera y su rentabilidad. Y, al hilo de experiencias en algunos de los 46 países que forman parte del Consejo de Europa, proponen hasta trece métodos para conseguir o aumentar los ingresos.

Entre los distintos de las suscripciones y la publicidad, están las ayudas desde el sector privado, como donaciones, patrocinios o crowdfunding. El informe también habla de ingresos que llegarían desde el sector público, que van desde subvenciones directas de los presupuestos estatales hasta ayudas indirectas como los “bonos lectura de prensa” o desgravaciones fiscales de los gastos de suscripciones a medios, por ejemplo. Por último, el informe recoge los posibles ingresos por derechos de autor, que pagarían las plataformas tecnológicas que nutren sus servicios de los contenidos generados por los medios de comunicación.

Riesgo para la independencia


El grave problema, y así lo ponen de manifiesto los autores, es que muchas de estas fuentes de ingresos pueden atentar contra la independencia informativa. Los medios, dice el informe, necesitan “establecer políticas de autorregulación para garantizar la transparencia de las donaciones, incluida la divulgación de los importes de esas donaciones y los nombres de los donantes”. Y lo mismo respecto al dinero que llegue desde el sector público. Es necesario “mantener un alto nivel ético al recibir fondos de fuentes públicas y privadas. Esto incluye prácticas como reconocer los posibles conflictos de intereses, mantener el contenido publicitario separado del editorial mediante un etiquetado claro y revelar de forma transparente sus fuentes de financiación”. Será necesario, pues, establecer estrictos códigos de autorregulación del sector para proteger la independencia de las empresas informativas.

El periodista Víctor de la Serna comentaba hace unos días, en su columna de El Mundo, un libro recién editado por la Columbia University Press titulado Avoiding the News (“Esquivando las noticias”), escrito por los profesores Benjamin Toff, Ruth Palmer y Rasmus Kleis Nielsen, que indaga por qué tanta gente en todo el mundo evita leer, escuchar o ver noticias hoy en día. Concluía así De la Serna su comentario: “Dentro de la serie de recomendaciones que incluyen, los autores terminan con ésta: los medios informativos profesionales deben esforzarse por demostrar con hechos su independencia y fiabilidad para evitar esa falsa pero tan extendida categorización de que todos los medios están al servicio de los poderosos. Los públicos y los privados”.

(Artículo completo publicado en Aceprensa el 29 de enero de 2024)

viernes, 30 de junio de 2023

Que la lucha de la prensa por su supervivencia no acabe con la propia prensa

Malos tiempos para la prensa, aunque esto ya no sea noticia. La Comisión Europea acaba de publicar el European Media Industry Outlook, un extenso informe en el que analiza la situación de sectores clave de los sectores de la comunicación y del entretenimiento, entre ellos el de los medios de información, que analiza el estado actual y las tendencias de un sector clave para la democracia. Merece la pena leerlo.

El sector de los medios generaba en 2021 en la Unión Europea un negocio de 88.000 millones de euros, de los que unos 20.000 millones provienen de los medios escritos y digitales y los 68.000 restantes llegan de la radio y la televisión. Pero las trayectorias son “radicalmente diferentes”. Así, los ingresos de la prensa escrita han caído de 22.000 a 16.000 millones -un 27%- entre 2016 y 2021, mientras que los ingresos de los medios digitales han experimentado un incremento del 60%, hasta 3.700 millones en el mismo periodo. En radio y televisión, el negocio informativo ha crecido un 5,5% en esos cinco años hasta esos 68.000 millones de euros. El informe prevé que continúe el decrecimiento de la prensa escrita en los próximos años, de forma que en 2025 sus ingresos totales -provenientes de los lectores y de la publicidad- se reduzcan a unos 13.000 millones, la misma cantidad que ingresaba en sólo en publicidad en 2016.

Consumo digital
Esta evolución se debe a los cambios en el consumo de la información que se ha dado en Europa, en sintonía con el resto del mundo. “Los medios informativos operan hoy bajo la lógica de la economía de la atención en la que las diferentes formas de contenido -noticias, publicidad y entretenimiento- compiten por llamar la atención del ciudadano, ya sea en formato digital o tradicional”, se lee en el informe. Y esa tendencia se ha agudizado en los últimos años “por la penetración de Internet y la amplia aceptación de la tecnología -nuevos dispositivos- que permiten consumir contenido online en cualquier momento y en cualquier lugar”.

El informe proporciona tres explicaciones de este cambio de los ciudadanos. El primero es que “la infraestructura de contenidos digitales está facilitando su crecimiento”: el 77% ya accede alguna vez a las noticias a través de su teléfono móvil. El segundo es que la “oferta online evoluciona y ofrece nuevas posibilidades a los ciudadanos: por ejemplo, un creciente número de consumidores de la UE prefieren compartir y discutir artículos con amigos y colegas a través de aplicaciones de mensajería instantánea”. Y tercero, “las audiencias más jóvenes prefieren acceder a las noticias sólo parcialmente elaboradas por profesionales”. 

Pago por contenidos y publicidad
Los europeos son conscientes de la importancia de la información para el desarrollo de la sociedad democrática, pero no parecen dispuestos a pagar por ella y eso añade más presión a la pervivencia de los medios de comunicación tradicionales, en especial, a la prensa escrita. “Esta brecha entre el valor asociado del contenido informativo y su monetización representa un desafío clave para la sostenibilidad económica de los medios de comunicación”. Así, por ejemplo, el 68% de los europeos considera que todo el consumo de noticias debería ser gratis y el 83% opina que “siempre debería haber algún tipo de información” que fuera gratuita. A la hora de pagar, los entrevistados consideran que la suscripción es la mejor forma de hacerlo, pero sólo el 13% se muestra partidario de hacer alguna.

Si se estanca el crecimiento de las suscripciones, la publicidad “sigue siendo clave en el mix de financiación” de los medios, señala el informe de la Comisión, pero “ya no beneficia a los medios informativos como solía hacerlo”. El mercado publicitario de la UE sigue creciendo a buena velocidad. En 2021 suponía unos ingresos para el sector -online y offline- de 69.200 millones de euros, frente a los 64.100 millones de 2016. Pero la mayor parte del pastel se lo está llevando el mundo informativo digital. Y ahí, los medios tradicionales -prensa, radio y televisión- cuentan con un tremendo enemigo con el que tienen que repartir la tarta: las plataformas digitales: Facebook y Google, fundamentalmente. Así, en 2021, Internet captó el 43% del gasto publicitario, cuando en 2000 apenas representaba el 1%. Según el informe, a pesar del aumento total de 5.000 millones entre 2016 y 2021, los ingresos por publicidad en los medios tradicionales cayeron un 23%, con un desplome de 33% en los medios impresos “principalmente debido al cambio de hábitos de consumo y a la disminución de la circulación”.

Como hemos visto, las grandes plataformas de internet y las redes sociales se han convertido en un importante motor de consumo de noticias, que en este caso favorece a las ediciones digitales de los medios tradicionales -”proveedores de noticias”, se denominan en el informe- al proporcionarles nuevo tráfico de usuarios, pero a la vez se corre el riesgo de que los medios se “vuelvan dependientes de las plataformas, de sus modelos de distribución, como el uso de algoritmos en la preparación de sus contenidos y de sus modelos de monetización”. Todo ello puede suponer un menoscabo de la labor informativa de los medios mientras se busca volver a la rentabilidad.

Contraataque
“La digitalización ha impactado en todos los procesos de la cadena de valor de los medios. Las herramientas digitales han permitido la producción más rápida de noticias, ha desdibujado los límites entre los tipos de contenidos y los proveedores de los mismos y ha conducido a una multiplicación de canales de distribución a través de distintos dispositivos. Como resultado, los consumidores pueden acceder e interactuar con una amplísima gama de contenido en línea”. Esta frase del informe es un buen resumen de la situación de los medios, en especial los escritos.

A partir de ahí los expertos comentan las dos grandes líneas que han emprendido los grandes medios tradicionales -los denominados ‘legacy’ media’-. Una de ellas es la adopción de nuevos formatos para los contenidos informativos para atraer nuevos lectores. En los últimos años han proliferado los ‘podcasts’, el audio digital, las ‘newsletters’ y el vídeo, que se distribuyen además a través de las cuentas propias de las redes sociales. Por ejemplo, casi el 90% de los principales editores de Francia y España, el 50% de los alemanes y el 30% de los italianos son cada vez más activos en la distribución de vídeos a través de la plataforma TikTok para dirigirse a los más jóvenes, “aunque todavía necesitan descubrir cómo monetizar esos contenidos y canalizar el tráfico a su propia web”.

Los medios también tratan de adoptar las estrategias de las grandes plataformas -si no puedes luchar contra ellos, trata de ponerlos a tu lado-. Muchos grupos editores están adaptando sus estrategias comerciales “al rol de las plataformas digitales globales”. En los últimos años, y con el impulso de la nueva legislación europea de derechos de autor, los editores han cerrado acuerdos de licencia de uso contenidos con plataformas con una contraprestación. Google, por ejemplo, informó el año pasado que ha llegado a acuerdos de este tipo con 300 empresas editoras de la Unión Europea, la mayoría grandes grupos de prensa.

Además de las estrategias para captar más publicidad, los editores pretenden incrementar ingresos de los lectores y para ello emprenden estrategias de “conversión de los usuarios”. Los métodos para monetizar a los lectores incluyen “los ‘muros de pago’, los modelos ‘freemium’, la membresía, el ‘crowdfunding’, los micropagos y los paquetes de ofertas de contenido no informativo”. Las suscripciones son la prioridad número uno en 2023 para el 80% de los editores para incrementar sus ingresos, por delante de la publicidad (75%), de la publicidad nativa (58%), de los eventos (38%) y de la financiación a través de las plataformas (33%).

Pero el negocio digital todavía no se suficiente. En 2022, los ingresos por suscripciones de los medios digitales -incluyendo las ediciones web de la prensa tradicional fueron de 1.800 millones de euros -por 1.000 millones en 2016-, mientras que los ingresos por circulación de los medios impresos ascendieron a 9.800 millones de euros, eso sí una cifra mucho más baja que los 13.300 millones de 2016.

Y, por último, si no puedes aumentar ingresos, trata de reducir gastos. Es un proceso que venía de lejos, pero aceleró durante la pandemia. En 2020 y 2021 las organizaciones presionaron para rediseñar oficinas, mejorar la tecnología y renegociar contratos laborales para rebajar costes y adaptar las redacciones al teletrabajo. Las plantillas se redujeron, aumentó el trabajo autónomo frente al contratado, y se cambiaron puestos de redactores por personal con más habilidades digitales con el fin de aprovechar las oportunidades de la tecnología.

De forma políticamente correcta, el informe señala que “si estas prácticas perduran, como parece, pueden exigir el desarrollo de nuevos criterios editoriales y modelos de gobernanza de los medios” para evitar impactos negativos en la supervisión de los contenidos y una precarización de las condiciones de trabajo de los periodistas. En román paladino: la digitalización de los medios está poniendo en peligro la razón de ser del periodismo, que es la de defensa de la democracia ofreciendo a la sociedad una información veraz y contrastada de lo que está ocurriendo.

El panorama de los medios -y sobre todo de la prensa- no es demasiado optimista. Los que estudios como el la Comisión Europea o el Digital News Report concluyen es que todavía no se ha encontrado el modelo que vuelva a la rentabilidad a los editores. Y es algo que urge por salud democrática, no vaya a ser que esa lucha por la supervivencia de la prensa corra el riesgo de terminar con la propia prensa tal y como ahora la conocemos.

Lea el artíulo completo en Aceprensa

domingo, 22 de diciembre de 2019

Tics autoritarios en el Gobierno con el periodismo

Es cierto que la prensa -y el periodismo- no pasa por su mejor momento. Es cierto que hay una crisis de lectores y de publicidad que desestabilizan las cuentas de las empresas periodísticas y provocan una cierta precariedad en el ejercicio de la profesión. Es cierto que internet y sus nuevos canales de comunicación perjudican al oficio periodístico al colocar casi al mismo nivel a piratas pagados que a profesionales que intentan ejercer su profesión con ese sentido ético que da saber que estás sirviendo a la sociedad como depositario del ejercicio de un derecho fundamental -no se rían, los hay-.
Pero esos no son motivos suficiente para que desde el poder se nos fustigue, como si no tuviéramos derecho a nada. Ya lo hacen con fruición los ciudadanos desde las redes sociales cada vez que nos equivocamos, o creen que nos hemos equivocado, aunque no nos hayamos equivocado.
Porque fustigarnos es lo que hizo el secretario de Estado de Comunicación, el periodista Miguel Ángel Oliver, en su intervención en la jornada sobre ética y periodismo organizada por KPMG la semana pasada. Fue una bronquilla más que un discurso. Nos llamó -bueno, en principio solo a los colegas que siguen al presidente- “tertulianos” y me quedó la duda si el desprecio para éstos o para los periodistas. Pero, sobre todo, se quejó de que los periodistas quisieran hacer más de dos preguntas por intervención al presidente del Gobierno, algo que Oliver tomó con una provocación: “¿Alguien puede imaginar esas intervenciones sin un límite, como una sucesión interminable de cuestiones?”. Entre dos y una “sucesión interminable” de preguntas hay un justo medio que es lo que pedían los compañeros.
Lo grave es que el tema de las preguntas no es más que el síntoma de una forma de ver el periodismo muy peligrosa: la de creer que está al servicio del poder. Por eso me chocó más que Oliver se asombrara, como dijo, de que los periodistas nos estuviéramos “convirtiendo en fiscales que reconvenimos a los políticos”. (Reconvenir (DRAE: reprender a alguien por lo que ha hecho o dicho) ¡Si eso es precisamente lo que debemos hacer!, sobre todo si esos políticos son los que mandan. Como supongo que Oliver haría cuando ejercía el oficio. Como esa decisión de prohibir que los informadores gráficos hicieran fotografías de la reunión entre el PSOE y Bildu para que a los ciudadanos sólo llegaran las que quisiera el partido -caras de funeral de Simancas y Lastra incluidas-. Son tics autoritarios, no lo llamen de otra forma. 

miércoles, 27 de abril de 2016

Hacer periodismo

Jiang Yilei, 29 años, natural de Shanghai y graduada en la Academia Central de Teatro de Pekín, tiene un blog muy popular en China que distribuye a través de varias redes sociales. Lo firma con el seudónimo Papi Jiang y en él comenta viejas y nuevas costumbres sociales del país. Papi Jiang congrega a 11 millones de fans, sobre todo jóvenes, con cada entrada. La semana pasada subastó en AliBaba el primer anuncio en su blog. Lo ganó la empresa de cosméticos Lily & Beauty, que pagó ¡¡3,4 millones de dólares!! por colocar un vídeo en el blog. Desmesurado si vemos que 30 segundos en la Super Bowl cuestan cinco millones. Nuevos y peligrosos tiempos. ¿Puede la prensa competir ante esto? Sí, si no nos volvemos locos. Papi Jiang ha encontrado su nicho y gana mucho dinero. Como tantos. Perfecto. Pero no hace periodismo. Los medios saldremos de ésta si aprovechamos todos y cada uno de los soportes que proporciona la tecnología para hacer periodismo. Transmutarnos sólo en blogs sería un error.

sábado, 16 de enero de 2016

El papel de la prensa

Han coincidido esta semana los inicios de las vistas orales de dos casos judiciales paradigmáticos en los últimos años, el 'caso Nóos' por el que se juzga a la Infanta Cristina y a su marido Iñaki Urdangarin, entre otros acusados, por diversos delitos, y el 'caso Madrid Arena', que determinará la responsabilidad de Miguel Ángel Flores y otros en la muerte de cinco jóvenes durante una avalancha humana en la fiesta de Halloween de 2012. También esta semana hemos conocido que la Audiencia Nacional ha enviado a juicio a 27 personas implicadas en el 'caso Gürtel', entre ellas a los cabecillas de la trama y a tres ex 'consellers' de Francisco Camps. Y en estos días está en ebullición la cuestión catalana, en la que siempre aletea de fondo la corrupción de la familia Pujol.

En todos estos casos, la prensa -EL MUNDO en particular- ha jugado un papel determinante ante la opinión pública, hasta el punto de que sin las investigaciones periodísticas -de este diario o de otros colegas- probablemente algunos de estos procesos no hubieran llevado el rumbo que han tenido. Como 'Nóos' o 'los Pujol', tenemos a Bárcenas, 'Gürtel', 'Púnica', los 'ERE' de Andalucía, el fraude de los cursos de formación... todos grandes episodios de corrupción en nuestro país que han sido destapados por la prensa o que gracias a la labor de los medios ha llegado hasta los ciudadanos el transcurrir de las investigaciones judiciales con pelos y señales. Su difusión a la opinión pública ha ayudado -ayuda, como estamos viendo estos días con el diputado 'popular' Pedro Gómez de la Serna y el ex embajador Gustavo de Arístegui, investigados ya por la Justicia tras una información de ELMUNDO- a que el trabajo de los fiscales y de los jueces ni pasen desapercibidos ni caigan en el olvido. Y, no hay que olvidarlo, han sido éste y otros diarios impresos los que han llevado la voz cantante en la denuncia de la corrupción de los políticos. La democracia española, la limpieza del sistema, debe mucho a los medios de comunicación por las denuncias de estos años.

Unos años en los que la prensa ha vivido -vive todavía- la mayor crisis de su historia. El Anuario de la Profesión Periodística que edita cada año la Asociación de la Prensa de Madrid recoge cifras apabullantes, como que entre 2008 y 2014 han desaparecido 12.000 puestos de trabajo de periodistas en España, la tercera parte del total. Concretamente, los diarios, han visto reducida su facturación de 2.200 millones de euros en 2008 a 1.500 millones en 2014, fruto, además de la caída de la publicidad, de que en los últimos 10 años, la mitad de los españoles entre 14 y 34 años y la cuarta parte de los que tienen entre 33 y 44 años han dejado de leer diarios. Sobre todo porque han encontrado otros medios para informarse, todos ellos gratuitos, como la radio, la televisión y la inmensa mayoría de las webs informativas.

A pesar de todo ello, repito, la prensa ha continuado ejerciendo su labor de control del poder y sobrevivirá mientras continúe haciéndola. Claro que está en cuestión el modelo de negocio porque las empresas periodísticas tienen que buscar nuevas formas de conseguir ingresos, pero se encuentre la solución que se encuentre para ello, nunca podrá abandonar esa función de contrapoder, que es su razón de ser. Ahora que muchos consideran que empieza la legislatura de la regeneración, los políticos tienen que seguir sintiendo en su cogote el aliento de los medios. Es lo mejor que puede ofrecer para que los ciudadanos continúen confiando en el periodismo, sea en papel o en la página web.


(Publicado en El Mundo el 14 de enero de 2016)

sábado, 28 de noviembre de 2015

"Ahora entendemos mejor a la prensa"

Para la mayor parte de los ciudadanos Google es sinónimo de vida más fácil. El buscador, los mapas, las aplicaciones, el sistema operativo Android que está en la inmensa mayoría de dispositivos móviles, Youtube..., entre otras, son herramientas de uso cotidiano a las que nos hemos acostumbrado. Pero Google, como otras grandes empresas estadounidenses de la economía digital, está también en el punto de mira de algunos gobiernos en Europa, de la Comisión y de compañías del continente. Los problemas de algunos países la confidencialidad de los datos, las quejas por el pago de impuestos o las denuncias por abuso de posición dominante en su negocio son contenciosos que saltan con frecuencia a la actualidad. Las leyes se aplicarán y los tribunales decidirán en su momento quién tiene razón. Pero Google se ha dado cuenta que,en Europa y en España, necesita explicar mejor su modelo de negocio y su visión sobre el futuro de la sociedad. «Desde hace un año somos conscientes de que es necesario hablar más con los legisladores y los reguladores», explica Javier Rodríguez Zapatero, director general de la compañía para España, Portugal y Turquía.

Pregunta.-¿Tiene la sensación de que hay animadversión desde Europa a los grandes gigantes norteamericanos de la economía digital? ¿No han entrado Google y otras empresas en el continente pisando demasiados callos?
Respuesta.- La sensación que tengo es que en estos 10 últimos años se está avanzando mucho en la economía digital, se está favoreciendo que surjan nuevos comportamientos, nuevos modelos de negocio, nuevos modelos sociales que en Europa todavía no marchan a la velocidad que deberían. Por eso, más que pensar en cómo poner puertas al campo, hay que pensar en Europa. Somos una región con potencial, con impacto en 500 millones de habitantes, y la pregunta es qué tenemos que hacer para coger el tren digital y estar preparados para el día de mañana. En definitiva, plantearse seriamente lo que se ha denominado la Agenda Digital Única. Esto no es un pulso entre EEUU y Europa. Esto no afecta solo a Microsoft o a Google, sino que todos juntos debemos buscar que este tránsito fluya más deprisa. Se trata de que esta sociedad esté preparada para entrar en un mundo de crecimiento y de futuro.

P.- Está claro que en la economía digital Europa marcha por detrás de Estados Unidos, ¿cómo se puede reducir esa distancia? 
R.-Se consigue con educación. Lo primero es fomentar las capacidades digitales. Hay que dar más importancia a la formación para que nuestra sociedad desarrolle habilidades digitales en el mundo de la programación, del marketing digital,del big data... Hay muchas áreas en las que hay un déficit en Europa. Cuando decimos que se van a necesitar 900.000 puestos de trabajo de en Europa de aquí al año 2020 en temas relacionados con las capacidades digitales hay que preguntarse qué hacemos para formar antes a la gente. Google se ha comprometido a formar a más de un millón de personas en Europa en los próximos tres años porque pensamos que Europa tiene mucho potencial y hay que ayudar a que ese ecosistema. Todo eso debería formar parte de la Agenda Digital Única, pero también tenemos que hablar de armonización. No nos desarrollaremos si, por ejemplo, tenemos más de 50 leyes de propiedad intelectual distintas y no en cada estado, sino dentro de los estados. Deberíamos tener las mismas leyes en propiedad intelectual, en comercio electrónico, en impuestos. Es imprescindible también una legislacion única para favorecer el emprendimiento y el trasvase de conocimiento a nivel europeo de forma que el capital pueda, por ejemplo, invertir en España sabiendo que va a tener repercusión en toda Europa. Al final, se trata de crear un entorno en el que cualquier iniciativa pueda tener impacto en un entorno de más de 300 millones de personas inmediatamente.

P.-¿Cómo están los contenciosos de Google con Bruselas, como la denuncia por abuso de posición dominante en las compras on line?
R.-No les llamaría contenciosos, sino situaciones que necesitan de más explicaciones por ambas partes. Es verdad que Google se ha dado cuenta desde hace un año que debe que estar más presente en Europa y nosotros tratamos de explicar nuestro punto de vista. Por ejemplo, si hablamos de competencia o de posición dominante hay que saber que en el mundo digital, afortunadamente, hay cada vez más competencia, más inversión y cada vez más capacidad para desarrollar nuevos servicios. En nuestro caso, hace quince años el buscador era muy importante; hoy sólo es una parte de otras muchas cosas. Pero esto hay que explicarlo y estamos dedicando tiempo y esfuerzo a hablar con las autoridades europea sobre el funcionamiento de la economía digital. Internet ha traído la democratización de la información y mucha más libertad para los ciudadanos. Poner cortapisas a un entorno que desarrolla la libertad de información, proporcionando ventajas económicas y reduciendo las barreras de entrada no es el camino. El camino es encontrar la vía para desarrollarlo mejor.

P.-¿Estas explicaciones afectan también al tema de los impuestos?
R.-Es la misma situación. El debate en este tema se centra en el valor que generan las compañías allí donde están. En Google, acabamos de sacar un estudio en España que da algunas cifras del valor que aportamos. Por ejemplo, desde las empresas que utilizan la plataforma publicitaria Adwords generan unaactividad económica anual de 7.000 millones de euros de forma directa. ¿Qué impuestos pagan estas compañías? Los que legalmente tienen que pagar según la normativa internacional que está acordada entre todos los Estados. Google paga los impuestos, los que la legislación de cada país le obliga a pagar. Pero la decisión de cómo debe ser esa legislación fiscal no es nuestra, sino de los políticos y ellos tienen que hacer un esfuerzo por arnonizarla. Hoy por hoy, la legislación fiscal internacional está basada en los beneficios. Sin embargo, hay un componente importante de costes de todas las multinacionales relacionados con dónde se genera la mayor parte de la propiedad intelectual. En nuestro caso es en Estados Unidos donde se está generando el gran motor se innovación y es por tanto allí donde la legislación establece que hay que pagar gran parte de los impuestos. Llevamos mucho tiempo dando nuestra opinión a la OCDE o al G-20 para que se busquen vías aceptables para todos.

P.-¿Cómo puede afectar al negocio de Google la decisión de eliminar a EEUU como puerto seguro para la transferencias de datos personales de ciudadanos europeos?
R.-Es pronto para saberlo. Nuestra intención es ayudar a que EEUU y Europa entiendan qué significa esta prohibición, que es novedosa. Hasta ahora se permitía a empresas europeas y americanas trasladar los datos de un sitio a otro al considerar que recíprocamente eran un puerto seguro, pero eso parece que se acaba. Afectará más o menos al negocio en función de la solución que se determine, pero todavía es pronto para evaluarlo. 

P.-¿En unos días se cumple un año del cierre de Google News en España ¿Se abrirá de nuevo este servicio?
R.-En este momento no hemos tomado ninguna decisión al respecto. Si las circunstancias siguen así lo mantendremos como está, pero confiamos en que las cosas puedan cambiar.

P.-Pero el Gobierno no aprobó el reglamento que desarrolla la Ley de Propiedad Intelectual y se ve una cierta marcha atrás por parte de algunos editores respecto a lo que se ha denominado tasa Google o canon AEDE...
R.-El cierre de Google News fue un momento muy poco agradable para mí. Desde Google pensamos que la prensa juega un papel fundamental en el desarrollo de una sociedad, pero, a la vez, debe ser consciente de tiene que saber adaptarse al futuro digital que se le presenta. La verdad es que desde Google nos hemos dado cuenta de que no siempre hemos sido todo lo eficientes que podíamos para conocer a la prensa y hemos dado un giro desde hace un año en tratar de entender mucho mejor sus necesidades. A partir de ahí, tratamos de ayudar para que los medios tengan también un papel clave en la economía digital. Hemos creado Digital News Iniciative, que permitirá trabajar al unísono en el desarrollo de productos para la prensa. También hemos lanzado en Europa un fondo para innovación de 150 millones de euros, destinado a iniciativas concretas que presenten los medios. Al final, se trata de que Google ayude a la prensa a encontrar su sitio en la economía digital..-

P-¿Eso no es comprar a la prensa?
R.-¡Todo lo contrario! Es escuchar a la prensa. Es aportar medios para todos aquellos que quieran evolucionar, reeducarse en competencias digitales y que las redacciones entiendan cómo transmitir y distribuir sus noticias en este entorno. Google no va a aportar la solución al futuro de la prensa. Tiene que ser la propia prensa quien lo encuentre, pero sí podemos ayudar a que se acelere esa búsqueda.

P.-¿Por qué se decidió abrir el tercer campus de emprendimiento de Europa en Madrid? ¿Qué aporta España en materia de emprendimiento?
R.-España aporta mucho y deberíamos decirlo más. Dedicamos mucho tiempo y energía a decir lo que no funciona. El emprendimiento en España funciona y la crisis ha traído derivaciones positivas, como que mucha gente que, por ejemplo, antes pensaba en ser funcionario ahora quiera emprender. Las universidades están sacando mucho talento en ingeniería... Google toma una decisión estratégica de apostar en España como país en el que se puede hacer emprendimiento. Estoy muy sorprendido del inicio de Campus Google. Lleva cuatro meses en marcha se han suscrito ya 10.000 socios. Estamos ayudando a crear un ecosistema en el que los emprendedores se hablan entre ellos. Damos cada día entre dos y tres programas de formación y de compartición de conocimiento que hace que este ecosistema, como me gusta llamarlo, se retroalimente.

P.-¿Esto significa que España no está tan retrasada en digitalización?
R.-Estamos viviendo un punto de inflexión en cuanto al emprendimiento. Empieza a aparecer capital y el año pasado se contabilizaron más de 500 millones en fondos para inversión en nuevas tecnologías. Es el dato más alto de la historia. Todavía estamos por debajo de Inglaterra o Alemania o Francia, pero por encima del resto. La clave es mejorar en nuestro modelo educativo. En un mundo como el digital que se mueve tan deprisa no nos da tiempo a reaccionar para que cambien los sistemas académicos reglados. Todos tenemos que ser mucho más rápidos para transmitir esas capacidades digitales que demanda la nueva economía. En España hemos invertido cinco millones de euros en el programa Actívate, enfocado a jóvenes desempleados, y en un año y medio son más de 300.000 los programas en los que se han registrado los jóvenes españoles. En este momento hay más de 90.000 personas haciendo cursos de marketing digital, programación,big data..., algo de lo que hay un déficit espectacular tanto en el mundo de la empresa como en el del emprendimiento. Hay que conseguir que las universidades se suban a este carro y que se implique más la iniciativa privada y que el legislador entienda su urgencia.

P.-¿El principal problema del emprendimiento es la financiación?
R.-Financiación potencial hay, pero es cierto que los capitales internacionales se fijan más en países como Estados Unidos o Brasil por economías de escala. En el momento en el que seamos capaces de dotar a Europa de una agenda digital única el capital va a venir más fácilmente. También hay que buscar el desarrollo de ecosistemas que junten a emprendedores y al inversor. Y, a la vez, que las universidades sean capaces preparar mejor a los estudiantes para emprender. Pero la clave es, repito, lograr una agenda digital única europea.

P.-¿Qué es Google en España?
R.- Queremos tener un papel importante como motor de crecimiento económico. Al final vemos que somos capaces de canalizar inversión y empleo a través de nuestras plataformas. El informe de Deloitte que acabamos de presentar trata de cuantificar esa aportación. Por ejemplo, cada empresa que invierte un euro en Adwords genera entre 3,4 y 8 euros de facturación. Esto supone unos 7.000 millones de euros de actividad económica directa y unos 130.000 empleos. El informe destaca otros aspectos que van más allá de nuestro negocio puro. Hay más de 350.000 usuarios de Google Apps (correo, calendario...), herramientas que incrementan la eficiencia en las empresas y producen un aumento de la productividad d unos 100 millones de euros. Además, esta la labor de ayuda a los generadores de contenido, como Youtube, una ayuda que genera unos 330 millones de euros para los creadores. Estamos para ayudar a la sociedad española a que se desarrollle más rápidamente, a que sea más competitiva y mejor preparada para el futuro.


(Publicado en el sumplemento Mercados de El Mundo el 22 de noviembre de 2015. Foto de Ángel Navarrete)

jueves, 27 de agosto de 2015

Informarse por @Twitter


He hecho un experimento. Durante casi una semana no he leído periódicos, ni he visto telediarios ni he oído noticias en la radio; ni siquiera he entrado en las ediciones digitales de los diarios por su página de inicio. Sólo me he informado por @Twitter, y a través de los enlaces de Twitter, a las noticias a las que éstos remitían. Repito que es un experimento. No hagan ustedes lo mismo que muchos tenemos hijos que criar. A lo que iba. Creo que no he tenido ninguna gran laguna en mis necesidades de información porque con los contactos adecuados en las redes se puede estar perfectamente al día... o al minuto.

Durante los días clave de la crisis griega, a principios de julio, muchos seguíamos los acontecimientos con los comentarios en Twitter de los corresponsales. En mi caso, los de Pablo R. Suanzes y Miquel Roig, corresponsales de EL MUNDO y de 'Expansión' en Bruselas, que han dado lecciones de lo que es el periodismo en la era digital. La noche del 12 de julio, la de la reunión que terminó mientras amanecía, y viendo la apabullante información que llegaba, envié esto a través de Twitter: "Crisis de modelo. Los tuits gratuitos de @miquelroig, @Suanzes,... 'antes' se empaquetaban y se cobraban al día siguiente como crónicas". El tuit generó un cierto debate en esa red entre algunos interesados en esto del periodismo: ¿debemos dejar de informar los periodistas y los medios a través de Twitter, Facebook, Instagram y demás? ¿Hay que guardarse lo mejor para la web? ¿Y dónde queda ya la edición impresa? Las preguntas son fáciles, pero las respuestas muy complicadas, máxime cuando de ellas depende la supervivencia de muchas empresas tal y como hoy las conocemos.

Lo malo es que los ciudadanos están muy lejos de plantearse estas cuestiones. Sólo quieren que les llegue la información allí donde ellos están. Y ahora están en los móviles y en las redes sociales. Los 25 mayores periódicos anglosajones ya reciben más tráfico en sus webs desde dispositivos móviles que desde ordenadores. Y ya no hace falta ir a la página web de un medio para conocer la actualidad, sino que se puede llegar directamente a la noticia desde una red o un buscador. Por eso Facebook ha creado Instant Articles y Apple, Apple News, productos en los que algunos de los principales periódicos incluyen directamente sus informaciones. Y por eso Twitter prepara algo con un planteamiento similar, un 'trending news'. Son caminos que tenemos para salir al encuentro del lector y algunas respuestas a esas preguntas fáciles de hacer.

@vicentelozano

(Publicado en El Mundo el 17 de agosto de 2015)

sábado, 20 de junio de 2015

No hay crisis en el periodismo



España no es Estados Unidos. Ni falta que hace. Pero ahora que se han puesto de moda los espejos puede ser bueno fijarse en algunos aspectos de aquel país para intentar hacer lo mismo. Uno de ellos es el respeto institucional por los medios de comunicación. Cuando en 2009 la crisis económica profundizaba en la herida que la televisión e internet habían abierto en los grandes conglomerados de prensa escrita y amenazaba su supervivencia, desde el Senado de los Estados Unidos partió una iniciativa para estudiar qué futuro esperaba a los diarios en ese país.

El Subcomité de Comunicaciones, Tecnología e Internet convocó una sesión el 9 de mayo de ese año, presidida por el hoy secretario de Estado, John Kerry, para analizar el estado de una cuestión que preocupaba sobremanera ¡a los políticos! Porque esos políticos eran conscientes de que la democracia norteamericana no podía permitirse el lujo de perder ese contrapoder que siempre ha sido la prensa escrita. En aquella sesión participaron de forma presencial o mediante respuestas escritas a preguntas de los senadores, la fundadora de The Huffington Post, Arianna Huffington, la entonces ejecutiva de Google, Marissa Mayer, el presidente de la New America Foundation y antes director ejecutivo de The Washington Post, Steve Coll, y otros ejecutivos y periodistas de diarios nacionales y locales. De la misma salió un documento, denominado The Future of Journalism, que merece la pena leer aunque haya quedado algo desfasado.

Igual que aquí. Ni el Congreso de los Diputados ni, por supuesto, el Gobierno han movido un dedo para, al menos, enterarse de qué pasa con la prensa escrita en nuestro país y analizar sus problemas. Al contrario, los políticos han aprovechado la debilidad financiera de las empresas informativas para influir -haciendo lo que fuera necesario- en las líneas editoriales de los diarios. No es el motivo principal de estas líneas volver a relatar los hechos que hemos vivido en los últimos años y que han llevado a muchos a declarar que el periodismo vive una crisis sin igual.

Pero nada más lejos de la realidad. No es aventurado decir que en estos momentos se hace mejor periodismo que nunca -si por buen periodismo entendemos esa crítica natural al poder establecido- o, como mínimo, de una calidad similar al de siempre. ¿Alguien duda a estas alturas de lo que ha supuesto la televisión -los programas informativos- en el ascenso social de Podemos y de Ciudadanos? ¿Se han dado una vuelta por la página de Especiales de EL MUNDO.es y han visitado el que se realizó con motivo del 50 Aniversario de la muerte de John F. Kennedy o el del centenario de la I Guerra Mundial para enterarse de lo que es periodismo de calidad? ¿Han navegado por los impresionantes reportajes de investigación audiovisuales de The Guardian o del New York Times? ¿No seguimos con interés las apasionantes crónicas -de interés humano, se decía antes- de los corresponsales y enviados especiales en Siria, Irak, Afganistán o Nigeria, se difundan éstas por papel, internet, radio o televisión?

En esta etapa de penurias económicas, el periodismo ha sacado a la luz la mayor trama de espionaje de la historia organizada por el Gobierno más poderoso del mundo. En nuestro país, el periodismo  -EL MUNDO en este caso- ha desenmascarado al mayor estafador de la política desde la reinstauración de la democracia, Jordi Pujol, y ha desalojado del cargo con sus investigaciones a varios presidentes autonómicos. En definitiva, no seamos cainitas, se hace tan buen periodismo-y tan malo- como en cualquier otra etapa histórica.

El periodismo no está en crisis. Lo que está en crisis es el modelo de negocio tradicional de la prensa escrita. Únicamente. Quizá desde la propia profesión caemos en el lógico error de pensar que la pérdida de influencia de los periódicos tradicionales va a suponer el fin del periodismo, pero nada más lejos de la realidad. El querido ex director de este diario, Casimiro García-Abadillo, suele decir que los diarios impresos "siguen marcando la agenda política de este país". Tiene razón, pero a continuación hay que preguntarse si continúan señalando la agenda social, entendida como los asuntos que interesan a la sociedad y no a la clase política. ¿Qué más da ya un editorial elogioso para el Gobierno en un diario que pone en los quioscos 100.000 ejemplares al día si millones de ciudadanos se informan al margen de ese periódico -páginas webs y redes sociales, además de la televisión y la radio-, lo que nunca había ocurrido en la historia?

En su error de diagnóstico, el presidente del Gobierno achacaba estos días al "martilleo" de las televisiones con la corrupción su batacazo en las elecciones municipales y autonómicas. Como si Rajoy hubiera caído en la cuenta ahora de que se les olvidó ese pequeño detalle para domeñar a la opinión pública.

La pregunta, pues, es: ¿tienen futuro las empresas editoras de periódicos? Tal y como las conocemos ahora, casi seguro que no. Acaba de celebrarse en Washington D.C. el Congreso de Editores que organiza todos los años la Asociación Mundial Editores (Wan-IFRA) que se inició con esta pregunta: "¿Habrá periódicos impresos en 2040?" y con esta respuesta "Nadie lo sabe". Lo que está claro es que si existen, las ediciones impresas de entonces no tendrán nada que ver con las actuales.

Son excepciones las empresas tradicionales que han sacado tajada en esta etapa de transición a lo digital -Pearson, con el diario económico Financial Times es una de ellas-, pero en medio del desconcierto hay una línea en la que todo el mundo está de acuerdo: hay que seguir a la audiencia
-"las personas antes conocidas como audiencia", en genial frase del profesor de la Universidad de Nueva York Jay Rosen- allá donde vaya. Se lo decía Alan Rusbridger, ex director de The Guardian, a Carlos Fresneda: "Nuestra misión es adaptarnos a la audiencia. Lo que tenemos que hacer es ir donde están los ciudadanos y aprender con ellos, ver cómo crean, cómo comparten, distribuyen o incorporan contenidos. De alguna manera tenemos que ser como los comerciantes que salen al encuentro de lo que la gente demanda".

Es muy significativo que en las últimas semanas, editores y las grandes compañías de internet -que tienen miles de millones de clientes- como Google y Facebook, se hayan acercado para explorar un futuro en común. Google ha firmado un acuerdo con importantes empresas informativas europeas para ayudarles con recursos y tecnología en su transición digital. Y mucho más significativa es la alianza comercial de Facebook con grandes medios anglosajones, entre ellos The New York Times, para incluir directamente sus noticias -deconstruyendo su página web- en la red social, accediendo así a un quiosco digital de 1.400 millones de personas. Quizá sea un camino para empezar a recorrer.

En definitiva, se trata de ofrecer a la audiencia los mismos contenidos de calidad de siempre, las mismas exclusivas y las mismas investigaciones pero en los nuevos formatos y, a la vez, aprovechar las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías para sacar el máximo partido comercial a esa audiencia. En el congreso de Wan-IFRA se presentó un informe sobre el uso del móvil que, entre otros datos, decía que ocho de cada diez usuarios de teléfonos inteligentes miran su dispositivo antes de los diez minutos tras despertarse. ¿Tenemos algún producto informativo de calidad que ofrecerles para ese momento?

@vicentelozano

(Publicado en El Mundo el 7 de junio de 2015)

miércoles, 3 de junio de 2015

Un consejo de Rudsbridger: "Salir a por los lectores"

Alan Rusbridger ya no es el director de The Guardian, tras veinte años al frente del periódico. Con motivo del relevo, ha concedido una entrevistaCarlos Fresneda, corresponsal de El Mundo en el Reino Unido, en la que aporta unas interesantes consideraciones sobre el presente y el futuro de la prensa..
La conversación me ha producido sentimientos contradictorios. El primero es de puro egoísmo: ni siquiera un gran periodista, un magnífico director y un intelectual como él sabe por donde hay que navegar en estos momentos para averiguar por dónde transcurrirá el futuro de los periódicos. Es decir, nadie nos puede echar nada en caras que tampoco nosotros demos con la tecla. Triste consuelo, sí.

El segundo sentimiento es de preocupación: ¿tiene futuro esto si alguien de la experiencia de Rusbridger -y otros como él, no hay más que repasar el estado de la prensa en el mundo desarrollado- no sabe que será de esta industria en unos años?

Pero las respuestas de Rusbridger, aunque no proporcionan el tratamientopara curar la enfermedad, al menos, sí resumen el diagnóstico de la situacion por la que está pasando ahora la prensa escrita. Aquí las frases que considero más relevantes.

· "Si sabemos interpretar por dónde van los tiros, y si intentamosincorporarnos a las tendencias, en vez de combatirlas, entonces es un gran privilegio estar donde estamos"...

Y a continuación apunta la gran tendencia de ahora: ·

· "Si más del 40% del tráfico en internet te llega por el móvil, y la gente entra hasta más de 10 veces al día, lo último que puedes hacer es lamentarte. Nuestra misión es adaptarnos a la audiencia".

Por eso...,

· "El texto es primordial, pero también hay otras formas: se puede contar en vídeo, o 'en vivo', o usando las redes sociales...".

Y, por tanto...,

·"Lo que tenemos que hacer es ir donde está la audiencia y aprender con ellos, ver cómo crean, comparten, distribuyen o incorporan contenidos. De alguna manera tenemos que ser como los comerciantes que salen al encuentro de lo que la gente demanda"...

Escribía algo parecido el domingo 24 de mayo: (Facebook... y otras empresas informativas) al intentar explicar que se ha terminado ya la etapa de dejar los contenidos de un periódico en un quiosco y esperar a que el lector se acerque y pague por ellos.

Y una clave

· "Lo que necesitamos son empresarios que destinen el tiempo y las inversiones a descubrir lo que realmente es este nuevo medio".

Aunque también hay que reconocer que, como el propio Rusbridger señala en la entrevista, en The Guardian "tenemos la suerte de apoyarnos en el Scott Trust y no tener que rendir resultados a unos accionistas". The Guardian ha sido un chorro de perder dinero en estos años y es muy posible que si hubiera pertenecido a una sociedad anónima en lugar de a una especie de fundación,, el ya ex director no hubiera aguantado los veinte años que ha estado en el cargo. Con todo, sus consejos valen.

En definitiva, el periodismo -su concepto- no está en crisis. Al menos no vive una marejada peor que la de etapas pasadas. La crisis se concentra en un modelo concreto de negocio periodístico que se acaba: la prensa escrita. Es muy distinto. Es decir: el problema no es de los contenidos, sino la forma de distribuirlos

Twitter: vicentelozano

(Publicado en elmundo.es el 1 de junio de 2015)

domingo, 24 de mayo de 2015

Facebook... y otras empresas informativas


Tiene mucho sentido la alianza anunciada el pasado 6 de mayo entre Facebook y algunos de los principales medios de mundo -New York Times, Guardian, BBC, NBC, Bild, Der Spiegel...- para incluir sus informaciones directamente en la red social. Por cierto, conviene destacar que es el segundo acuerdo que se firma en pocas semanas entre uno de los Gafa -Google, Apple, Facebook y Amazon- y la industria tradicional de medios, tras la Digital News Initiative entre el buscador de buscadores y los principales periódicos europeos. Los que parecían enemigos acérrimos empiezan a entenderse y eso es bueno para todos.

                                                                                      Mashable
El acuerdo estima que el medio se quedará con el 100% de los ingresos publicitarios que genere la noticia si la ha gestionado él, mientras que éstos se repartirán entre Facebook (30%) y la empresa (70%) si cede el espacio para que lo gestione la red social. Pero tiene mucho más calado que un mero pacto comercial.

Los diarios que lo han firmado rompen su página web, disgregando las noticias. Es decir, el editor no sólo acepta que la home ya no sea la única puerta de entrada a su web, sino que lanza sus noticias al gran público sin exigirle que las lea en su página. La web, pues, empieza a no ser fundamental para captar la atención de los lectores y, por tanto, de los publicitarios. Y eso es clave para la evolución del negocio de las editoras. Los 25 grandes diarios norteamericanos en internet tienen ya más tráfico en sus webs a través de los dispositivos móviles -teléfonos y tabletas- que desde los ordenadores personales, según comScore. Y los estadounidenses pasan ya de media alrededor de una hora al día en las redes sociales en sus móviles -y más tiempo cuanto más jóvenes-, con Facebook a la cabeza entre todas ellas, según la consultora Coven & Co. En definitiva, los periódicos no hacen más que seguir a la audiencia. "Si no lo hacemos así seremos irrelevantes", decía Declan Moore, responsable de medios de National Geographic, una de las compañías que ha firmado con Facebook.

Es cierto que en este terreno Estados Unidos -es decir, la iniciativa de los lectores norteamericanos y la respuesta que les ofrecen las organizaciones- va por delante de Europa y de España, pero también es verdad que la globalización reduce las distancias tecnológicas. En nuestro país ya empezamos a vivir el declive del tráfico directo de las webs -y la home es ahora el soporte clave de la publicidad on line- y las empresas periodísticas deben buscar soluciones. El lanzamiento de aplicaciones para móviles será una de ellas, como lo pueden ser acuerdos similares al de Facebook.

Desde luego, los periodistas deberán habituarse a una nueva forma de trabajar que va más allá de lo que se llamó en su momento "integración de las redacciones". Pero, a la postre, el trabajo del informador será el mismo que ha sido siempre: sacar a la luz lo que el poder no quiere que se sepa y explicar a los ciudadanos lo que está ocurriendo en su entorno. Sólo cambia la forma de empaquetarlo y distribuirlo. En román paladino, lo que antes era un texto único al día con una ilustración, ahora se enriquece con actualizaciones, vídeos, audios, enlaces... Y la experiencia demuestra -no hay más que darse un paseo por las webs de los distintos medios- que la inmensa mayoría de los periodistas han sabido adaptarse con éxito al nuevo entorno.

Lo que se necesita es un nuevo modelo de negocio y para ello es fundamental que el back office de las empresas informativas acometa un cambio como el que se está produciendo en las redacciones. Hay que encontrar una nueva forma de vender la publicidad, de gestionar la información que se tiene de los lectores, de desarrollar la actividad comercial,... porque los contenidos ya no se venden sólo colocándolos en un quiosco para que el lector acuda a comprarlos.

(Publicado en El Mundo el 24 de mayo de 2015)
Twitter: @vicentelozano

miércoles, 1 de abril de 2015

El valor de la información


Leí esto en Twitter. Siento no poder decir quién es el autor porque la observación es interesante: "Uber es la mayor compañía de taxis y no tiene ningún taxi. Facebook es la mayor empresa de contenidos y no produce ningún contenido. Alibaba es el mayor vendedor del mundo y no fabrica un solo producto y Airbnb tiene el mayor número de apartamentos del mundo y ninguno de ellos en propiedad".

Lo retuiteé con el comentario: "¿Y cómo hacen negocio, entonces?". Mi amigo Wojciech Golecki respondió enseguida: "El negocio está en la información". Información en dos sentidos. Primero, para poner en contacto a los proveedores de productos y servicios con los consumidores. Después, lo radicalmente distinto de lo que todo lo que había hasta ahora: información para decir a esos proveedores qué es lo que exactamente quiere o necesita cada una de las personas que están en una aplicación, una red social o una web de comercio electrónico.

El futuro pasa por parecerse a estas nuevas formas de negocio. Desde luego, El Corte Inglés o Zara habrían tardado más en entrar en el comercio electrónico sin la presión de Amazon. Ni existirían aplicaciones como MyTaxi si no hubiera aparecido Uber.

La banca ya lo entiende así. Ana Botín y Francisco González han declarado que sus grandes rivales a medio plazo son Google o Facebook. Porque es distinto hacer un envío masivo de cartas al lanzar un crédito para la compra de un automóvil que dirigir información personalizada a cada cliente, del que sabes: cuándo compró el último coche, qué modelo adquirió, cómo lo usa, quién lo conduce, dónde vive, su estado civil, cuántos hijos tiene... además de conocer su capacidad adquisitiva. Facebook, por ejemplo, puede disponer de esa información.

¿Y la prensa? Posiblemente, su modelo de negocio deberá tender a parecerse al de Google o al de Facebook. Ellos no viven de dar información, sino de explotar los datos que les proporciona disponer de esa información. En otras palabras, la noticia -el contenido informativo- podría ser para la empresa editora como el vehículo para Uber o el muro para Facebook: el medio para conectar con la gente.

Cuanto mejor sea esa noticia -más contrastada, más exclusiva-, más lectores, de pago o no, atraerá a su web. Se trata, pues, de hacer el mismo periodismo de siempre, pero venderlo como las nuevas tecnologías nos permiten hacerlo. Por eso, ahora, el cambio más importante en una editora de medios impresos no está en las redacciones.

(Publicado en el El Mundo el 1 de abril de 2015)

@vicentelozano

domingo, 23 de marzo de 2014

La guerra de las 'telecos' por la televisión

La guerra de la televisión no es sólo la de Antena 3 y Telecinco por el liderazgo de audiencia. Ni la de RTVE por no convertirse en residual. Ni la de los canales de TDT peleando por su cuota del 1%. Hay otra gran batalla en el mercado televisivo español y la están librando las operadoras de telecomunicaciones. Lo vemos estos días con el inicio de los campeonatos mundiales de Fórmula 1 y Motociclismo. Telefónica ha aprovechado estos dos acontecimientos de interés nacional y mundial ­para comercializar, con un gran despliegue publicitario, Movistar Fusión TV, producto que incluye en un mismo paquete, la línea fija, el móvil, el ADSL y su oferta televisiva.

Esta campaña ha coincidido con la compra de la operadora española Ono por la británica Vodafone. La operación tiene varios motivos. Javier Montalvo explicaba uno de ellos en el diario Expansión: «Los 7.200 millones que invertirá Vodafone es el precio que tiene que pagar (...), sobre todo, para no quedar descolgado en un segmento de actividad que marcará la diferencia en el negocio de las telecomunicaciones: la televisión de pago». Entre otras cosas, Ono aporta a Vodafone la fibra óptica y, sobre todo, TiVo, un servicio de televisión a la carta sobre el que tiene la exclusiva para Europa. Vodafone logra así un producto fiable para llenar de contenidos.

El avance de la tecnología y el gran impulso de las compañías nativas de internet han provocado un giro radical en los ingresos de las operadoras. Las llamadas apenas son negocio, se ofrecen como commodity junto a otras ofertas y probablemente morirán como fuente de ingresos en cuanto las distintas empresas de internet empiecen a ofrecerlas gratis. Es un proceso similar al que han registrado los SMS, que casi no suman ya por culpa de WhatsApp, Line y similares. ¿Cuánto han dejado de ingresar las operadoras, al perder los SMS de Navidad y Nochevieja?

Una compañía telefónica basa su negocio en la explotación de los canales de comunicación. Y sólo le interesa lo que circule por él en función de su peso: cuanto más sofisticada sea la información que transmita ­–audios, vídeos, juegos– más puede cobrar.

Pero internet ha cambiado radicalmente la situación porque está consiguiendo que los ciudadanos puedan usar esos canales de forma casi gratuita. Así, las empresas tienen que buscar en la oferta de contenidos y servicios los ingresos que pierden en su negocio tradicional. El más apetitoso de momento es la televisión de pago, pero las operadoras se convertirán también en plataformas de distribución de contenidos formativos e informativos y no sólo de ficción. Por cierto, un panorama alentador para vislumbrar algún remedio a la maltrecha situación de la prensa.

@vicentelozano
(Publicado en @elmundo_orbyt el 22 de marzo de 2014)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Google no es el problema

Bienvenidos sean los ¿30, 50? millones de euros que los editores de medios españoles podrán percibir de Google y de otros agregadores si finalmente se lleva a cabo la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que prepara el Gobierno. Menos da una piedra, pero ese dinero en absoluto va a ayudar a solucionar la crisis de la prensa y se puede convertir en un problema.

Hay que recordar que la tasa apenas ha tenido éxito en los países en los que se ha implantado. En Alemania, por ejemplo, esa tasa se puso con carácter voluntario: los periódicos podían decirle a Google que no indexara sus contenidos, pero los que lo hicieron perdieron tantos puestos en las clasificación de las noticias más vistas que volvieron a la situación anterior.

En Francia, se llegó a un acuerdo mixto: los agregadores pagarían a los editores 60 millones de euros al año a cambio de enlazar sus contenidos. Pero Google consiguió que la ley obligue a que ese dinero se utilice para financiar la transición digital de los periódicos y que sólo se distribuyera tras la presentación de proyectos concretos. Como decía anoche en Twitter Maria Ramírez, corresponsal de El Mundo en Nueva York, en Estados Unidos la 'tasa Google' no está en ninguna discusión sobre la crisis de la prensa. Y allí ha debatido sobre el tema hasta una Comisión del Senado.

Un diario nacional titula hoy un tanto cándidamente "Se acabó el gratis total en internet". ¡Es el mismo periódico que, en estos momentos, está regalando a los lectores cientos de informaciones, fotografías y vídeos a través de su pagina web! Ése es el gran error que podemos cometer. Que nos creamos que se ha dado un paso en la salvación de los medios impresos. Y en absoluto es así.

En primer lugar porque ya no se pueden poner puertas al campo. Si la esencia de una red física es la existencia de nudos entre las cuerdas, la esencia de la red virtual, Internet, es la posibilidad de enlazar. Nadie va a terminar ya con el enlace. Google, Bing, Yahoo... pagarán a los editores, sí, pero ¿por qué no se le exige lo mismo a Twitter, Facebook, Menéame,... que también consiguen ingresos con contenidos de los medios que suben sus usuarios? ¿Y esas webs supuestamente informativas que viven de seleccionar y publicar a primera hora de la mañana las informaciones que producen otros?

Repito que para las maltrechas cuentas de las editoras vendrán bien esas decenas de millones, pero no es ése el camino. Habrá que ver cómo se pone en práctica el cobro y la distribución de la tasa, quién va a decidir qué dinero va a cada quién y en virtud de qué criterios. Pero, sobre todo, sería muy triste que la 'tasa Google' nos distrajera de la cuestión fundamental: la prensa necesita una reconversión profunda que en España apenas hemos empezado a plantearnos. Y que, desde luego, no pasa por otra subvención, sea del Estado o de unas empresas privadas como Google y los demás agregadores.

P.D. Anoche, vi en Orbyt la portadilla del suplemento EM2 que está hoy en la calle y tuiteé que me habia gustado mucho. Uno de los redactores de Orbyt, Alfonso Mateos, me contestó enseguida: "La busco en Google y nada, oye". A lo mejor por ahí atisbamos una posible solución.

@vicentelozano
Publicado en elmundo.es el 15 de febrero de 2014

sábado, 1 de marzo de 2014

'Deconstruir' los periódicos

El EGM acaba de publicar el Marco General de los Medios en España 2013, un resumen del consumo de información y entretenimiento en la sociedad. Un dato es que la penetración –con perdón, pero así lo llaman– de los periódicos, entendida como el porcentaje de ciudadanos que lee diarios, fue del 32,4% en 2013, ¡el mismo nivel que en 1991! Con la agravante de que en aquellos años la prensa era un negocio rentable y hoy, con el mismo porcentaje y más habitantes, ha dejado de ser un negocio. Un dato pesimista, sí, pero necesario conocer la realidad y ponerle remedio.

En julio de 2009, el banco de inversión Morgan Stanley encargó a Matthew Robson, un adolescente de 15 años que había pasado unas semanas en la firma como parte de un programa educativo en el Reino Unido, que hiciera un informe sobre el uso que hacían él y sus amigos de internet. Los resultados fueron sorprendentes. El documento dio la vuelta al mundo y se convirtió en una pieza clave para valorar la estrategia a medio y largo plazo de las empresas editoras.

¿Qué decía el joven Matthew? Había dos conclusiones que merece la pena destacar. La primera, que los adolescentes británicos que conocía no leían periódicos. "Ninguno de mis amigos encuentra divertido enfrentarse a páginas y páginas de texto", decía. Y Robson añadía que ni la televisión era ya un objeto de consumo: sus amigos preferían hacerse su propia programación en sus dispositivos, ya fuera de películas, series o música preferida. "Si podemos elegir nosotros la música que queremos escuchar, por qué estar a expensas de alguien que programa lo que él prefiere, y no lo que a mí me gusta". La segunda, que el canal de consumo de información –en el más amplio sentido del término– más empleado era el teléfono móvil y las videoconsolas conectadas que permiten chatear entre los jóvenes. Todavía quedaban seis meses para que Steve Jobs presentara el iPad.

¿Qué significa esto? Sencillo. Antes un editor lo único que tenía que hacer es situar su producto en el quiosco y esperar que el lector se acercara a comprarlo. Y ese cliente no tenía más remedio que adquirir todo el producto en una decisión antieconómica: ¿por qué pagar 1,30 euros por 64 páginas si sólo me interesan a lo sumo 15 o 20? Pero el editor tenía la sartén por el mango. Ahora no: el lector puede acceder a la información a la hora que quiera y sólo a los contenidos que le interesen. El mango ha cambiado de manos.

No existe una solución única al futuro de la prensa. Hay muchas salidas, según el tipo de proyecto, las personas que los lleven adelante y, muy importante, de la sociedad en la que se desarrollen. Pero, sea como sea, el futuro, en Occidente al menos, pasa por una deconstrucción de los periódicos. Es decir, deberemos tener la capacidad para ofrecer los contenidos que ya tenemos, pero de forma separada y en todos dispositivos móviles, que es lo que demandarán los ciudadanos. Todo ello, sin perder la marca, que seguirá siendo la base para triunfar también en internet.

Y para ello, tan importante como que las redacciones elaboren esos contenidos –que ya lo están haciendo–, es que los equipos comerciales y de marketing de las editoras sean capaces de desarrollar los productos necesarios para ser vendidos en la red y conseguir publicidad a través de ellos. Google y otros agregadores empezarán a pagar a los periódicos por indexar sus contenidos. Los medios más enlazados podrán recibir por ello ¿uno, tres? millones de euros al año. Sería de necios pensar que con eso está todo resuelto.
@vicentelozano (Publicado en @elmundo_orbyt el 15 de febrero)