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sábado, 30 de octubre de 2021

Diez advertencias al Gobierno del gobernador del Banco de España

Esta columna la va a escribir el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. Son algunas frases del discurso que pronunció el pasado lunes 25 de octubre en la Comisión de Presupuestos del Congreso. El discurso completo está disponible en la web del Banco de España (www.bde.es).

Crecimiento económico: «La recuperación de la actividad es todavía claramente incompleta». (Pág. 4).

Inflación: «Este aumento [de precios] se ha trasladado a los precios finales pagados por los hogares y las empresas, lo que comprime sus rentas reales y, por tanto, afecta negativamente al ritmo de la recuperación». (Pág. 9).

Solvencia empresarial: «Se ha observado un cierto deterioro de la calidad crediticia en algunas carteras de préstamos de los bancos y un repunte en el número de empresas que se encuentran en concurso de acreedores». (Pág. 12).

Ajuste fiscal: «Para el conjunto de las Administraciones Públicas este aumento del gasto entre 2019 y 2022 sería del 11,7%, de acuerdo al Plan Presupuestario, frente al incremento del 7% de los ingresos. Estas cifras ilustran la magnitud del reto del proceso de consolidación fiscal que habrá que acometer una vez se consolide la recuperación en la medida que este incremento del gasto tenga un componente estructural importante, es decir, que no esté ligado a gastos cíclicos o relacionados con la pandemia». (Pág. 24).

Deuda: «La implementación en el medio plazo de este plan de ajuste resulta indispensable. En este sentido, distintos ejercicios de simulación realizados por el Banco de España sugieren que, en los próximos 15 años, esta ratio permanecería en niveles cercanos al 115% del PIB si, durante este periodo, no se adoptaran medidas de consolidación presupuestaria adicionales». (Pág. 29).

Déficit: «Este deterioro de las finanzas públicas exige diseñar con rigor y comunicar con prontitud un plan de consolidación fiscal para su ejecución gradual una vez superada la crisis, que permita reducir de forma paulatina los elevados desequilibrios presupuestarios actuales reforzando la sostenibilidad de las cuentas públicas». (Pág. 29)

Pensiones: «Dada la evolución de la tasa de dependencia, en ausencia de medidas adicionales que permitan aumentar los ingresos del sistema y/o contener el incremento de los gastos como reducciones de la tasa de beneficio o aumentos de la edad efectiva de jubilación, el déficit estructural del sistema volverá a ampliarse en los próximos años. En este contexto, sigue siendo necesaria una revisión del sistema público de pensiones que garantice su sostenibilidad». (Pág. 34).

Fondos europeos (1): «La evolución de la economía española dependerá crucialmente de la movilización y asignación de los fondos del programa Next Generation EU (NGEU)». (Pág. 13).

Fondos europeos (2): «Si se quiere potenciar la capacidad transformadora de los NGEU, sería necesario que su ejecución se viera acompañada de la adopción de un amplio conjunto de reformas estructurales». (Pág. 37).

Fondos europeos (3): «La elección de los proyectos en los que emplear los recursos del NGEU debería descansar sobre un proceso apropiado y transparente de selección que conduzca a la implementación de los que presenten una mayor capacidad impulsora de la economía». (Pág. 37).

Todo queda dicho.

(Publicada en El Mundo el 28 de octubre de 2021)

domingo, 4 de octubre de 2020

La ministra de Hacienda improvisa o miente

"El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior". Es el punto 3 del artículo 134 de la Constitución, que el Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a incumplir. Esto significa que, con toda probabilidad, habrá que prorrogar en 2021, aunque sea unas semanas, los Presupuestos que Cristóbal Montoro elaboró para el año 2018, en una situación totalmente distinta a la actual, sin pandemia y con una economía en crecimiento.

El recorrido de las cuentas públicas durante el pasado septiembre en boca de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, fue el siguiente. El miércoles 23 declaraba que "la semana que viene o la siguiente estaremos en condiciones de traer el techo de gasto para que sus señorías puedan empezar el debate sobre la tramitación de los Presupuestos". Según esta afirmación todavía estaríamos a tiempo, porque la segunda semana desde aquel miércoles se cumple el 11 de octubre.

Pero es que el martes 29 de septiembre Montero, tras comentar que "mantenemos el calendario", añadía: "Es pretensión del Gobierno traer en las próximas semanas la aprobación del techo de gasto". Es decir, del ese 11 de octubre que finalizaba la primera fecha que ella misma se dio, Montero retrasó a "las próximas semanas", empezando a contar desde el 29 de septiembre. Un plazo mucho más difuso que podía extenderse sin problemas hasta noviembre, por ejemplo.

A más a más, el miércoles 30 -un día después-, cuando vencía el plazo que da la Constitución para que los Presupuestos lleguen al Congreso, Montero decidía suspender las reglas fiscales para 2020 y 2021, es decir, dejar sin efecto el techo de gasto y los objetivos de déficit y deuda pública de todas las administraciones. Es decir, esas "próximas semanas" del martes se pasó a un nunca en apenas 24 horas. Con la suspensión de las reglas fiscales Montero consigue agilizar el trámite parlamentario de los Presupuestos porque se quita de en medio el debate de la senda del déficit y del techo de gasto, pero somete a la economía española a un riesgo que no debería asumir.

Hay que decir que el Gobierno cuenta con la laxitud que ha aprobado Bruselas a causa de los estragos económicos que está provocando la pandemia para permitir un cierto descontrol de las cuentas públicas en esta etapa. Pero lo podía haber programado antes, como han hecho muchos de los países de la UE, no cuando se le ha echado el tiempo encima.

Y eso es lo preocupante. En primer lugar, porque habría que saber si Montero ha improvisado en estos diez días sus cambios de criterio. Si tenía claro lo que iba a hacer con la regla de gasto, ha estado engañando a la opinión pública. Y eso es grave. Después, porque la decisión de suspender en 2020 y 2021 las reglas fiscales es hacerse trampas en el solitario, ya que el tremendo descuadre de deuda y déficit que tenemos, y que se incrementará, tendremos que pagarlo antes o después.

Porque el hecho constatable es que entramos en octubre sin techo de gasto, sin objetivo de déficit ni de deuda pública actualizado, sin vislumbrar los Presupuestos, con la deuda en un histórico 110% del PIB y con un déficit creciente, que ya supera los 60.000 millones de euros. Y esto acaba de empezar. Si por lo menos lo estuvieran haciendo bien en el plano sanitario...

sábado, 2 de junio de 2018

Italia 2018, como Grecia 2009

Hace diez meses, Olivier Blanchard, ex economista jefe del FMI, y otros investigadores del Peterson Institute for International Economics se preguntaban en un informe si un incremento de los tipos de interés por parte del BCE podría desencadenar una crisis de deuda en Italia. La respuesta fue que «no», siempre que se cumplieran dos condiciones. La primera, que esa subida de tipos viniera como consecuencia del crecimiento económico de la Eurozona y de Italia. La segunda, que el Gobierno italiano estuviera dispuesto a cooperar con las autoridades europeas -la UE y el BCE- para controlar la supuesta pérdida de confianza del mercado.

Pues, bien, como reconoce el propio Blanchard en otro informe publicado esta semana, «no se han dado ninguna de las dos condiciones». Aunque los tipos todavía no han empezado a subir, se da por hecho que lo harán en los próximos meses e Italia no se encuentra preparada para ello. Y la formación de un Gobierno eurófobo y populista de la Liga y del Movimiento 5 Estrellas deja claro que se será muy difícil cumplir la segunda.

El tema es tan grave que ha ocasionado tomas de posición inauditas tanto dentro como fuera de Italia. La primera fue la decisión del presidente de la República, Sergio Mattarella, de no aceptar al ministro de Economía propuesto por el presidente del Gobierno legítimo y la posterior designación de un tecnócrata para que tratara de hacerlo. La segunda, de menor calado pero también significativa de cómo están los nervios en Bruselas y en Fráncfort, fue la extemporánea reacción del pasado martes del comisario de Planificación Financiera y Presupuestos, el alemán Günther Oettinger, cuando quiso hacer ver a los italianos «que no deben dar a los populistas de derecha o de izquierda ninguna responsabilidad de Gobierno», a la vista de la reacción de los mercados. Lo dijo el día en que la prima de riesgo del país subía hasta 290 puntos, nivel que no se veía desde 2013; la Bolsa caía un 2,65% y la rentabilidad de los bonos italianos -que se mueve de forma inversa al precio- se disparaba hasta cotas no vistas casi desde la etapa de las turbulencias tras la crisis griega. Ese día, el interés exigido al bono a dos años, por ejemplo, sufrió su mayor subida diaria en más de 25 años. Recuerda a los inicios de la crisis griega en 2009.

Italia ha dado el primer gran susto a la Unión Europea desde el rescate de Grecia. Y lo ha hecho por una razón similar: la falta de control de las cuentas públicas y el anquilosamiento económico. Pero Italia son palabras mayores. Es la tercera economía del euro, con una deuda pública que se ha descontrolado desde el 99% del PIB en 2007 al 132% en 2017 y sin gobiernos capaces de embridar los desequilibrios.

Afortunadamente para los italianos, su país está dentro del euro, porque, como dice Blanchard, un Italexit -se llegó a hablar de ello en las negociaciones para formar el Gobierno nonnato- sería muy malo para la UE y nefasto para Italia. Pero lo que ocurre en ese país va más allá de un determinado Gobierno. Lo ha descrito Miguel Otero, analista del Real Instituto Elcano, con crudeza: «El problema está en la falta de meritocracia, la excesiva burocracia y corrupción, la baja productividad, el abandono escolar, la mala formación profesional, la poca inversión en I+D, la evasión fiscal, la competencia de China y los otros emergentes en un mundo cada vez más global... ¿les suena?». A pesar de todo. esperemos que el nuevo Ejecutivo luche contra todo esto.
(Publicado en El Mundo el 1 de junio de 2018)

miércoles, 8 de abril de 2015

Un poquito de vértigo en los mercados

Los mercados de valores prolongan sus subidas en un entorno económico que todavía no está consolidado. Las bolsas europeas llevan avances superiores al 20% desde que empezó el año... en plena incertidumbre sobre el impago de la deuda de Grecia. Hay analistas que ahora conceden hasta un 60% de probabilidad a que los helenos tengan que abandonar el euro.

El Ibex gana un 15% desde comienzos del año y hay compañías que registran valoraciones históricamente altas. Santander ha superado los 100.000 millones de euros de capitalización e Inditex le sigue con 95.000 millones. Entre los dos valen tanto como el 20% del PIB español.

El buen momento bursátil, que en definitiva es lo mismo que decir que hay dinero dispuesto a comprar, hace que grandes compañías preparen la salida a bolsa de sus filiales para conseguir liquidez, como en los mejores tiempos de la burbuja ¿se acuerdan de Terra, Telefónica Móviles y demás....?

Y, a la vez en sectores de crecimiento y con empresas todavía infravaloradas en el mercado se producen operaciones corporativas de calado. Las compra de BG por Shell por importe de 65.000 millones de euros y la de TNT por Fedex por 4.000 millones de dólares son los últimos ejemplos.

Pero quizá, lo que puede poner más nervioso, al menos a mí me lo parece, es que el Tesoro español esté financiándose ya a tipos negativos. Es decir, que los inversores estén dispuestos a pagar por comprar deuda española. Un país que, sí, va a crecer por encima de la media, pero sigue teniendo un volumen de deuda pública disparada, el déficit sin controlar adecuadamente, con un paro que supera con mucho los cuatro millones de desempleados y con reformas estructurales pendientes.

Y, a todo esto, el FMI advierte que la etapa de crecimiento que viene no será no con mucho tan próspera como la previa a la crisis, entre otras razones porque las condiciones de financiación serán mucho más duras. Hay liquidez en los mercados. El BCE ha contribuido mucho a ello. Pero...

(Publicado en elmundo.es el 8 de abril de 2015)