Los Presupuestos anuales son algo muy serio para tomarlos como un arma contra el adversario político. Siempre son fundamentales para la marcha del país, pero en plena recesión -propia de una guerra- el Gobierno debe hacer un esfuerzo en concitar el máximo consenso posible para poner en marcha la política económica que exige la precaria situación a la que nos ha conducido la pandemia. Sería ideal que todos los partidos, con los dos más votados a la cabeza, contribuyeran a dotar al país de los instrumentos económicos que necesita para salir cuanto antes de esta crisis que, en la más optimista de las previsiones, va a durar toda la legislatura.
Por eso, no puede ser que el vicepresidente de lo social se jacte de que los Presupuestos que prepara el Gobierno "no van a gustar a la derecha". Da la impresión de que Iglesias, que no se baja de sus planteamientos puramente ideológicos, no sabe de qué va el Covid al seguir planteando la pelea contra las consecuencias económicas de la pandemia como esa lucha de clases que tanto le gusta. Es desesperanzador que se siga haciendo politiqueo barato con la crisis. Gobernar contra alguien es no saber gobernar.
No sé si algunos señores del Gobierno son conscientes de que el Producto Interior Bruto se hundió un 17,8% en el segundo trimestre en términos interanuales, que el consumo privado se desplomó un 24,4%, que la inversión cayó un 24,6%, y que las exportaciones se despeñaron un 38,4% y las importaciones un 33,1%, como acaba de hacer público en Instituto Nacional de Estadística. Es cierto que éstas son las cifras del confinamiento, pero ningún analista piensa que se vayan a recuperar a medio plazo.
Se trata de que la economía vuelva a funcionar al mejor ritmo posible y para ello es imprescindible no excluir a nadie en la recuperación. Pero ya sabemos que esto, ni siquiera en estos momentos dramáticos, es imposible en nuestro país. Pablo Iglesias la goza intentando soliviantar a lo que llama derecha. Incluso con sentencias totalitarias como la que pronunció el miércoles en el Congreso dirigiéndose al PP: "No volverán a formar parte del Consejo de Ministros de este país", como si tuviera en mente que en España ya no se van a convocar más elecciones democráticas.
Esta vez, es el Ejecutivo el que tiene la culpa de no llegar a acuerdos. ¿Cómo va a aceptar la derecha española el ofrecimiento de María Jesús Montero a negociar las cuentas públicas si, a la vez, Pablo Iglesias dice que no van a gustar a la propia derecha, Arrimadas incluida?
Estos Presupuestos son clave para que Bruselas -y todos los países del euro- vean plasmados los planes económicos del Gobierno de coalición español. Y este tema es muy serio. Qué mejor aval para Europa que presentar unas cuentas públicas contra la crisis apoyadas por la mayoría del arco parlamentario, capaces de poner los cimientos de las reformas que de verdad necesita el país.
Estamos ante una coyuntura histórica y le ha tocado a Sánchez lidiar con ella. Sus primeros Presupuestos deberían ser el punto de partida para modernizar el país. Pero la realidad es que a finales de septiembre, de los Presupuestos de 2021 conocemos que ya están «consensuados al 80%», como ha dicho Montero, que serán "expansionistas" (por expansivos), y también sectarios porque «no le van a gustar a la derecha». Así no se hacen las cosas.
En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento. La Tierra Media tolkiana es la tierra, donde estamos y hasta cuando estemos.
Mostrando entradas con la etiqueta Podemos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Podemos. Mostrar todas las entradas
martes, 29 de septiembre de 2020
Unos Presupuestos que "no gustarán a la derecha"
miércoles, 20 de mayo de 2020
Echenique no se acuerda de que es Gobierno
El vídeo (de @DavidJar_) se ha hecho viral en Twitter: en la calle Núñez de Balboa de Madrid, núcleo de las primeras manifestaciones contra el Gobierno en el barrio de Salamanca, una señora mayor hurga en los cubos de la basura mientras un grupo de ciudadanos pasa a su lado con cacerolas y banderas de España en la cintura o atadas a modo de capas al grito de "libertad". Según se iba difundiendo, las imágenes recogían comentarios de todo tipo: "la España de hoy". "España en 39 segundos", "la España que quiere la ultraderecha", "la España del Gobierno socialcomunista"...
El que más me ha sorprendido de los que he leído ha sido el de Pablo Echenique, que retuiteaba el vídeo en cuestión con el comentario "En resumen", Es decir, el portavoz parlamentario de Podemos compendiaba en esa imagen -como mucha gente- lo que está pasando estos días en el país. Supongo que quería contraponer la imagen de los 'cayetanos' del centro de la capital con la de la señora -del mismo barrio- que busca comida.
Pero no sé si de dio cuenta de que ese "en resumen" va directamente contra el Gobierno del que su partido forma parte. Porque las protestas -aunque sean de pijos del barrio de Salamanca- se dirigen contra la gestión del Ejecutivo de Sánchez e Iglesias en la pandemia y porque si la señora del cubo de basura está ahí es porque el Gobierno de Sánchez e Iglesias ha sido incapaz todavía de darle la cobertura social necesaria: la España, pues, que refleja ese vídeo es la España del PSOE y de Podemos.
Decía César Calderón hace unos días en un coloquio que será difícil que Podemos aguante desde el Gobierno la oleada de protestas sociales que vendrán al hilo de la depresión económica. Están empezando a sentirlas y parece que algunos de sus líderes piensan que la cosa no va con ellos.
El que más me ha sorprendido de los que he leído ha sido el de Pablo Echenique, que retuiteaba el vídeo en cuestión con el comentario "En resumen", Es decir, el portavoz parlamentario de Podemos compendiaba en esa imagen -como mucha gente- lo que está pasando estos días en el país. Supongo que quería contraponer la imagen de los 'cayetanos' del centro de la capital con la de la señora -del mismo barrio- que busca comida.
Pero no sé si de dio cuenta de que ese "en resumen" va directamente contra el Gobierno del que su partido forma parte. Porque las protestas -aunque sean de pijos del barrio de Salamanca- se dirigen contra la gestión del Ejecutivo de Sánchez e Iglesias en la pandemia y porque si la señora del cubo de basura está ahí es porque el Gobierno de Sánchez e Iglesias ha sido incapaz todavía de darle la cobertura social necesaria: la España, pues, que refleja ese vídeo es la España del PSOE y de Podemos.
Decía César Calderón hace unos días en un coloquio que será difícil que Podemos aguante desde el Gobierno la oleada de protestas sociales que vendrán al hilo de la depresión económica. Están empezando a sentirlas y parece que algunos de sus líderes piensan que la cosa no va con ellos.
lunes, 22 de febrero de 2016
Podemos, claro y contundente
Hay que reconocer que a Pablo Iglesias y al resto de los líderes de Podemos se les entiende casi todo. Lo vemos en la propuesta formulada al PSOE para investir a Pedro Sánchez y formar un Ejecutivo estable. Iglesias no se anda con paños calientes. No sugiere. Marca su territorio: «Quiero la vicepresidencia y, con IU, más ministerios que el PSOE porque tenemos más votos».
Con la misma contundencia, aunque algo más escondido, Podemos plasma en el documento 'Un país para la gente' que ha presentado a las fuerzas políticas su intención, no ya de reformar la Constitución, sino de refundar el modelo de Estado que emergió en 1978, tal y como ha manifestado el partido desde sus inicios como movimiento. Es de agradecer esa transparencia que, al menos, hace que seamos conscientes de lo que Podemos quiere hacer de este país si algún día lo gobierna.
Algunos ejemplos. Una de las constantes del documento es la referencia a la «democracia directa», a la «vía popular», para cambiar las cosas. El texto más claro es el que se refiere a la propia reforma constitucional. Como legalmente se necesita el concurso del PP para cualquier modificación, Podemos considera que «cabría activar la vía popular (...); es decir existen derechos y garantías democráticas previstos en la Constitución española que permiten convocar un referéndum para iniciar el proceso». En definitiva, Podemos prevé saltarse a la torera el Congreso, sede de la soberanía popular..., invocando esa misma soberanía popular. Las referencias a la participación directa de los ciudadanos son constantes. En otro punto se lee que un «gobierno del cambio debe otorgar un papel directo a la ciudadanía en su derecho de participación en los asuntos públicos frente al poder económico». Otro caso: Podemos propone un Consejo Asesor Anticorrupción, dependiente de la Vicepresidencia de Iglesias, conformado por «movimientos asociativos civiles y personalidades de reconocido prestigio en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado». Piensen en la composición de ese consejo.
La preeminencia de lo público sobre lo privado y la necesidad de renacionalizar actividades económicas también quedan plasmadas con nitidez en el documento. Así, «el suministro energético recuperará su carácter de servicio público». En el campo de las telecomunicaciones propone «garantizar la coinversión pública en la infraestructura de fibra óptica y redes móviles que hasta ahora han sido impulsadas por empresas privadas y que han convertido estas infraestructuras fundamentales en bienes de titularidad exclusivamente privada». Atención, Telefónica. Y la educación concertada «seguirá financiándose con recursos públicos sólo en los casos en que sea necesario por insuficiencia de la oferta de la red» pública, olvidando así el artículo 27 de la Constitución.
Otro punto clave del documento de Podemos es la referencia a un nuevo modelo territorial que nada tiene que ver con el establecido en 1978. Podemos va mucho más allá de la cuestión catalana y considera necesaria «la aceptación del derecho a decidir en aquellas naciones que lo hayan planteado con especial intensidad».Añade que se «debe entender España como país de países» y pide una revisión de los contenidos educativos en materia de Historia y Ciencias Sociales que lleve a «superar la visión homogeneizadora de la historia de España». El documento reclama «la búsqueda de un nuevo encaje para todas las naciones, comunidades políticas y territorios (...), un proceso que debe partir del reconocimiento previo y específico de las diversas realidades nacionales». Todo está muy clarito. Nadie se puede llamar a engaño.
Con la misma contundencia, aunque algo más escondido, Podemos plasma en el documento 'Un país para la gente' que ha presentado a las fuerzas políticas su intención, no ya de reformar la Constitución, sino de refundar el modelo de Estado que emergió en 1978, tal y como ha manifestado el partido desde sus inicios como movimiento. Es de agradecer esa transparencia que, al menos, hace que seamos conscientes de lo que Podemos quiere hacer de este país si algún día lo gobierna.
Algunos ejemplos. Una de las constantes del documento es la referencia a la «democracia directa», a la «vía popular», para cambiar las cosas. El texto más claro es el que se refiere a la propia reforma constitucional. Como legalmente se necesita el concurso del PP para cualquier modificación, Podemos considera que «cabría activar la vía popular (...); es decir existen derechos y garantías democráticas previstos en la Constitución española que permiten convocar un referéndum para iniciar el proceso». En definitiva, Podemos prevé saltarse a la torera el Congreso, sede de la soberanía popular..., invocando esa misma soberanía popular. Las referencias a la participación directa de los ciudadanos son constantes. En otro punto se lee que un «gobierno del cambio debe otorgar un papel directo a la ciudadanía en su derecho de participación en los asuntos públicos frente al poder económico». Otro caso: Podemos propone un Consejo Asesor Anticorrupción, dependiente de la Vicepresidencia de Iglesias, conformado por «movimientos asociativos civiles y personalidades de reconocido prestigio en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado». Piensen en la composición de ese consejo.
La preeminencia de lo público sobre lo privado y la necesidad de renacionalizar actividades económicas también quedan plasmadas con nitidez en el documento. Así, «el suministro energético recuperará su carácter de servicio público». En el campo de las telecomunicaciones propone «garantizar la coinversión pública en la infraestructura de fibra óptica y redes móviles que hasta ahora han sido impulsadas por empresas privadas y que han convertido estas infraestructuras fundamentales en bienes de titularidad exclusivamente privada». Atención, Telefónica. Y la educación concertada «seguirá financiándose con recursos públicos sólo en los casos en que sea necesario por insuficiencia de la oferta de la red» pública, olvidando así el artículo 27 de la Constitución.
Otro punto clave del documento de Podemos es la referencia a un nuevo modelo territorial que nada tiene que ver con el establecido en 1978. Podemos va mucho más allá de la cuestión catalana y considera necesaria «la aceptación del derecho a decidir en aquellas naciones que lo hayan planteado con especial intensidad».Añade que se «debe entender España como país de países» y pide una revisión de los contenidos educativos en materia de Historia y Ciencias Sociales que lleve a «superar la visión homogeneizadora de la historia de España». El documento reclama «la búsqueda de un nuevo encaje para todas las naciones, comunidades políticas y territorios (...), un proceso que debe partir del reconocimiento previo y específico de las diversas realidades nacionales». Todo está muy clarito. Nadie se puede llamar a engaño.
@vicentelozano (Publicado en El Mundo el 18 de marzo de 2016)
viernes, 23 de enero de 2015
Si Syriza lo hace bien...
Syriza y Podemos tienen muchas diferencias, aunque no lo parezca Alexis Tsipras dirige una coalición de partidos de izquierda constituidos previamente a su integración. Está en el Parlamento griego desde 2004 y en las elecciones de junio 2012 se consolidó como la segunda fuerza política del país, con el 26,9% de los votos y 71 diputados. Podemos sólo tiene de bagaje los cinco eurodiputados que logró en las elecciones europeas de 2015. El partido proviene de un movimiento asambleario, con líderes sólidos en la cúpula nacional, sí, pero muy líquidos en las bases:nadie sabe el control real que ejerce el aparato de Pablo Iglesias sobre los círculos. Syriza es una realidad; Podemos, una posibilidad.
Pero tanto a Syriza como a Podemos les interesa mirarse en el espejo del otro. Los griegos, porque su país es muy pequeño en el contexto del euro y puede presentar a sus electores a un hermano con posibilidades electorales en un grande de la UE. Podemos, para hacer ver en España que su plan de gobierno se puede llevar a la práctica sin que se hunda el mundo. El tiempo juega a favor de los españoles
Ésa es la cuestión. ¿Podrá un Gobierno de Syriza sacar a los griegos del estado de postración al que los ha sometido el rescate? Necesitará la ayuda de la troika, pero no es ninguna 'boutade' pensar que puede ser así.
A nadie le interesa que Grecia salga del euro. Ni a los helenos, porque a las consecuencias económicas habría que añadir las políticas, al quedarse pegado a Turquía sin el cobijo político europeo. Ni a Angela Merkel y al resto de la UE: cuando la recuperación empieza a encarrilarse, es demasiado riesgo abrir el melón de la fractura de la moneda única. Si no hay un vuelco de última hora, Tsipras podrá gobernar solo o con ayuda de otra formación. y en ese contexto hay que situar el panorama postelectoral en Grecia.
Así, lo razonable es un acuerdo entre el nuevo Gobierno y la UE. La situación financiera de Grecia ha cambiado sustancialmente en los últimos meses y un dato importantísimo es que el país ha alcanzado superavit primario en sus cuentas -ingresos públicos por encima de los gastos, descontando el pago los intereses de la deuda-. Hay que recordar que un pacto de 2012 entre el Eurogrupo y los helenos establecía una relajación de las condiciones del rescate cuando se alcanzase ese objetivo.
Es decir, la Troika y el nuevo Gobierno tienen un cierto margen para negociar una ampliación de de los plazos de pago de la deuda y una nueva reducción de los intereses. Hay analistas que dicen que un acuerdo de relajación de condiciones en el que no aparezca la palabra quita sería asumible por el Ejecutivo heleno y por los europeos, encabezados por el alemán. Esto permitiría a Syriza aplicar parte de su programa económico, no muy distinto por cierto-como el de Podemos- al que presentó el PSOE en las elecciones en 2011.«Somos un partido de izquierda radical, pero nuestras propuestas son razonables», decía el miércoles en este periódico Yanis Varoufakis, ministro de Economía en la sombra de Syriza.
¿Hasta que punto puede repercutir todo esto en España? Desde luego, este acuerdo Syriza-troika sería un experimento que se puede hacer en un país rescatado y que apenas supone un 2% del PIB de la UE. Unas condiciones muy distintas a las de España, que ni está intervenido y es la cuarta economía del euro. Pero sería muy interesante ver cómo va cambiando la cara de buena parte de los políticos españoles al ver que, según se acercan las elecciones generales, las recetas de Syriza van surtiendo efecto... con el beneplácito de la Troika.
@vicentelozano
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



