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lunes, 13 de noviembre de 2023

Occidente vuelve a levantar barreras comerciales en busca la “seguridad” y la “soberanía” económicas

La crisis de 2007, la pandemia y la guerra de Ucrania han provocado en los países desarrollados un temor a la dependencia económica que les ha llevado a entornar fronteras y proteger las industrias nacionales. El resultado de ese proceso está por ver, pero es lógico pensar que los países menos desarrollados sufrirán en sus ciudadanos las consecuencias del nuevo proteccionismo.


“Europa se está adaptando a las nuevas realidades geopolíticas, poniendo fin a la era de la ingenuidad y actuando como un verdadero actor geopolítico”, afirmó el comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, a principios de octubre al presentar la primera medida de la Estrategia de Seguridad Económica de la UE, por la que se fomentará el desarrollo de sectores que se consideran clave para su crecimiento económico. En esta ocasión, la Comisión Europea ha declarado que la inteligencia artificial, la biotecnología, los semiconductores y la tecnología cuántica son “áreas críticas por sus capacidades y los riesgos de seguridad o de vulneración de derechos humanos que pueden suponer” y, por tanto, la UE no puede depender del exterior en su desarrollo.

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen explicó algo más la cuestión: “Europa estableció en junio de este año su primera Estrategia de Seguridad Económica para garantizar nuestra soberanía, seguridad y prosperidad en los años venideros. Hoy damos los siguientes pasos estableciendo las áreas tecnológicas críticas que deben evaluarse”.

El comisario y la presidenta hablaron de “nuevas realidades geopolíticas”, del “fin de la era de la ingenuidad”, de “garantizar nuestra soberanía, seguridad y prosperidad”. Y todas esas frases van encaminadas a un fin: evitar que el poder chino se haga con el control de esas tecnologías que serán clave en el futuro desarrollo de la sociedad. Es decir, proteger a la industria europea y a los ciudadanos.

No es la única decisión que Europa ha tomado en este sentido en las últimas semanas. Por ejemplo, cuando las ventas de automóviles chinos empiezan a ser significativas en el Continente, Bruselas ha abierto una investigación sobre las supuestas ayudas públicas que el Gobierno central y las administraciones locales ofrecen a los fabricantes chinos que abaratan los precios finales de los coches eléctricos que se venden aquí. Y también acaba de anunciar otra actuación sobre los subsidios estatales concedidos a los fabricantes de turbinas para las centrales eólicas. Todas estas decisiones se han tomado en menos de un mes.

Europa no está sola en este camino de vuelta al proteccionismo. Estados Unidos ha ido dando pasos en el mismo sentido en los últimos años. En 2022, el Gobierno estadounidense aprobó la Ley de Reducción de la Inflación, que tiene como objetivo fundamental el tránsito hacia una “economía más sostenible” en sectores clave de la economía del país. Se destinarán 400.000 millones de dólares en diez años en créditos y subvenciones a determinados sectores como la energía renovable o la automoción y el transporte. Y, más recientemente, EEUU también aprobó una Ley de Ciencia y Chips, que con una inversión de 280.000 millones de dólares en cinco años busca sobre todo reforzar el sector de los semiconductores en el país y evitar la dependencia del mercado internacional, sobre todo de los fabricantes chinos. En otras palabras, regar de dinero a las empresas norteamericanas para que puedan hacer frente a la competencia china en industrias clave para la soberanía y la seguridad del país.

Tras la pandemia

Esta aceleración de la vuelta al proteccionismo comercial es, quizá, una de las consecuencias económicas más significativas de la pandemia, aunque sus causas vienen desde la crisis económica global de 2007. El ‘shock’ que causó en la economía mundial el desplome de un sistema financiero sin fronteras llevó a emprender medidas de protección en los sistemas bancarios nacionales que se han ido trasladando al mundo industrial y comercial. Los riesgos del creciente poder económico de China gracias precisamente a la globalización y las consecuencias de la pandemia de 2020 no han hecho más que acelerar ese proceso de defensa de la industria nacional.

‘The Economist’ acaba de publicar un amplio informe sobre el auge del proteccionismo en el mundo que habla de la “economía patriótica”, que define como aquella que busca una reducción de “los riesgos para la economía de un país: los que presentan los caprichos de los mercados, un ‘shock’ impredecible como una pandemia o las acciones de un oponente geopolítico”.

El semanario considera que esta vuelta al proteccionismo es el resultado de cuatro factores. Primero, la economía: como ya hemos comentado, la crisis financiera de 2007 fue el gran toque de atención sobre la pérdida de confianza en el modelo de la globalización y el parón económico mundial que trajo la pandemia en 2020 terminó por confirmar esos temores. Segundo, la geopolítica: con las batallas políticas y comerciales entre Estados Unidos y China y, posteriormente, la invasión de Ucrania por Rusia como determinantes. Tercero, la energía: Vladimir Putin ha demostrado que la energía es una formidable arma de guerra y los países quieren depender lo menos posible de terceros en su abastecimiento, al menos de terceros ‘peligrosos’. Y, cuarto, la Inteligencia Artificial generativa, que supone un cambio tan radical en todos los procesos productivos, que los gobiernos buscan la forma de hacerse fuertes en esta tecnología, sabiendo, por ejemplo, que los perdedores pueden estar amenazados con la destrucción de miles de empleos.

Este movimiento no sólo parte de los Gobiernos, porque el miedo a la globalización ha llegado los inversores, que cada vez miran más de puertas adentro -aprovechando también las ventajas de esas medidas proteccionistas para las compañías- y las propias empresas, que prefieren producir en sus propios países que buscar otros mercados en los que montar nuevas fábricas, ayudadas, eso sí, por las millonarias subvenciones públicas.

Más pobreza, más inflación

¿Es buena para el crecimiento económico la desglobalización? Este mismo mes de octubre, el Banco Mundial recortaba su previsión de China para el próximo año y advertía de que los países en desarrollo del este de Asia van a crecer a una de las tasas más bajas de las últimas cinco décadas. Es lógico que si China se frena, todos sus socios comerciales de alrededor lo sufren pero, en esta ocasión, el Banco Mundial ha incidido en un condicionante significativo: el proteccionismo comercial de Estados Unidos está afectando a los países menos desarrollados -Vietnam, Tailandia, Filipinas,...- del Sudeste asiático. Gran parte de la región, no sólo China, está empezando a verse afectada por las nuevas políticas industriales y comerciales de Estados Unidos, que están reduciendo las exportaciones de esos países hacia Estados Unidos, constata el Banco Mundial.

La globalización económica y comercial que comenzó tras la caída del régimen soviético tuvo tres efectos significativos. El primero fue un aumento de la desigualdad entre el mundo desarrollado y el resto. Pero que los ricos fueran más ricos, no significa que los pobres fueran más pobres. El segundo efecto de la apertura del comercio mundial supuso que más de mil millones de personas salieran de la pobreza extrema, con China e India como países más beneficiados, pero también otros en América Latina como Perú o Colombia. El tercer efecto de la globalización fue la contención generalizada de la inflación, ya que la fabricación se podía llevar a las zonas con menor coste y eso se repercutía en los precios finales de los productos y servicios.

En pura lógica, la desglobalización traerá unas consecuencias opuestas: disminución de la desigualdad, aumento de la pobreza -o al menos, no disminución de la misma al mismo ritmo que antes- y un incremento de la inflación. Serían los países más beneficiados del anterior proceso, como China, los principales perjudicados. El FMI y la OCDE prevén que el gigante asiático crezca en los próximos años al menor ritmo de las últimas décadas porque ven agotado el modelo de crecimiento, basado en las exportaciones, que le ha traído hasta aquí. Pero hay un grave inconveniente: China es ahora la segunda potencia económica mundial con un enorme poder militar, una desestabilización social del país podría tener consecuencias funestas en todo el mundo.

Los analistas dicen que este proceso proteccionista va a continuar. Desde la crisis de 2007, el PIB ha estado creciendo por encima del comercio mundial y así seguirá ocurriendo a medio plazo. “El proceso de desglobalización va a seguir. El comercio global ha retrocedido en los dos últimos años, y todo apunta a que esa es la dirección futura. Con las ventajas e inconvenientes mencionados y repartidos de forma desigual”, escribía recientemente José Ignacio Crespo, analista financiero, en el diario ‘Cinco Días’. ‘The Economist’, de ideología liberal, considera que “la economía ‘patriótica” va a empobrecer el mundo: “Las políticas industriales nacionales y el proteccionismo pueden poner en peligro el comercio mundial sin hacer más seguras las economías occidentales”, afirma sin paliativos.



lunes, 7 de diciembre de 2020

Europa no tiene GAFAs

En este mundo del siglo XXI, los grandes vencedores desde el punto de vista empresarial son las grandes empresas tecnológicas, encarnadas en lo que se conoce con el acrónimo GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple), felizmente puesto por los analistas de un banco de inversión, creo que fue Morgan Stanley, en el inicio de la década pasada. Después se añadieron otras, como Microsoft (GAFAM) y Netflix (FANGAM). Todas se sitúan ahora entre las que tienen más valor bursátil del mundo, fundamentalmente porque sus fundadores y gestores han sabido adelantarse a lo que iban a necesitar los ciudadanos. Ahí radica exclusivamente su éxito, al margen de que hayan bordeado o no la ley para acaparar mercado. Y todas tienen otra cosa en común: son estadounidenses.

Pero hay otras GAFA, menos conocidas. China tiene su Google, que se llama Baidu. China tiene su Amazon, el gigante Alibaba, China cuenta con su Facebook, WeChat, la red social propiedad del gigante Tencent. Y China tiene sus Apple, como Huawei o Xiaomi. Todas son empresas de éxito, que cotizan en Bolsa con buenos resultados y con capitalizaciones importantes. Tencent y Alibaba, por ejemplo, valen más de 500.000 millones de dólares -5.000 zendales que diría Ayuso-: similar a lo que capitalizan las 35 empresas del español Ibex.

Lo malo para nosotros es que Europa no tiene un Amazon ni un Alibaba, un Google ni un Baidu, un Facebook ni un WeChat. Y esto es grave porque si los europeos no hemos sabido o no hemos podido posicionarnos en los sectores punteros de la economía actual nos arriesgamos a perder influencia en el planeta. Es cierto que ahora el mundo está globalizado y estas grandes multinacionales operan y generan empleo y riqueza allí donde están, pero qué duda cabe que la nacionalidad cuenta mucho a la hora de tomar decisiones. Véase los litigios que tienen casi todas con el pago de impuestos en la Unión Europea, algo que no se produciría si Facebook o Google fueran de capital europeo.

La OCDE acaba de publicar sus estimaciones de crecimiento económico para los países que forman parte de la organización. Sólo hay uno que va a terminar este año en positivo: China, cuyo PIB avanzará un 1,78%. Estados Unidos ocupa la décima posición en la clasificación, con una caída del 3,7%. En el otro lado, de los diez países que se van a ver afectados por la pandemia, siete son europeos: Austria, Portugal, Italia, Francia, Grecia, Reino Unido y España. Todos con descensos del PIB entre el 8% del país alpìno, y el 11,6% del nuestro.

Evidentemente, hay muchas razones que explican las diferencias de crecimiento entre países y zonas geográficas, pero da que pensar que entre las economías que mejor se comportan en estos momentos de grave crisis son las más dinámicas en los sectores tecnológicos --incluso en países sin libertad política- mientras que los rezagados en este campo sufren mucho más y pierden riqueza y empleo. El hecho es que Europa va a salir de la pandemia mucho más retrasada respecto a los dos gigantes.

viernes, 5 de mayo de 2017

Tres apuntes sobre el paro

Todo indica que el mercado de trabajo ha tomado velocidad de crucero, al hilo del crecimiento de la actividad. La destrucción de empleo durante la crisis fue insoportable y ahora, fruto de la reforma laboral, de un cierto cambio en el modelo económico que ha propulsado las exportaciones y del viento favorable que sopla desde el exterior -en forma de bajos tipos de interés, caída del euro y reducidos precios del petróleo- España está creando empleo con intensidad.

No será el de mejor calidad del mundo, cierto, pero si no se empieza así no hay forma de recuperar la calidad en el empleo. Igual que en las épocas de despidos, quienes primero salen de las empresas son los temporales, cuando se da la vuelta la tortilla, los primeros empleos que se crean también son temporales. Si el mercado de trabajo está adaptado a lo que necesitan las empresas y la economía, esos puestos se irán consolidando. La eficiencia de un modelo laboral consiste en conseguir que esa transición sea lo más breve posible.

En este sentido, y al hilo de la EPA del primer trimestre que conocimos hace unos días, merece la pena pararse en algunos detalles que pueden condicionar la evolución del empleo en nuestro país en los próximos años.

El primero es el descenso de la población activa. Miguel Valverde recordaba en el diario Expansión que en los últimos cinco años la población activa en España ha caído en casi 800.000 personas. La población activa la conforman quienes tienen trabajo más los parados que buscan empleo. Una reducción de la misma supone perder fuerza laboral, aunque maquille las cifras del paro, pues con menos población activa y la misma gente trabajando, la tasa de desempleo baja. Es grave que parte de esta reducción se deba al envejecimiento de la población. Es decir, personas que dejan la actividad porque se jubilan, sin que haya jóvenes suficientes para reemplazarlas. Aunque sea mejor para las estadísticas, un país que va perdiendo fuerza laboral joven -especialmente en una época de acelerados cambios tecnológicos- desaprovecha condiciones para competir.

El segundo apunte es la estrecha correlación que existe entre el paro y el nivel educativo en España. Veamos. En el tercer trimestre de 2007, cuando el empleo alcanzó su máximo histórico con esos 20 millones de personas trabajando, la tasa de paro de quienes habían abandonado los estudios antes de terminar la enseñanza obligatoria era del 10%. Muchos de ellos encontraban trabajos sin cualificar en la construcción o el turismo. En ese año, el paro entre quienes habían terminado la segunda etapa de la Educación Secundaria era del 9,9%, mientras que los que tenían una carrera universitaria disfrutaban de pleno empleo: sólo un 3,9% de los licenciados estaba sin trabajo. Hoy, según la última EPA, el paro de quienes han abandonado los estudios casi se ha cuadruplicado -es del 37,6%-, el de quien ha terminado Secundaria se ha triplicado -del 19,3%- mientras que el de los universitarios ha pasado de ese 3,9 al 10,9%. Una cuestión clave ante el alto grado de abandono escolar que tenemos.

El tercer apunte es una reflexión. España ha alcanzado este trimestre el mismo nivel de Producto Interior Bruto (PIB) -es decir, de producción, de actividad total- que antes de la crisis. Pero lo ha conseguido con 1,5 millones de empleos menos. ¿Qué tipo de trabajo era aquél que su desaparición no ha impedido este incremento de la actividad? Habrá que plantearse también la creación de puestos de trabajo cualificados que generen valor añadido. Y para ello hace falta trabajadores jóvenes y con estudios (ver los dos apuntes anteriores).

(Publicado en El Mundo el 4 de mayo de 2017)

lunes, 21 de mayo de 2012

'Papá, ¿por qué somos españoles?'

La agencia de publicidad Sra. Rushmore ideó un genial anuncio de televisión para promocionar el club Atlético de Madrid en 2001. El famosísimo «Papá, ¿por qué somos del Atleti?», que un niño dirigía a su padre, sin que éste fuera capaz de contestarle. Esa pregunta refleja la actitud de quien ha vivido en un mundo ideal y, de repente, se da cuenta de que lo suyo no es lo mejor. Que la realidad ha puesto en su sitio parte de sus sueños, aunque durante un tiempo se hubiera creído el rey del universo. Es posible que muchos españoles se sientan así, especialmente en las dos últimas semanas. Cuando parecía que con ajustes y sacrificios la cosa se iba encarrilando, da la sensación de que hemos retrocedido buena parte de lo avanzado; no sólo desde que Rajoy tomara las riendas de este tinglado, sino desde aquel fin de semana de mayo de 2010 en el que Zapatero recibió su baño de realidad.

La crisis de Bankia dice que la reforma del sistema financiero no ha terminado y la desviación de los déficits de Madrid y la Comunidad Valenciana ponen en duda los logros del Consejo de Política Fiscal y Financiera. No es de extrañar, pues, que la prima de riesgo se haya olvidado estos días de la reforma laboral, de la bancaria, de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, de los ajustes o de las subidas de impuestos. El marcapasos está disparado mientras que el país se encuentra al borde de la depresión social.

Es lógico que cuando los mercados nos colocan más cerca que nunca de Grecia o de Portugal que de Francia o Alemania sintamos un cierto desasosiego interior . ¿No estuvimos a punto de formar parte del agraciado club del G-8? ¿No protagonizamos durante veinte años lo que se denominó milagro económico español? ¿No fuimos la sensación del mundo cuando el 70% del empleo que se creaba en la UE se generaba en España? ¿Cómo se ha desintegrado como un azucarillo en agua casi todo lo conseguido? Sencillamente, porque la etapa del esplendor no sirvió para poner las bases que necesitaba una economía sólida y moderna. Por eso, puede parecer obsceno pedir al Gobierno que piense también a 25 años vista cuando tiene que estar apagando incendios cada cinco minutos, pero es la única forma de poner los cimientos para construir con firmeza el futuro. Y para eso le pagamos.

Un ejemplo puede ilustrarlo. Entre 2000 y el tercer timestre de 2007 se crearon en España un millón de puestos de trabajo en la construcción. Un auténtico récord, sí, pero en su momento nadie cayó en que cientos de miles de estos empleos fueron para jóvenes que dejaron sus estudios porque en las obras se ganaba mucho dinero. Desde esa fecha se han perdido 1,5 millones de empleos y cientos de miles de ellos corresponden a trabajadores entre 25 y 40 años sin formación porque no acabaron sus estudios y, por tanto, con escasas posibilidades de encontrar trabajos estables.

Hay que recordar cuando el entonces ministro de Trabajo Jesús Caldera volvía de Bruselas muy ufano porque sus colegas le habían felicitado al ver las impresionantes cifras de la creación de empleo en España durante su mandato. Pero aquel Gobierno -y los anteriores y los posteriores- cometió el inmenso error de creérselo y de no modificar un sistema educativo que registraba tasas inaceptables de abandono escolar y de un mercado de trabajo absolutamente volátil, que creaba empleos temporales y sin cualificación que han desaparecido con más rapidez que con la que se crearon. Hoy vemos las consecuencias.

Este Gobierno parte con la ventaja de conocer los errores pasados y ha dado muestras de querer acometer esas reformas profundas. Lo grave es que tiene que ocuparse de lo urgente sin olvidar lo importante. Y lograr que los hijos de nuestros hijos puedan decir, sin patrioterismos, «Papá, ¡somos españoles!».

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Educación y competitividad: una comparación


El World Economic Forum publica todos los años el Índice de Competitividad Global (GCI) en el mundo. Una clasificación que mide la capacidad de un país para proveer de altos niveles de prosperidad a sus ciudadanos. Analiza cuestiones como el funcionamiento de las instituciones públicas, la fortaleza de las empresas y del sistema financiero, el grado de corrupción, la burocracia, las infraestructuras o el sistema educativo de cada país. En función de los resultados de cada estado se elabora un ránking que se publica anualmente.

Actualmente es el indicador más fiable y más usado por los economistas para comparar la capacidad de competir de un país, las posibilidades de desarrollo de sus ciudadanos en comparación con los de otros estados.

Es muy bueno comparar estos resultados con el Informe PISA que conocimos ayer. Este estudio sólo afecta a una de las variables que analiza el GCI, -el de la educación y en un momento determinado del ciclo- y no incluye el mismo universo de países, pero ofrece una enseñanza muy significativa, sobre todo para España: la inmensa mayoría de los países que están por delante de nosotros la clasificación del Informe PISA también lo están en el Índice de Competitividad.

Un país con un sistema educativo deficiente es también deficiente en productividad y en competitividad. Probablemente ya lo sabíamos, pero cuando lo ves negro sobre blanco asusta un poco pensar en nuestro futuro.

Doy los nombres de los quince primeros países en las dos clasificaciones. Están todos en la página del World Economic Forum y en la de la OCDE.

GCI 2010

1. Suiza
2. Suecia
3. Singapur
4. Estados Unidos
5. Alemania
6. Japón
7. Finlandia.
8. Holanda.
9. Dinamarca
10. Canadá
11. Hong Kong
12. Reino Unido
13. Taiwán
14. Noruega
15. Francia

42. España

PISA 2009 (Competencia científica)

1.Shanghai
2. Finlandia
3. Hong Kong
4. Singapur
5. Japón
6. Corea del Sur
7. Nueva Zelanda
8. Canadá
9. Estonia
10. Australia
11. Holanda
12. Taiwán
13 Alemania
14. Liechtchestein
15. Suiza

36. España

viernes, 29 de enero de 2010

El problema de la jubilación es de fondo: la natalidad

Retrasar la edad de jubilación es necesario. Y se llegará hasta poner el tope legal del retiro a los setenta. No hay más remedio y cualquier oposición a esta medida, de los sindicatos, de los partidos políticos o de otras fuerzas sociales, es demagógica. El Gobierno por fin ha tomado una medida realista, aunque sea impopular.

Pero no nos engañemos. Esto no es más que un parche con el que se pretende tener un tiempo más a algunos trabajadores activos que paguen lo que tienen que cobrar los pasivos. Lo profundo de esta situación no es el debate sobre la edad legal de jubilación, sino el envejecimiento progresivo y acelerado de una sociedad.

Lo reflejaban ayer los datos de población que hacía público el Instituto Nacional de Estadística: a mediados de siglo, media España tendrá que 'cargar' con la otra media y antes, en dos décadas, el 46% de la población estará retirada o será menor de edad.

Es decir: el envejecimiento de la población en España se acelera y no hay indicios de que a corto plazo vaya a cambiar esta tendencia. Esto supone: menos fuerza laboral, menos capacidad de producción, menos educación, menos innovación... En definitiva, pérdida de competitividad como país en el mundo.

Urge que el Gobierno -todos los partidos y fuerzas sociales, porque esto sí que es política de Estado- se plantee una política decidida de fomento de la natalidad con medidas como:

-Rebajas fiscales importantes por los hijos.
-Medidas concretas de apoyo a la conciliación de la vida laboral y familiar.
-Impulso de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo.
-Facilitar la emancipación y el acceso a la vivienda de los jóvenes.
-Fomento real de la integración social de los inmigrantes.

Parar el envejecimiento de la población sólo se consigue con nuevos nacimientos o con la llegada de fuerza social y laboral joven de otros países. Es así y así lo han entendido países -Francia, Suecia, Noruega, Alemania...- que llevan muchos más años que nosotros con este problema.

Al margen

El ministro de Trabajo (15-IV 2009):
"Me gustaría que fuese la última vez que tuviera que discrepar con el gobernador del Banco de España. ¿De dónde saca que pueda acabar en déficit? Desmiento la mayor, la Seguridad Social está muy lejos de tener ningún problema".

El mismo ministro de Trabajo (29-IV 2010):
"Las pensiones no tienen ningún problema en los próximos diez años, pero si no hacemos nada, los que se jubilen entre 2020 y 2030 podrían empezar a tener algunos problemas",

Y Celestino Corbacho no ha asistido al Consejo de Ministros que ha aprobado la reforma la propuesta de reforma de la Seguridad Social más importante de los últimos años.

martes, 19 de enero de 2010

El mundo envejece -Europa más- y eso es malo

Gráfico sobre tendencias de la población publicado
en el núimero de diciembre del informe de coyuntura
del Servicio de Estudios de La Caixa

El debate sobre crecimiento demográfico, ecología y desarrollo económico ha alcanzado un punto clave: la máxima de que a menor fertilidad de una sociedad más desarrollada será se está poniendo en entredicho. Esta idea lanzada a partir sobre todo de los años sesenta del siglo pasado ha sido el leiv motiv de la mayoría de las políticas demográficas del mundo desarrollado y se ha exportado a zonas más desfavorecidas del planeta.

La tesis ha sonado casi al unísono entre expertos y políticos desde entonces, pero ahora, cada vez más científicos -parece que todavía no a los políticos- empiezan a dudar de sus planteamientos al analizar las consecuencias de las políticas de control de la natalidad: en los países desarrollados se ha producido un acelerado envejecimiento de la población y cuando se ha aplicado esa política en las naciones más pobres -en Asia, principalmente- a casi ninguna les ha servido para salir de ila pobreza. Recomiendo la lectura del reportaje Population: the family way publicado en el diario económico 'Financial Times' a propósito de la Cumbre de Copenhague, que incide sobre la revisión de los viejos planteamientos demográficos.

Con criterios similares ha publicado la profesora Marta Noguer un artículo titulado La vieja Europa ¿qué quiere ser de mayor? en el informe de coyuntura de diciembre de La Caixa. Es escueto, pero muy interesante para analizar un asunto en el que las autoridades no hacen demasiado hincapié, pero que es trascendental para prever el papel que Europa Occidental va a jugar en el mundo en los próximos decenios: el crecimiento demográfico.

El gráfico que acompaña esta entrada es muy significativo: en 2025, habrá menos población activa que en 2008 en la Europa de los 27 y la edad mediana de la población -la que resulta al dividir la población en dos mitades- será de 45 años. Nada que ver con la evolución que experimentarán los países emergentes, concretados en Brasil, India, Rusia y China en el artículo.

¿Consecuencias si no se pone remedio a esta situación? Dice la profesora Noguer: "De no producirse cambios drásticos en dichos patrones de crecimiento demográfico, se prevé que el envejecimiento avance, acarreando nuevos desafíos económicos para los estados europeos"

-Retrocesos en el Estado de Bienestar, porque cada vez habrá menos trabajadores que paguen las prestaciones sociales.

-Menos capacidad de producción. Si hay menos trabajadores activos lógicamente se producirá menos.

-Menos capacidad de innovación.
Menos jóvenes suponen también menos estudiantes, menos licenciados... y, por lo tanto menos capacidad para la innovación, la investigación y el desarrollo.

-En definitiva, menos peso de Europa en el mundo. Ya se está notando, como vemos con la creciente presencia de China e India en el concierto mundial y la reciente irrupcion de Brasil, que se está alineando ya con las potencias. "Es de esperar que la continuidad de la tendencia demográfica en Europa, si no se ve mitigada por aumentos notables de productividad, conlleve una retracción del peso económico de la UE en el mundo", prosigue Noguer.

El dinero es escurridizo y las inversiones se mueven hacia donde se puede obtener una mayor rentabilidad. Una gran multinacional que necesite instalar nuevos centros de investigación o de producción lo hará allá donde encuentre mejores condiciones, entre ellas y fundamental, una mano de obra preparada y competitiva..

Estímulos a la natalidad, mayor incorporación de la mujer al mundo laboral, retraso de la edad de jubilación y fomento de las políticas migratorias son algunas medidas que sugieren los expertos para paliar la situación.

Pero éstas pueden ser medidas coyunturales, como dice Noguer. Hace falta una reforma estructural general en Europa que propicie un aumento de la tasa de fecundidad o un crecimiento acelerado de la productividad. para mejorar las perspectivas de crecimiento a largo plazo.

"Hay que adaptar las instituciones y políticas vigentes a la nueva realidad -pues muchas surgieron cuando la estructura demográfica era muy distinta-y, posiblemente, acomodarse a un menor peso relativo de la UE en la economía global futura", concluye Noguer.

La ONU acaba de publicar un informe sobre la evolución demográfica del planeta que lleva a la misma conclusión: aunque de forma más lenta que en Europa, el mundo también envejece y los países más pobres empiezan a registrar tendencias demográficas similares a las de los desarrollados. Estima que en 2045 el número total de mayores de 60 años superará por primera vez al de menores de 14 en todo el mundo.

Y añade que "El envejecimiento de la población es profundo y tendrá implicaciones en todas las facetas de la vida" y menciona en concreto sus consecuencias en el ahorro, el consumo, los mercados de trabajo, las pensiones, los impuestos, la epidemiología, los sistemas de salud, la composición de las familias o los flujos migratorios.

Desde la economía, la producción y el mercado, el envejecimiento de la población es un asunto preocupante. Si se me permite, el hombre es la única materia prima indispensable para garantizar el crecimiento económico y el bienestar. Ésta sí que es una cuestión de vida o muerte, si se me permite el juego de palabras.

Es imposible reducir el paro al 8% en cinco años

Por mucho que se empeñe el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho. No hay más que hacer un ejercicio de realismo histórico. El gráfico adjunto recoge la evolución anual del Producto Interior Bruto (PIB) desde 1995 y el comportamiento del empleo, medido en términos de EPA en el mismo periodo. Veamos: una tasa de paro similar a la actual -que es del 19% de la población activa- se registró en 1998 y la economía española necesitó nueve años para reducirla al mínimo del periodo: 7,95%. ¿Qué caracterizó a esos once años que propiciaron la más fuerte creación de puestos de trabajo en la historia de España?

En ese periodo -ver de nuevo el gráfico- el Producto Interior Bruto (PIB) aumentó a ritmos superiores al tres por ciento en términos anuales con estas características:

-La construcción creció a ritmos históricos y generó empleos como nunca en la historia de España. Se dieron años en los que se construyeron 700.000 viviendas, que todos los expertos consideran que no volverán nunca. A esto hay que sumar los puestos de trabajo creados por la industria auxiliar de la construcción -electrodomésticos, saneamientos, industria cerámica,...-, también en niveles de récord.

-Los mejores años en la historia del turismo. Esta actividad aportó cientos de miles de empleos en los sectores directamente relacionados, como la hostelería y la restauración, y sustentó también parte del incremento de ventas, como el automóvil, espoleado por la demanda de vehículos de alquier. La fuerte actividad en el turismo incide también, por ejemplo en el transporte aéreo.

-Auge del consumo. Los bajos tipos de interés impulsaron como nunca, además de la inversión en vivienda, el consumo de todo tipo de bienes. La distribución comercial vivió una de mejores etapas con la creación de centros comerciales y grandes superficies, pequeños establecimientos, etc.

Todo esto es seguro que no se va a volver a repetir de aquí a 2015 y es muy poco probable que ocurra hasta 2020. porque estos sectores motores de la última etapa de crecimiento no van a volver a tirar de la economía en el mismo grado hasta dentro de mucho tiempo, si es que vuelven a esos niveles en algún momento.

Si el Gobierno apenas se ha planteado cómo cambiar el patrón de actividad, porque la Ley de Economia Sostenible se dedica a otras cosas, y ningún analista prevé un crecimiento medio anual superior al 3% de aquí a 2015, es metafísicamente imposible recortar la tasa de paro al 8% en los próximos cinco años, ni siquiera volver al ritmo de creación de empleo de los primeros años del siglo.

Al que esté más interesado en el asunto, recomiendo el trabajo que acaba de publicar Fedea titulado 'Propuesta para la reactivación del mercado de trabajo en España', que podéis encontrar en www.crisis09.es/propuesta.