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domingo, 29 de enero de 2023

La encrucijada de las pensiones públicas en Europa

¿Están garantizadas en el futuro las pensiones públicas? Absolutamente. ¿Están garantizadas en el futuro unas pensiones públicas como las conocemos ahora? En absoluto.

Éste puede ser el resumen del estado de las prestaciones por jubilación que reciben y recibirán los europeos en los próximos años y decenios. Los sistemas de Seguridad Social, uno de los pilares básicos del Estado del Bienestar, están haciendo agua, y los gobiernos se afanan ahora –quizá demasiado tarde– en intentar reconducirlos para evitar que ahogue las cuentas públicas. En España, por ejemplo, el pago de las pensiones supone ya el 12% del PIB y sigue creciendo.

El tema es que esa reconducción lleva indefectiblemente a una reducción de las prestaciones a las que tienen derecho los ciudadanos, y estos se resisten a perder sus derechos adquiridos. Esto es lo que tiene levantada en estos días a buena parte de la sociedad francesa, que reclama al Gobierno que retire una reforma que consideran lesiva.

Lea el artículo completo en Aceprensa.  

lunes, 3 de junio de 2019

Responsabilidad con las pensiones

Todos los organismos nacionales e internacionales, públicos y privados, han advertido sobre el futuro de las pensiones en España. La OCDE, el FMI, la Comisión Europea, el Banco de España, Fedea, la AIReF, CEOE, los servicios de estudios... Todos... menos los partidos y el Gobierno que en su momento ha estado en el poder. Y es de una grave irresponsabilidad. Porque esos políticos irresponsables saben, como los economistas que alertan, que las pensiones públicas no dan para más tal y como están ahora constituidas.

Quizá, el momento en el que más cerca se estuvo de lograr una reforma sensata fue la que propuso la comisión encargada por Cristóbal Montoro y presidida por Manuel Lagares... pero el propio Gobierno popular metió en un cajón la propuesta.

Este periódico se hizo eco de un estudio de la AIReF que debería preocupar. El organismo fiscalizador concluía, a la vista de importe medio de las pensiones y de los salarios, que es absurdo continuar distinguiendo para reducir el pago de las medicinas entre jubilados y trabajadores, sencillamente porque, en estos momentos en España, el poder adquisitivo de las pensiones es mayor que el de muchos salarios. ¿Por qué tiene que dejar de pagar una medicina un pensionista que vive solo y recibe 2.000 euros mensuales y sí lo tiene que hacer un funcionario que gana 1.800 y tiene dos hijos? ¿No es más lógico establecer el copago en función de la renta y no según el modo en el que ésta se obtiene?

Es un ejemplo más del galimatías en el que se ha convertido nuestro modelo de Seguridad Social porque todavía nadie se ha puesto a reformarlo en la profundidad que necesita. Cierto que en las últimas décadas se han puesto algunos remedios -elevación del número de años de cotización, cambios en el cómputo para recibir la pensión máxima...- pero otras han caído en saco roto, cuando no se han retirado incluso tras entrar en vigor, como el modo de cálculo de la revalorización anual.

El Banco de España acaba de advertir de nuevo sobre la obsolescencia del modelo y la imperiosa necesidad de que los partidos inicien cuanto antes su reforma. En este punto hay que criticar especialmente la irresponsabilidad del PSOE, porque cuando el reto está en la reducción de la factura de las pensiones, continúa incrementándola. Algo electoralmente muy agradecido, pero que es pan para hoy y hambre para mañana: en estos meses, la factura mensual de las jubilaciones está creciendo a un ritmo mensual del 5% -hasta niveles históricos- y para pagarla hay que recurrir a la deuda. Pero como la deuda también hay que pagarla, queda menos dinero para dedicarlo a la política social. ¿Ven la contradicción?

El futuro de las pensiones pasa inexorablemente por una reducción de las mismas en el futuro porque no hay -ni va a haber- suficientes trabajadores activos para sustentar a los pensionistas. Eso significa que hoy ya es tarde para dejarse de parches y diseñar un modelo sostenible que diversifique los ingresos y controle los gastos. Si leen el último informe anual del Banco de España se darán cuenta de que el Gobierno socialista ha hecho todo lo contrario de lo que allí recomienda el supervisor. Y en este tema, de verdad, es mejor hacer caso al Banco de España. Sobre todo si eres más o menos joven.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Pensiones: nos engañan a corto o nos engañan a largo

Recordemos algunas noticias sobre las pensiones que hemos leído en los últimos días. No hace falta irse demasiado hacia a atrás en el tiempo. Una: La nómina mensual de las jubilaciones lleva dos meses subiendo a un ritmo anual del 5% y supera los 9,2 millones de euros, debido a que se aplica la revalorización con base en el IPC aprobada por el Gobierno de Rajoy. Dos: Los últimos Ejecutivos se han fumigado ya el préstamo de 15.000 millones de euros solicitado al Tesoro -hacerse trampas en el solitario, se llama- para pagar las pensiones y el Ministerio de Trabajo ha dicho que necesitará tirar del fondo de reserva para pagar los 7.000 millones que suponen la extra de diciembre, con lo que la denominada hucha de las pensiones pasará a mejor vida.
Tres: El déficit de la Seguridad Social va a superar los 18.000 millones de euros este ejercicio. Cuatro: Después de decenios en los que los distintos gobiernos se han cansado de decir que las pensiones están garantizadas, por fin una voz oficial autorizada baja a la realidad y afirma que el modelo actual no es viable más allá de los 10 años: «El sistema tiene arreglo para los próximos 10 años, pero luego habrá que volver a pensarlo», comentaba el miércoles el secretario general de la Seguridad Social, Octavio Granado. Y añadía la causa que éste y otros Ejecutivos se han negado a poner en primer plano hasta ahora: la evolución demográfica en España, que llevará en los próximos años a la jubilación de la generación del baby boom.
En otras palabras, Granado dijo que o se le da la vuelta al sistema o se va al garete. Esto quiere decir que si usted tiene menos de 55 años -y a lo mejor lleva ya 25 cotizando- no tiene garantizada en estos momentos una jubilación digna... por la que ha estado pagando al Estado todos esos años de carrera profesional.
Y cinco: Con todo esto, es decir, con el sistema haciendo agua y con fecha de caducidad puesta ya casi oficialmente, los señores diputados del Pacto de Toledo deciden un acuerdo de revalorización anual que incluye una subida de las pensiones «en base al IPC real». Entre otras razones, porque «no nos ponemos permitir el lujo de tener pensionistas que sean pobres», como decía ayer la portavoz socialista en la comisión del Pacto de Toledo, Mercé Perea.
Pues bien, o esa revalorización «en base al IPC real» esconde alguna triquiñuela para que en la práctica no sea así, y los políticos nos están engañando a corto plazo, o vuelven a colocar otro peso sobre un modelo de pensiones públicas que ya no soporta nuevas cargas y nos están engañando a largo plazo.
Lo que no es de recibo es que, como decimos, a la vez que el Gobierno reconoce que esto no da más de sí, el Pacto de Toledo apruebe una medida que ahoga mucho más el sistema. No se me ocurre otra explicación que la electoral: hay que amarrar los votos de los nueve millones de pensionistas de hoy... ¿Dentro de 10 años? En política eso es un mundo, a pesar de la juventud de nuestros líderes políticos. Repito: si tiene menos de 55 años, póngase un poquito nervioso. Esta vez lo ha dicho el Gobierno, por fin.
(Publicado en El Mundo el 28 de septiembre de 2018: http://www.elmundo.es/economia/2018/09/28/5bad32eb22601dbd168b4679.html)

miércoles, 8 de marzo de 2017

"El Estado del Bienestar está en un callejón sin salida"




El economista Juan José Toribio (1940) es optimista, pero plantea con realismo los retos que tienen las sociedades occidentales, desde el difícil mantenimiento de la protección social hasta el populismo, pasando por el proteccionismo y la revolución tecnológica. Liberal formado en Chicago, dice que la creación de empleo es la mejor forma de acabar con la desigualdad que la crisis ha dejado en España.

-¿Qué ha quedado tras la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial? -Seguramente la crisis ya ha pasado, pero nos ha dejado unas consecuencias importantes, una sociedad muy distinta a la de antes. Ahora vivimos en sociedades muy endeudadas, en las que ha desaparecido una parte importante del tejido empresarial que ya no puede renovarse. Como consecuencia, se ha generado desempleo, en unos países más que en otros y en España especialmente. Ello ha creado desigualdad, tensiones sociales y populismo. Y todo esto se refleja en cambios en el pensamiento económico y en las formulaciones políticas.

-Nada de optimismos entonces...
-En el pensamiento económico gana terreno la idea de que el mundo ha entrado en lo que Larry Summers ha definido como «estancamiento secular». Se debe al legado de la crisis y a otras por dos razones. Una es la demografía. La población del mundo crece a un ritmo desacelerado y está envejeciendo. Con una población estancada y envejecida, el consumo no va a ser dinámico. La otra razón es tecnológica. La revolución digital exige muy bajos niveles de inversión, entendida como formación bruta de capital fijo -aunque sí en capital humano-. Si el consumo no despega por la demografía y la inversión tampoco por la tecnología, obviamente el PIB mundial estaría condenado a un estancamiento. Yo no participo de ese pesimismo, pero debemos reflexionar seriamente sobre ello.

-Coincidirá en que el resultado de la crisis ha sido un incremento de la desigualdad social. 
-Sí, pero con matices. La desigualdad en el mundo ha disminuido notablemente: hoy la renta per cápita de los países emergentes se ha acercado a la de los desarrollados y no se ha producido por iniciativas caritativas, sino por la globalización. Dentro de los países avanzados sí ha tenido lugar ese estancamiento de las rentas de las clases medias a la vez que se ha incrementado la de las clases más elevadas que han sabido acomodarse a las exigencias de la globalización: los nombres que hoy están entre las mayores fortunas del mundo no son los de antes, sino los empresarios que han sabido aprovechar esa globalización.

-¿Y en España? 
-España ha sido el país en el que la crisis ha impactado más en el empleo por la rigidez de nuestro mercado laboral. En otros sitios se reflejó en reducciones de salarios, trabajos a tiempo parcial, etc. Aquí no, y eso ha dado lugar a una fuerte caída de las rentas más bajas, que por eso han soportado mucho peor la crisis. Entonces, si el paro es la mayor causa del incremento de la desigualdad, la mejor forma de luchar contra ella es generar empleo. No hay otra.

-Para nivelar esa desigualdad algunos políticos propugnan las rentas básicas.
-La idea de una renta básica viene del liberalismo, de Milton Friedman, en los 60. Pero lo que entonces se preconizaba era una renta generalizada para sustituir a los esquemas de protección: educación y sanidad públicas, etc. Otra cosa muy distinta es una renta básica que se suma a la protección social habitual. Esto es mucho más discutible, porque no es viable. Cuando vivimos en sociedades como la española con un endeudamiento público superior al 100% del PIB e inevitablemente aumentando se impone un cálculo racional y profundo sobre su coste. Además, hay que ver si una renta de ese tipo tiene sentido en una sociedad en la que ya tenemos otras formas de protección social.

-Si eso no es posible, se condena a los de abajo. 
-Algunos hablan de un complemento al salario para los jóvenes -algo así como una subvención al trabajo- para facilitar el empleo. Creo que antes de pensar en subvencionar el trabajo hay que dejar de penalizarlo. En España son tales y tantas las regulaciones en el mercado laboral que generar empleo es difícil, y con un alto paro surgen los problemas de distribución de la renta y los populismos. Por eso el populismo español es distinto al de los países centroeuropeos. Aquél es de clases medias que han sufrido con la globalización y se basa en el nacionalismo. El populismo español es el de los expulsados del mercado de trabajo, que lo son por las distorsiones que tenemos y no por la maldad de los empresarios y de las clases altas. Y no tiene ningún sentido nacionalista.

-¿No se están diluyendo las fronteras entre el liberalismo y la socialdemocracia? 
-A nivel intelectual no, pero sí a la hora de afrontar los problemas. La aplicación de la ideología socialdemócrata en los últimos decenios nos ha llevado a una especie de callejón sin salida. Es muy difícil que podamos avanzar todavía más en el Estado de Bienestar porque requiere más subidas de impuestos. Por otro lado, ya es imposible desmontar la protección social. Así estamos. Los socialdemócratas son incapaces de proponer nada más porque han agotado su ideología y los liberales no encuentran fórmulas que den marcha atrás para hacer viable el sistema. Estamos en un momento de desconcierto. De ahí el Brexit, el proteccionismo, el independentismo...

-Ha citado el 'Brexit', que ya ha cambiado la historia de la UE.
-El problema del Brexit es que se trata de un proceso que nadie quería haber emprendido. No lo quería el Gobierno británico de Cameron y tampoco Europa. Dicho esto, los británicos tienen un punto fuerte en la negociación que es el superávit comercial que tiene la UE con el Reino Unido, de manera que si se cierran mercados sufriríamos más que ellos. Nuestra fortaleza es el sector financiero: el pasaporte único bancario, la libertad de movimientos de capital y de prestación de servicios bancarios. Este sector es casi un 9% del PIB británico. Por eso la City votó no al Brexit. Al Reino Unido le interesa casi exclusivamente el control de la circulación de personas. Para la UE, además, el problema no es sólo la mera negociación con el Reino Unido sino el peligro del contagio. Sobre todo, de que vuelva la desconfianza sobre la continuidad de la eurozona y del euro como moneda.

-Un riesgo que es real. En Francia, Marine Le Pen ya ha anunciado un referéndum para la salida.
-Y en Austria, en Holanda y en Alemania hay movimientos importantes en este sentido... Es un riesgo que para España y los países del sur sería catastrófico porque la simple sospecha de ruptura puede elevar otra vez las primas de riesgo. Debemos analizar qué tipo de Europa queremos. Si lo sabemos hacer bien, el paso siguiente será ir hacia más unión, pero en 2017 y 2018 el riesgo está ahí. Es el problema más importante ahora en la Unión Europea.

-Decía que una de las consecuencias de este callejón sin salida es el proteccionismo. Y Donald Trump es ahora quien mejor lo encarna.
-Sí, pero afortunadamente Trump lo va a tener muy difícil. Pretende instaurar no sólo un proteccionismo arancelario, sino también uno industrial -de localización de obras y servicios-, y un proteccionismo fiscal. Pero el comercio hoy es mucho más complejo de lo que Trump parece creer. Ya no es de bienes y servicios finales. Es un comercio de bienes intermedios llevado a cabo por empresas transnacionales, muchas con sede en Estados Unidos, que han establecido centros de producción en aquellas partes del mundo donde consideran que hacen una mayor contribución a la cadena de valor. Por tanto, lo que llaman importaciones en Estados Unidos son simples transferencias de empresas norteamericanas que están produciendo en el exterior para continuar haciéndolo en su país. Trump perjudicará así a muchas compañías estadounidenses transnacionales.

-¿Pero bajar impuestos es positivo, no? 
-Sí, pero la reducción impositiva de Trump viene acompañada de una fuerte subida del gasto público, sobre todo en infraestructuras, lo que supone un incremento del déficit y del endeudamiento. Esto, junto con la política más disciplinada de la Reserva Federal puede dar lugar a una subida seria de los tipos de interés de mercado y a un alza del tipo de cambio del dólar que puede hacer perder competitividad a los Estados Unidos y yugular la expansión que Trump pretendía con esta política. Así le ocurrió a Reagan.

-Usted es docente de una escuela de negocios. ¿Cómo adecuar el sistema educativo al mercado de trabajo en un modelo productivo como el español? 
-En primer lugar, hay que decir que el sistema productivo español ha sufrido un cambio importante como consecuencia de la crisis. Ahora tenemos una economía basada en la formación de capital y en la exportación. El incremento de las ventas fuera ha sido espectacular y el número de empresas exportadoras es enorme. Todo eso significa competitividad. Pero ha sido un cambio con un enorme coste social. El fuerte aumento de la productividad se ha producido por la caída de los costes laborales unitarios, debido al descenso de los salarios y, sobre todo, al aumento del paro. No podemos quedarnos ahí. Hay que impulsar que el incremento de la productividad, y por tanto de la competitividad, no sea pasivo, por desempleo, sino activo, por generación de nuevo capital humano adaptado a las necesidades de la economía. Y eso pasa inevitablemente por el proceso educativo.

-¿Y cómo se cambia ese modelo de enseñanza tan denostado? 
-La clave está en formar, estimular e impulsar al estamento docente. Los modelos educativos punteros en el mundo, como el finlandés o el coreano, se diferencian en el tratamiento que se hace de los profesores: se les forma, se les retribuye, se les incentiva y se les exige. También deberíamos avanzar mucho más en la educación dual. Parte importante de esa cualificación debe adquirirse dentro de la empresa. Después, hay que reconocer la importancia de la globalización y de la revolución tecnológica, de manera que los estudiantes deben profundizar mucho más en el conocimiento de la tecnología y en la apertura hacia resto del mundo. Nunca he entendido que la salida de jóvenes al extranjero se considere una desgracia.

-El problema está cuando se van obligados...
-Pero eso ha pasado siempre. Eso es lo que movió el sueño americano. Lo que hay que hacer es estar preparados para triunfar en esos nuevos ambientes. Cuando el que emigra no sabe hacer nada y tampoco conoce el idioma lleva una vida miserable y eso sí es una desgracia. Pero si es una persona preparada, seguramente tiene una vida mejor.

-¿Están garantizadas las pensiones públicas? 
-Las pensiones es el mejor ejemplo de ese callejón sin salida hacia donde nos ha llevado la socialdemocracia. El modelo actual es inviable por una simple razón demográfica. Se pueden buscar soluciones pero siempre serán parciales. Ahora las pensiones se financian con las cotizaciones sociales, que son un impuesto al trabajo, y en una sociedad con un 18% de paro y envejeciendo esto no tiene sentido. Otra cosa sería ir hacia un modelo de capitalización, complementado con un sistema de transferencias mínimas para aquellas personas que han alcanzado una cierta edad y no tienen otra fuente de ingresos. Esto último sí puede ser financiado con varios impuestos y no necesariamente con cotizaciones. Este plan de capitalización puede ser voluntario u obligatorio y puede ser gestionado por entidades privadas, concesionarias, o directamente públicas, pero siempre en régimen de capitalización. En Suecia lo han hecho así. Me temo que el debate político aquí no está planteado así.

-¿Hacia dónde lleva la revolución tecnológica?
-La revolución tecnológica no va a cambiar sólo la economía, sino toda la sociedad. Obviamente cambia la economía si sumamos los elementos de una conectividad cada vez mayor, el big data, la inteligencia artificial, las impresoras 3D... todo eso que llamamos economía digital y que se refleja no sólo en distintas fórmulas de comercialización, sino en todos los procesos de negocio. Pero esto está ya cambiando la sociedad, aparecen nuevas formas de trabajo y tendrán que cambiar las leyes laborales, la mentalidad sindical, etc. Un trabajo que los sindicatos llaman de calidad, que quiere decir un empleo de por vida haciendo siempre lo mismo hasta que uno se jubila, ya no se da y no va a volver.

-Usted ha sido asesor de la Asociación Española de Banca. Los bancos tienen ahora un serio problema de reputación.
-Sí, pero es un problema sobrevenido de otras áreas geográficas, como EEUU, y de otras instituciones, como las cajas de ahorros. Los bancos españoles lo han hecho razonablemente bien y no han tenido escándalos. Pero la sociedad no lo ha percibido así, aunque es lógico que los bancos sean populares a la hora de pedir un crédito y muy impopulares al pagar los intereses. No me parece justa la crítica que se hace a los bancos. A lo mejor, la banca no ha tenido la habilidad suficiente para hacer comprender a la sociedad cuál ha sido el verdadero problema. Y si toda la sociedad tiene esa percepción, también la tienen los gobernantes y los jueces, que forman parte de esa sociedad. No estoy de acuerdo en absoluto con algunas de las decisiones judiciales que se han tomado últimamente en relación las cláusulas suelo o las preferentes, por ejemplo. Hay mucho que matizar.

(Publicado en El Mundo el 4 de marzo de 2017)
@vicentelozano








jueves, 27 de enero de 2011

Más niños para 'cuidar' a más abuelos


La casualidad ha querido que en el mismo día hayamos conocido el acuerdo sobre pensiones y los últimos datos de natalidad de 2010 del Instituto Nacional de Estadística.

La reforma de las pensiones es imprescindible no por el aspecto coyuntural de la crisis económica actual sino por el factor estructural del cambio demográfico. Los cambios en la pirámide de la población son tan profundos que han dado al traste con un sistema que de mediados del siglo pasado.

Por eso se emprende la reforma del sistema de pensiones. Porque es insostenible y se hace necesario conseguir recursos para apuntalarlo. ¿Cómo? ingresando más dinero -al retrasar la edad de jubilación se consiguen dos años más de cotizaciones- y reduciendo los gastos -al ampliar el periodo de cálculo y jubilarse más tarde hay que pagar menos-.

Pero debemos estar de acuerdo en que estas medidas no son más que parches quer sirven durante un tiempo determinado. Es casi seguro que antes de diez años tendremos que olvidarnos de lo aprobado hoy porque ya no servirá.

El problema de las pensiones es demográfico. Es obvio que si se pudiera mantener en los pròximos años el ratio trabajador activo/pensionista en el nivel actual el sistema quedaría fuera de peligro.

Pero no parece que vayamos por ese camino, a tenor de datos difundidos ayer por el INE: la natalidad cayó un 3,2% en el primer trimestre de 2010 por "el efecto combinado de una menor fecundidad y de una reducción progresiva del número de mujeres en edad fértil".

Así, el número de hijos por mujer ha bajado hasta 1,38 y la edad de la primera maternidad ha subido hasta los 31,12 años.Menos nacimientos ahora significa menos activos en los próximos años que, además, tendrán que soportar a más pensionistas.

Bien está que se busquen soluciones para el final del proceso. Pero sería mucho más inteligente intentar enderezar el rumbo desde el inicio: El Gobierno y los agentes sociales tienen que ser conscientes de que una política integral de fomento de la natalidad es la mejor forma de asegurar el futuro del sistema de pensiones. ¿Cómo llevarla a cabo? Eso es tema para otro comentario.

viernes, 29 de enero de 2010

El problema de la jubilación es de fondo: la natalidad

Retrasar la edad de jubilación es necesario. Y se llegará hasta poner el tope legal del retiro a los setenta. No hay más remedio y cualquier oposición a esta medida, de los sindicatos, de los partidos políticos o de otras fuerzas sociales, es demagógica. El Gobierno por fin ha tomado una medida realista, aunque sea impopular.

Pero no nos engañemos. Esto no es más que un parche con el que se pretende tener un tiempo más a algunos trabajadores activos que paguen lo que tienen que cobrar los pasivos. Lo profundo de esta situación no es el debate sobre la edad legal de jubilación, sino el envejecimiento progresivo y acelerado de una sociedad.

Lo reflejaban ayer los datos de población que hacía público el Instituto Nacional de Estadística: a mediados de siglo, media España tendrá que 'cargar' con la otra media y antes, en dos décadas, el 46% de la población estará retirada o será menor de edad.

Es decir: el envejecimiento de la población en España se acelera y no hay indicios de que a corto plazo vaya a cambiar esta tendencia. Esto supone: menos fuerza laboral, menos capacidad de producción, menos educación, menos innovación... En definitiva, pérdida de competitividad como país en el mundo.

Urge que el Gobierno -todos los partidos y fuerzas sociales, porque esto sí que es política de Estado- se plantee una política decidida de fomento de la natalidad con medidas como:

-Rebajas fiscales importantes por los hijos.
-Medidas concretas de apoyo a la conciliación de la vida laboral y familiar.
-Impulso de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo.
-Facilitar la emancipación y el acceso a la vivienda de los jóvenes.
-Fomento real de la integración social de los inmigrantes.

Parar el envejecimiento de la población sólo se consigue con nuevos nacimientos o con la llegada de fuerza social y laboral joven de otros países. Es así y así lo han entendido países -Francia, Suecia, Noruega, Alemania...- que llevan muchos más años que nosotros con este problema.

Al margen

El ministro de Trabajo (15-IV 2009):
"Me gustaría que fuese la última vez que tuviera que discrepar con el gobernador del Banco de España. ¿De dónde saca que pueda acabar en déficit? Desmiento la mayor, la Seguridad Social está muy lejos de tener ningún problema".

El mismo ministro de Trabajo (29-IV 2010):
"Las pensiones no tienen ningún problema en los próximos diez años, pero si no hacemos nada, los que se jubilen entre 2020 y 2030 podrían empezar a tener algunos problemas",

Y Celestino Corbacho no ha asistido al Consejo de Ministros que ha aprobado la reforma la propuesta de reforma de la Seguridad Social más importante de los últimos años.