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lunes, 20 de noviembre de 2017

El Estado de 'superbienestar' no es bueno

El Estado de bienestar es bueno, y saludable para la sociedad, pero demasiado Estado de bienestar puede ser muy perjudicial. Porque hay casos en los que se produce un desbordamiento de las ayudas y subvenciones públicas a los individuos para acceder a distintos servicios que puede causar más problemas de los que soluciona.

Dinamarca está viviendo en estos años un caso de libro. Allí, los estudios universitarios son gratuitos y los estudiantes gozan de una ayuda pública de unos 1.000 euros mensuales -mensuales, sí- para manutención y vivienda mientras estudian la carrera. Para los socialdemócratas de pro, defensores de lo público, se trataría de una situación ideal: todo el mundo puede optar a un título y hacerlo, además, sin preocuparse de nada más. Ni de qué comer ni de dónde dormir, mientras esté estudiando. Se garantiza, pues, la igualdad de oportunidades. El joven sólo tiene que preocuparse de sacar adelante su carrera independientemente de su condición social.

Pero este supuesto paradigma del Estado de bienestar se ha tornado contraproducente: es tan fácil estudiar en la universidad... que muchos universitarios no estudian. Es lo que se conoce entre los daneses como los estudiantes eternos. Si no tengo que pagar matrícula apruebe o suspenda y cuento con 1.000 euros al mes para gastar sin dar ninguna explicación me puedo dedicar a estirar los estudios todo lo que pueda, porque cuando acabe la carrera ya no tendré este chollo. Así, muchos universitarios dedican cursos enteros a viajar o a hacer de todo menos estudiar, de forma que empezaba a ser normal que carreras de cuatro años se terminaran en cinco o seis cursos. A la postre, parece que aquí hay pocas diferencias entre nórdicos y latinos en la forma de pensar y de actuar.

Esta forma de proceder supone un doble perjuicio para las arcas del Estado: los estudiantes reciben más dinero público del necesario porque se les paga durante más tiempo esa generosa prestación. A la vez, tardan más tiempo en devolver al Estado esa inversión que supone la enseñanza porque empiezan más tarde a trabajar y, por tanto, a pagar impuestos. El Gobierno danés calcula en unos 260 millones de euros el coste anual de los estudiantes eternos.
El Ejecutivo intentó poner remedio en 2015 a esta especie de atropello con una ley que dotaba de más poder a las universidades para exigir resultados académicos a los alumnos, lo que provocó las consiguientes protestas por parte de los estudiantes. Ahora, parece que empieza a revertirse la tendencia y se reduce lo que también se conocía como el curso de la burla. Estado de bienestar, sí; pero el estado de 'superbienestar' puede ser más costoso y, al final, terminarán pagándolo los de siempre

miércoles, 8 de marzo de 2017

"El Estado del Bienestar está en un callejón sin salida"




El economista Juan José Toribio (1940) es optimista, pero plantea con realismo los retos que tienen las sociedades occidentales, desde el difícil mantenimiento de la protección social hasta el populismo, pasando por el proteccionismo y la revolución tecnológica. Liberal formado en Chicago, dice que la creación de empleo es la mejor forma de acabar con la desigualdad que la crisis ha dejado en España.

-¿Qué ha quedado tras la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial? -Seguramente la crisis ya ha pasado, pero nos ha dejado unas consecuencias importantes, una sociedad muy distinta a la de antes. Ahora vivimos en sociedades muy endeudadas, en las que ha desaparecido una parte importante del tejido empresarial que ya no puede renovarse. Como consecuencia, se ha generado desempleo, en unos países más que en otros y en España especialmente. Ello ha creado desigualdad, tensiones sociales y populismo. Y todo esto se refleja en cambios en el pensamiento económico y en las formulaciones políticas.

-Nada de optimismos entonces...
-En el pensamiento económico gana terreno la idea de que el mundo ha entrado en lo que Larry Summers ha definido como «estancamiento secular». Se debe al legado de la crisis y a otras por dos razones. Una es la demografía. La población del mundo crece a un ritmo desacelerado y está envejeciendo. Con una población estancada y envejecida, el consumo no va a ser dinámico. La otra razón es tecnológica. La revolución digital exige muy bajos niveles de inversión, entendida como formación bruta de capital fijo -aunque sí en capital humano-. Si el consumo no despega por la demografía y la inversión tampoco por la tecnología, obviamente el PIB mundial estaría condenado a un estancamiento. Yo no participo de ese pesimismo, pero debemos reflexionar seriamente sobre ello.

-Coincidirá en que el resultado de la crisis ha sido un incremento de la desigualdad social. 
-Sí, pero con matices. La desigualdad en el mundo ha disminuido notablemente: hoy la renta per cápita de los países emergentes se ha acercado a la de los desarrollados y no se ha producido por iniciativas caritativas, sino por la globalización. Dentro de los países avanzados sí ha tenido lugar ese estancamiento de las rentas de las clases medias a la vez que se ha incrementado la de las clases más elevadas que han sabido acomodarse a las exigencias de la globalización: los nombres que hoy están entre las mayores fortunas del mundo no son los de antes, sino los empresarios que han sabido aprovechar esa globalización.

-¿Y en España? 
-España ha sido el país en el que la crisis ha impactado más en el empleo por la rigidez de nuestro mercado laboral. En otros sitios se reflejó en reducciones de salarios, trabajos a tiempo parcial, etc. Aquí no, y eso ha dado lugar a una fuerte caída de las rentas más bajas, que por eso han soportado mucho peor la crisis. Entonces, si el paro es la mayor causa del incremento de la desigualdad, la mejor forma de luchar contra ella es generar empleo. No hay otra.

-Para nivelar esa desigualdad algunos políticos propugnan las rentas básicas.
-La idea de una renta básica viene del liberalismo, de Milton Friedman, en los 60. Pero lo que entonces se preconizaba era una renta generalizada para sustituir a los esquemas de protección: educación y sanidad públicas, etc. Otra cosa muy distinta es una renta básica que se suma a la protección social habitual. Esto es mucho más discutible, porque no es viable. Cuando vivimos en sociedades como la española con un endeudamiento público superior al 100% del PIB e inevitablemente aumentando se impone un cálculo racional y profundo sobre su coste. Además, hay que ver si una renta de ese tipo tiene sentido en una sociedad en la que ya tenemos otras formas de protección social.

-Si eso no es posible, se condena a los de abajo. 
-Algunos hablan de un complemento al salario para los jóvenes -algo así como una subvención al trabajo- para facilitar el empleo. Creo que antes de pensar en subvencionar el trabajo hay que dejar de penalizarlo. En España son tales y tantas las regulaciones en el mercado laboral que generar empleo es difícil, y con un alto paro surgen los problemas de distribución de la renta y los populismos. Por eso el populismo español es distinto al de los países centroeuropeos. Aquél es de clases medias que han sufrido con la globalización y se basa en el nacionalismo. El populismo español es el de los expulsados del mercado de trabajo, que lo son por las distorsiones que tenemos y no por la maldad de los empresarios y de las clases altas. Y no tiene ningún sentido nacionalista.

-¿No se están diluyendo las fronteras entre el liberalismo y la socialdemocracia? 
-A nivel intelectual no, pero sí a la hora de afrontar los problemas. La aplicación de la ideología socialdemócrata en los últimos decenios nos ha llevado a una especie de callejón sin salida. Es muy difícil que podamos avanzar todavía más en el Estado de Bienestar porque requiere más subidas de impuestos. Por otro lado, ya es imposible desmontar la protección social. Así estamos. Los socialdemócratas son incapaces de proponer nada más porque han agotado su ideología y los liberales no encuentran fórmulas que den marcha atrás para hacer viable el sistema. Estamos en un momento de desconcierto. De ahí el Brexit, el proteccionismo, el independentismo...

-Ha citado el 'Brexit', que ya ha cambiado la historia de la UE.
-El problema del Brexit es que se trata de un proceso que nadie quería haber emprendido. No lo quería el Gobierno británico de Cameron y tampoco Europa. Dicho esto, los británicos tienen un punto fuerte en la negociación que es el superávit comercial que tiene la UE con el Reino Unido, de manera que si se cierran mercados sufriríamos más que ellos. Nuestra fortaleza es el sector financiero: el pasaporte único bancario, la libertad de movimientos de capital y de prestación de servicios bancarios. Este sector es casi un 9% del PIB británico. Por eso la City votó no al Brexit. Al Reino Unido le interesa casi exclusivamente el control de la circulación de personas. Para la UE, además, el problema no es sólo la mera negociación con el Reino Unido sino el peligro del contagio. Sobre todo, de que vuelva la desconfianza sobre la continuidad de la eurozona y del euro como moneda.

-Un riesgo que es real. En Francia, Marine Le Pen ya ha anunciado un referéndum para la salida.
-Y en Austria, en Holanda y en Alemania hay movimientos importantes en este sentido... Es un riesgo que para España y los países del sur sería catastrófico porque la simple sospecha de ruptura puede elevar otra vez las primas de riesgo. Debemos analizar qué tipo de Europa queremos. Si lo sabemos hacer bien, el paso siguiente será ir hacia más unión, pero en 2017 y 2018 el riesgo está ahí. Es el problema más importante ahora en la Unión Europea.

-Decía que una de las consecuencias de este callejón sin salida es el proteccionismo. Y Donald Trump es ahora quien mejor lo encarna.
-Sí, pero afortunadamente Trump lo va a tener muy difícil. Pretende instaurar no sólo un proteccionismo arancelario, sino también uno industrial -de localización de obras y servicios-, y un proteccionismo fiscal. Pero el comercio hoy es mucho más complejo de lo que Trump parece creer. Ya no es de bienes y servicios finales. Es un comercio de bienes intermedios llevado a cabo por empresas transnacionales, muchas con sede en Estados Unidos, que han establecido centros de producción en aquellas partes del mundo donde consideran que hacen una mayor contribución a la cadena de valor. Por tanto, lo que llaman importaciones en Estados Unidos son simples transferencias de empresas norteamericanas que están produciendo en el exterior para continuar haciéndolo en su país. Trump perjudicará así a muchas compañías estadounidenses transnacionales.

-¿Pero bajar impuestos es positivo, no? 
-Sí, pero la reducción impositiva de Trump viene acompañada de una fuerte subida del gasto público, sobre todo en infraestructuras, lo que supone un incremento del déficit y del endeudamiento. Esto, junto con la política más disciplinada de la Reserva Federal puede dar lugar a una subida seria de los tipos de interés de mercado y a un alza del tipo de cambio del dólar que puede hacer perder competitividad a los Estados Unidos y yugular la expansión que Trump pretendía con esta política. Así le ocurrió a Reagan.

-Usted es docente de una escuela de negocios. ¿Cómo adecuar el sistema educativo al mercado de trabajo en un modelo productivo como el español? 
-En primer lugar, hay que decir que el sistema productivo español ha sufrido un cambio importante como consecuencia de la crisis. Ahora tenemos una economía basada en la formación de capital y en la exportación. El incremento de las ventas fuera ha sido espectacular y el número de empresas exportadoras es enorme. Todo eso significa competitividad. Pero ha sido un cambio con un enorme coste social. El fuerte aumento de la productividad se ha producido por la caída de los costes laborales unitarios, debido al descenso de los salarios y, sobre todo, al aumento del paro. No podemos quedarnos ahí. Hay que impulsar que el incremento de la productividad, y por tanto de la competitividad, no sea pasivo, por desempleo, sino activo, por generación de nuevo capital humano adaptado a las necesidades de la economía. Y eso pasa inevitablemente por el proceso educativo.

-¿Y cómo se cambia ese modelo de enseñanza tan denostado? 
-La clave está en formar, estimular e impulsar al estamento docente. Los modelos educativos punteros en el mundo, como el finlandés o el coreano, se diferencian en el tratamiento que se hace de los profesores: se les forma, se les retribuye, se les incentiva y se les exige. También deberíamos avanzar mucho más en la educación dual. Parte importante de esa cualificación debe adquirirse dentro de la empresa. Después, hay que reconocer la importancia de la globalización y de la revolución tecnológica, de manera que los estudiantes deben profundizar mucho más en el conocimiento de la tecnología y en la apertura hacia resto del mundo. Nunca he entendido que la salida de jóvenes al extranjero se considere una desgracia.

-El problema está cuando se van obligados...
-Pero eso ha pasado siempre. Eso es lo que movió el sueño americano. Lo que hay que hacer es estar preparados para triunfar en esos nuevos ambientes. Cuando el que emigra no sabe hacer nada y tampoco conoce el idioma lleva una vida miserable y eso sí es una desgracia. Pero si es una persona preparada, seguramente tiene una vida mejor.

-¿Están garantizadas las pensiones públicas? 
-Las pensiones es el mejor ejemplo de ese callejón sin salida hacia donde nos ha llevado la socialdemocracia. El modelo actual es inviable por una simple razón demográfica. Se pueden buscar soluciones pero siempre serán parciales. Ahora las pensiones se financian con las cotizaciones sociales, que son un impuesto al trabajo, y en una sociedad con un 18% de paro y envejeciendo esto no tiene sentido. Otra cosa sería ir hacia un modelo de capitalización, complementado con un sistema de transferencias mínimas para aquellas personas que han alcanzado una cierta edad y no tienen otra fuente de ingresos. Esto último sí puede ser financiado con varios impuestos y no necesariamente con cotizaciones. Este plan de capitalización puede ser voluntario u obligatorio y puede ser gestionado por entidades privadas, concesionarias, o directamente públicas, pero siempre en régimen de capitalización. En Suecia lo han hecho así. Me temo que el debate político aquí no está planteado así.

-¿Hacia dónde lleva la revolución tecnológica?
-La revolución tecnológica no va a cambiar sólo la economía, sino toda la sociedad. Obviamente cambia la economía si sumamos los elementos de una conectividad cada vez mayor, el big data, la inteligencia artificial, las impresoras 3D... todo eso que llamamos economía digital y que se refleja no sólo en distintas fórmulas de comercialización, sino en todos los procesos de negocio. Pero esto está ya cambiando la sociedad, aparecen nuevas formas de trabajo y tendrán que cambiar las leyes laborales, la mentalidad sindical, etc. Un trabajo que los sindicatos llaman de calidad, que quiere decir un empleo de por vida haciendo siempre lo mismo hasta que uno se jubila, ya no se da y no va a volver.

-Usted ha sido asesor de la Asociación Española de Banca. Los bancos tienen ahora un serio problema de reputación.
-Sí, pero es un problema sobrevenido de otras áreas geográficas, como EEUU, y de otras instituciones, como las cajas de ahorros. Los bancos españoles lo han hecho razonablemente bien y no han tenido escándalos. Pero la sociedad no lo ha percibido así, aunque es lógico que los bancos sean populares a la hora de pedir un crédito y muy impopulares al pagar los intereses. No me parece justa la crítica que se hace a los bancos. A lo mejor, la banca no ha tenido la habilidad suficiente para hacer comprender a la sociedad cuál ha sido el verdadero problema. Y si toda la sociedad tiene esa percepción, también la tienen los gobernantes y los jueces, que forman parte de esa sociedad. No estoy de acuerdo en absoluto con algunas de las decisiones judiciales que se han tomado últimamente en relación las cláusulas suelo o las preferentes, por ejemplo. Hay mucho que matizar.

(Publicado en El Mundo el 4 de marzo de 2017)
@vicentelozano








domingo, 2 de octubre de 2016

El problema no es Sánchez, es el socialismo


(Publicado en El Mundo el 29-9-2016. Antes de la caída, pero sigue vigente).

LA QUERIDA Actualidad Económica ha dedicado la portada de su número de septiembre a la crisissocialista. Con el título de ¿Cuándo se jodió el PSOE?, poco original pero efectivo, dedica un editorial y cinco páginas llenas de testimonios y de datos sobre la historia reciente del partido.Los autores del reportaje destacan dos momentos importantes en los últimos años de la formación de Ferraz. El primero es un día concreto: el 12 de mayo de 2010. Un Zapatero agobiado ya por las repercusiones de la crisis y apremiado desde casi todas partes del mundo -llamada telefónica del presidente Obama incluida- presenta en el Congreso su plan de recorte de 15.000 millones de euros, con unas medidas que incluyen dos pecados mortales para la moral política socialista, la congelación de las pensiones y bajada de sueldo a los funcionarios. Además de la retirada de una serie de beneficios sociales aprobados poco antes -dispendios les llamarían otros- como el cheque bebé. De repente, el PSOE se derechizó. «Acabamos de perder las próximas elecciones», dicen que dijo un entonces un destacado barón socialista.

El segundo momento clave de esta historia tiene nombre de día, pero es una movilización: el 15-M. Un movimiento que estaba ya larvado, pero que se manifestó justo un año después del «mayor recorte social de la democracia» en forma de concentración asamblearia en la madrileña Puerta del Sol. En el PSOE se vio esa movilización como la posibilidad de congraciarse con la izquierda social tras aquel 12-M de 2010. En la Puerta del Sol estaba «la misma gente que nos había llevado en volandas a La Moncloa después de que le prometiéramos 'no te fallaré'», recuerda José Maria Barreda en el reportaje. Había que aprovechar esa marea. Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces ministro del Interior, permitió que creciera aquella concentración... hasta que a los socialistas se les fue de las manos y apareció Podemos. En ese zigzag a derecha e izquierda entre 2010 y 2011 el PSOE ha perdido casi seis millones de votos: los que van de los 11,28 millones de papeletas de la segunda victoria de Zapatero a los 5,42 millones de la segunda derrota de Sánchez.

Para recuperarlos va a tener que hacer algo mucho más radical que cambiar al secretario general. Porque el problema de fondo del PSOE no es el liderazgo de Sánchez, sino la crisis de identidad de la socialdemocracia desde finales de siglo, que se ha acentuado durante la crisis económica. Es la gran paradoja de la recesión vivida en estos años: una depresión motivada por la desregulación financiera del sistema capitalista ha hecho mucho más daño a la izquierda política que a la derecha. ¿Por qué? Habrá que recordar, por ejemplo, cómo la administración republicana de Bush nacionalizó la banca del país tras la caída de Lehman. Es decir en la cuna del sistema capitalista se aplicaron recetas socialistas para frenar la sangría. Después, muchos gobiernos de izquierda se vieron forzados a aplicar políticas de recortes sociales contrarias a sus planteamientos. Los ciudadanos perdieron las referencias.

En ésas estamos. El espacio político socialista -socialdemócrata, si queremos- se ha comprimido casi hasta el ahogo, apretado por la izquierda y la derecha. La cuestión es mucho más profunda que formar Gobierno con Podemos o dejar gobernar al PP. Es un tema de fondo que no se arregla sólo con el cambio de líder. Tiempo habrá para comprobarlo, pero dudo de que un programa electoral presentado por Susana Díaz difiriera mucho de los de Sánchez. Ése es el verdadero drama del PSOE. Y también de la socialdemocracia europea.

@vicentelozano

jueves, 9 de julio de 2009

El Papa concreta su propuesta económica

La tercera encíclica de Benedicto XVI, 'Caritas in veritate', (La caridad en la verdad) ha tenido bastante repercusión mediática, con referencias en las portadas en la mayoría de los diarios, incluso el muy 'british' -con todo lo que ello significa- 'Financial Times' destaca hoy la llamada del Papa a un "retorno de los valores éticos".

En realidad, Benedicto XVI no hace más que adecuar a las circunstancias actuales -mundo globalizado, auge de la técnica, sociedad de la información...- lo que se ha denominado desde finales del siglo XIX cuando el Papa León XIII promulgó la Encíclica 'Rerum Novarum' con motivo de la primera industrialización, la doctrina social de la Iglesia. En el núcleo de toda actividad, también en la económica, financiera y empresarial, hay que buscar al hombre. La economía está regida por hombres y mujeres, necesita de hombres y mujeres y su destino son hombres y mujeres. Y la Iglesia, recuerda el Papa, "tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia a favor de una sociedad a medida del hombre" (n.9).

¿A medida de qué hombre? ¿Qué hombre que propone la Iglesia? Para Benedicto XVI la verdad del hombre está en su trascendencia: "Sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento. Encerrado dentro de la historia, queda expuesto al riesgo de reducirse sólo al incremento del tener" (n.11) y por eso, "el desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común" (n.69). Llega a decir que si el progreso económico no abarca la totalidad de la persona se asemeja más a una nueva forma de alienación.

El hombre como ser para la eternidad y el bien común como objetivo de cualquier actividad económica son las raíces del pensamiento católico sobre el desarrollo económico. El Papa se eleva así sobre la dicotomía neoconservadurismo-socialdemocracia y persigue algo más profundo que presentar un mero 'capitalismo con valores': "La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados" (n.9), escribe el Papa.

Evidentemente eso es así y está bien que nos lo recuerde. Pero, se esté de acuerdo o no con Benedicto XVI, es interesante leer -siempre con las premisas apuntadas- sus propuestas sobre la dignidad del trabajo, los sistemas de protección social, el beneficio empresarial, los mercados financieros, los sindicatos, la solidaridad internacional o el medio ambiente.

viernes, 19 de junio de 2009

Desconcierto socialdemócrata y elección de Barroso

Todavía colean las elecciones europeas del 7-J. El resultado sorprendió a buena parte de la izquierda del continente. "¿Cómo es posible hayan ganado los 'neocon' si son los que nos han llevado a la ruina en la que nos encontramos? Si desde que empezó esta crisis hemos hecho de la ideología liberal el demonio del que hay que huir", repiten desde que se conoció el recuento.

Me hace gracia observar cómo hay destacados exponentes del pensamiento único actual que se preguntan cuál es la causa de que la socialdemocracia no haya triunfado "después del espectacular derrumbe de la ideología neoliberal" (sic).

Con lo fácil que es reconocer la realidad. Si las elecciones son las encuestas cuasi perfectas, la explicación al triunfo del centro derecha no puede ser otra que la ideología neoliberal no ha sufrido ese "espectacular derrumbe", al menos todavía. A no ser que la idea de democracia de esos pensadores sea proporcional al grado de coincidencia de los votos con sus ideas: a mucha coincidencia, viva la democracia: si no hay coincidencia, los votantes se han equivocado.

La ciudadanía europea, pues, no le echa la culpa de la recesión la política económica liberal. Si no, en España hubiera ganado por goleada el partido socialista del presidente Zapatero, como ha ocurrido en el Reino Unido, en Alemania, en Francia e ¡increíble! en Italia. En realidad, los ciudadanos ha dicho que confían más en la política económica liberal que en la socialdemócrata para encarar la crisis. Independientemente de quién la haya causado.

Haría bien en preguntarse la socialdemocracia el porqué de esta situación. Debería analizar sus ideas económicas y su capacidad para ilusionar a los electores con propuestas novedosas y concretas. Quizá es que no las encuentren. Lo han tenido fácil con la que está cayendo en Europa. Y, al final, los líderes socialdemocrátas votan por la continuidad del neoliberal Durao Barroso al frente de la Comisión Europea. ¿Estas decisiones no desconciertan al ciudadano?