sábado, 21 de febrero de 2015

Preguntas a Ciudadanos


El cambio de modelo del mercado de trabajo que propone Ciudadanos es radical. Lo que explicaron el miércoles Luis Garicano, Manuel Conthe y Albert Rivera no es una reforma más, sino una nueva forma de contemplar las relaciones laborales en España, con iniciativas que han dado resultado en otros países, pero que aquí no se han experimentado. Por eso, para analizar esas iniciativas son necesarias previamente algunas respuestas.

1. Ciudadanos plantea un "seguro contra el despido mediante las aportaciones empresariales a una cuenta individual de cada trabajador de un 1% de su salario", a modo de lo que se ha denominado mochila austríaca, aunque no sea exactamente lo mismo. ¿Se trata de una nueva cotización empresarial? ¿Si es así, no puede convertirse en una nueva traba a la contratación? ¿El importe ahorrado se suma a la pensión pública?

2. Ciudadanos propone el contrato único para reducir la "precariedad laboral". Desde luego, es la mejor aportación para eliminar la dualidad que existe en el mercado laboral español entre los trabajadores indefinidos y los temporales, que hace que en las crisis siempre sufran mucho más éstos últimos. Pero, en la práctica, el contrato único hace temporales a todos los trabajadores. Si parte de la precariedad laboral se debe a los contratos de cortísima duración, ¿por qué el contrato único va a dar más estabilidad a los trabajadores en una economía, como la española, con sectores de por sí muy temporales y con una altísima rotación laboral, como el turismo, la hostelería y la construcción?

3. Ciudadanos quiere una bonificación a las empresas que despidan menos. También esto merece una explicación pormenorizada ¿Cuáles serán los criterios para conceder esa bonificación? ¿En función de los sectores, por tamaño, por situación financiera de la sociedad?

4. Ciudadanos incluye en sus propuestas un Complemento Salarial Anual Garantizado (CSAG) para completar la renta de los trabajadores con sueldos más bajos y empleos más precarios. Se trata de una especie de crédito fiscal, que tiene una ventaja: sólo lo cobrará quién esté trabajando, por lo que difiere mucho del renta básica universal, que utópicamente han propuesto algunos movimientos de izquierda. Desde luego esta iniciativa tiene mucho más sentido. Ciudadanos considera que supondrá unos 10.000 millones de euros al año. Ciudadanos dice que no supondrá más gasto público porque con el incremento del empleo se reducirá la partida destinada al subsidio de paro. Si las prestaciones por desempleo suman unos 25.000 millones de euros al año, para conseguir que no incremente el gasto habrá que reducir esa partida nada menos que a 15.000 millones. ¿Se va a sufragar mientras incrementando el déficit?

5. En cuanto al novedoso -en España- modelo de formación de los parados, que deja en manos del trabajador la responsabilidad de su recapacitación profesional mediante un cheque para pagar cursos y tutorías ¿Cómo asegurarse que el parado va a aprovechar esos recursos para formarse si la experiencia demuestra que el modelo actual no ha funcionado y apenas se conocen denuncias de quienes se consideran estafados por ese sistema?

Volvemos al principio. La apuesta de Ciudadanos es arriesgada y tan novedosa que hacer un pronóstico sobre su viabilidad es una aventura. Pero se agradece este aire fresco. Y la última pregunta, ¿alguien puede decir si el sistema propuesto es liberal o socialdemócrata?
@vicentelozano
(Publicado en @elmundo_orbyt el 19 de febrero de 2015. La fotografía es de Javier Barbancho.)

viernes, 23 de enero de 2015

Si Syriza lo hace bien...




Syriza y Podemos tienen muchas diferencias, aunque no lo parezca Alexis Tsipras dirige una coalición de partidos de izquierda constituidos previamente a su integración. Está en el Parlamento griego desde 2004 y en las elecciones de junio 2012 se consolidó como la segunda fuerza política del país, con el 26,9% de los votos y 71 diputados. Podemos sólo tiene de bagaje los cinco eurodiputados que logró en las elecciones europeas de 2015. El partido proviene de un movimiento asambleario, con líderes sólidos en la cúpula nacional, sí, pero muy líquidos en las bases:nadie sabe el control real que ejerce el aparato de Pablo Iglesias sobre los círculos. Syriza es una realidad; Podemos, una posibilidad.

Pero tanto a Syriza como a Podemos les interesa mirarse en el espejo del otro. Los griegos, porque su país es muy pequeño en el contexto del euro y puede presentar a sus electores a un hermano con posibilidades electorales en un grande de la UE. Podemos, para hacer ver en España que su plan de gobierno se puede llevar a la práctica sin que se hunda el mundo. El tiempo juega a favor de los españoles

Ésa es la cuestión. ¿Podrá un Gobierno de Syriza sacar a los griegos del estado de postración al que los ha sometido el rescate? Necesitará la ayuda de la troika, pero no es ninguna 'boutade' pensar que puede ser así.

A nadie le interesa que Grecia salga del euro. Ni a los helenos, porque a las consecuencias económicas habría que añadir las políticas, al quedarse pegado a Turquía sin el cobijo político europeo. Ni a Angela Merkel y al resto de la UE: cuando la recuperación empieza a encarrilarse, es demasiado riesgo abrir el melón de la fractura de la moneda única. Si no hay un vuelco de última hora, Tsipras podrá gobernar solo o con ayuda de otra formación. y en ese contexto hay que situar el panorama postelectoral en Grecia.

Así, lo razonable es un acuerdo entre el nuevo Gobierno y la UE. La situación financiera de Grecia ha cambiado sustancialmente en los últimos meses y un dato importantísimo es que el país ha alcanzado superavit primario en sus cuentas -ingresos públicos por encima de los gastos, descontando el pago los intereses de la deuda-. Hay que recordar que un pacto de 2012 entre el Eurogrupo y los helenos establecía una relajación de las condiciones del rescate cuando se alcanzase ese objetivo.

Es decir, la Troika y el nuevo Gobierno tienen un cierto margen para negociar una ampliación de de los plazos de pago de la deuda y una nueva reducción de los intereses. Hay analistas que dicen que un acuerdo de relajación de condiciones en el que no aparezca la palabra quita sería asumible por el Ejecutivo heleno y por los europeos, encabezados por el alemán. Esto permitiría a Syriza aplicar parte de su programa económico, no muy distinto por cierto-como el de Podemos- al que presentó el PSOE en las elecciones en 2011.«Somos un partido de izquierda radical, pero nuestras propuestas son razonables», decía el miércoles en este periódico Yanis Varoufakis, ministro de Economía en la sombra de Syriza.

¿Hasta que punto puede repercutir todo esto en España? Desde luego, este acuerdo Syriza-troika sería un experimento que se puede hacer en un país rescatado y que apenas supone un 2% del PIB de la UE. Unas condiciones muy distintas a las de España, que ni está intervenido y es la cuarta economía del euro. Pero sería muy interesante ver cómo va cambiando la cara de buena parte de los políticos españoles al ver que, según se acercan las elecciones generales, las recetas de Syriza van surtiendo efecto... con el beneplácito de la Troika.

@vicentelozano

viernes, 16 de enero de 2015

Yo no soy Charlie Hebdo


Me gustó esto de The New York Times, escrito por David Brooks, que publicó El País tras los atentados de París:

A los periodistas de Charlie Hebdo se les aclama ahora justamente como mártires de la libertad de expresión, pero seamos francos: si hubiesen intentado publicar su periódico satírico en cualquier campus universitario estadounidense durante las dos últimas décadas, no habría durado ni treinta segundos. Los grupos de estudiantes y docentes los habrían acusado de incitación al odio. La Administración les habría retirado toda financiación y habría ordenado su cierre.

La reacción pública al atentado en París ha puesto de manifiesto que hay mucha gente que se apresura a idolatrar a quienes arremeten contra las opiniones de los terroristas islámicos en Francia, pero que es mucho menos tolerante con quienes arremeten contra sus propias opiniones en su país.

Fíjense si no en todas las personas que han reaccionado de manera exagerada a las microagresiones en los campus. La Universidad de Illinois despidió a un catedrático que explicaba la postura de la Iglesia católica respecto a la homosexualidad. La Universidad de Kansas expulsó a un catedrático por arremeter en Twitter contra la Asociación Nacional del Rifle. La Universidad de Vanderbilt retiró el reconocimiento a un grupo cristiano que insistía en que estuviese dirigida por cristianos.

Puede que los estadounidenses alaben a Charlie Hebdo por ser lo bastante valiente como para publicar viñetas que ridiculizaban al profeta Mahoma, pero cuando Ayaan Hirsi Ali es invitada al campus, suele haber peticiones de que se prohíban sus intervenciones.

Así que esta podría ser una ocasión para aprender algo. Ahora que nos sentimos tan apenados por la masacre de esos escritores y directores de periódico en París, es un buen momento para adoptar una postura menos hipócrita hacia nuestras propias figuras controvertidas, provocadoras y satíricas.
Supongo que lo primero que hay que decir es que, independientemente de lo que uno haya publicado en su página de Facebook este viernes, es inexacto que la mayoría de nosotros afirmemos “Je suis Charlie Hebdo” o “Yo soy Charlie Hebdo”. La mayoría de nosotros no practicamos de verdad esa clase de humor deliberadamente ofensivo en la que está especializada ese periódico.

Puede que hayamos empezado así. Cuando uno tiene 13 años, parece atrevido y provocador épater la bourgeoisie [escandalizar a la burguesía], meterle el dedo en el ojo a la autoridad, ridiculizar las creencias religiosas de otros. Pero, al cabo de un tiempo, nos parece pueril. La mayoría de nosotros pasamos a adoptar puntos de vista más complejos sobre la realidad y más comprensivos con los demás. (La ridiculización se vuelve menos divertida a medida que uno empieza a ser más consciente de su propia y frecuente ridiculez). La mayoría tratamos de mostrar un mínimo de respeto hacia las personas con credos y fes diferentes. Intentamos entablar conversaciones escuchando en vez de insultando. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de nosotros sabemos que los provocadores y otras figuras estrafalarias cumplen una función pública útil. Los humoristas y los caricaturistas exponen nuestras debilidades y vanidad cuando nos sentimos orgullosos. Minan el autobombo de los triunfadores. Reducen la desigualdad social al bajar a los poderosos de su pedestal. Cuando son eficaces, nos ayudan a enfrentarnos a nuestras flaquezas en grupo, ya que la risa es una de las experiencias cohesivas por antonomasia.

Es más, los expertos en provocación y ridiculización ponen de relieve la estupidez de los fundamentalistas. Los fundamentalistas son gente que se lo toma todo al pie de la letra. Son incapaces de adoptar puntos de vista diversos. Son incapaces de ver que, aunque su religión pueda ser digna de la más profunda veneración, también es cierto que la mayoría de las religiones son un tanto extrañas. Los humoristas señalan a quienes son incapaces de reírse de sí mismos y nos enseñan a los demás que probablemente deberíamos hacerlo también. En resumen, al pensar en quienes provocan y ofenden, deseamos mantener unas normas de civismo y respeto y, al mismo tiempo, dejar espacio a esos tipos creativos y desafiantes que no tienen las inhibiciones de los buenos modales y el buen gusto.

Cuando se intenta combinar este delicado equilibrio con las leyes, las normas sobre el discurso y los ponentes vetados, se acaba teniendo una censura pura y dura y unas conversaciones acalladas. Casi siempre es un error tratar de silenciar el discurso, fijar normas sobre él y cancelar las invitaciones de los ponentes.

Por suerte, los modales sociales son más maleables y flexibles que las normas. La mayoría de las sociedades han logrado mantener ciertas reglas de civismo y respeto a la vez que han dejado la vía abierta a quienes son divertidos, descorteses y ofensivos.

En la mayoría de las sociedades, los adultos y los niños comen en mesas separadas. La gente que lee Le Monde o las publicaciones institucionales se sienta a la mesa de los adultos. Los bufones, los excéntricos y las personas como Ann Coulter y Bill Maher están en la mesa de los niños. No se los considera del todo respetables, pero se los escucha porque, con su estilo de misil descontrolado, a veces dicen cosas necesarias que nadie más dice.

Las sociedades sanas, en otras palabras, no silencian el discurso, pero conceden un estatus diferente a los distintos tipos de personas. A los eruditos sabios y considerados se los escucha con gran respeto. A los humoristas se los escucha con un semirrespeto desconcertado. A los racistas y a los antisemitas se los escucha a través de un filtro de oprobio y falta de respeto. La gente que desea ser escuchada con atención tiene que ganárselo mediante su conducta.

La masacre de Charlie Hebdo debería ser una oportunidad para poner fin a las normas sobre el discurso. Y debería recordarnos que, desde el punto de vista legal, tenemos que ser tolerantes con las voces ofensivas, aunque seamos selectivos desde el punto de vista social.

Traducción de News Clips. © The New York Times.

martes, 23 de diciembre de 2014

El espacio y el tiempo

'INTERSTELLAR' es un buen intento de divulgación de algo tan complicado como la física cuántica, la relatividad y los conceptos de espacio y tiempo. Lo consigue a medias, pero hay que reconocer que es muy difícil plasmar en argumento y en imágenes lo que ni la ciencia puede explicar todavía, como el comportamiento de la vida en un agujero negro. A nuestra mente le cuesta pensar que alguien pueda estar a la vez en dos sitios distintos o que el tiempo avance de forma diferente según el lugar donde uno se encuentre. El espacio y el tiempo nos tienen tan condicionados que nos complican explicar otras coordenadas distintas de las nuestras. Lean lo publicado ayer en este periódico sobre la película de Nolan.

Pero con internet y su desarrollo industrial podemos hacernos una idea rudimentaria de que nuestras tres dimensiones, cuatro con la temporal, son hasta cierto punto relativas. El concepto de espacio cambia cuando en un dispositivo que no ocupa más que un mechero guardas -y transportas- los cientos de documentos con los que trabajas para hacer una tesis doctoral.

Y también varía el concepto del tiempo. ¿Cuánto tardábamos hace unos años en desplazamientos, colas y trámites para realizar una simple transferencia bancaria? Hoy viajamos virtualmente hasta la Universidad de Harvard para consultar un manual de su biblioteca. Y un médico puede asistir en directo desde su despacho en Madrid, y sin apenas coste, a la conferencia que un colega pronuncia en Houston sobre el último tratamiento de una enfermedad.

Sólo estamos empezando en esta tremenda ruptura de nuestros modos de comportamiento. Ya se investiga en lo que se conoce como internet de las cosas, que es la interconexión de objetos para que se proporcionen información entre sí. Permitirá que las máquinas casi piensen. Por ejemplo, el ahorro de agua podría ser impresionante si pudiéramos calcular el consumo exacto que necesita cada planta según las condiciones de luz, humedad y temperatura en cada momento. Y el de combustible, si los vehículos escogieran por sí mismos la ruta más ecológica en función de las condiciones del tráfico.

Esta revolución alcanzará a la política. Si es seguro enviar dinero desde el teléfono móvil, ¿por qué no lo va a ser votar al candidato que consideremos más adecuado, al margen de listas cerradas y de cúpulas de los partidos? Esto tardará un poco más porque hay políticos por medio. Pero llegará. Y viviremos mejor, aunque sólo vivamos la vida de la Tierra.

@vicentelozano
(Publicado en El Mundo el 22 de diciembre de 2014)

martes, 25 de noviembre de 2014

La vida más fácil



LOS ÚLTIMOS números de las revistas Time y Bloomberg Businessweek han coincidido en la misma portada: una gran foto de la cantante estadounidense Taylor Swift. Se trata de dos publicaciones sobre la actualidad política y económica con fama de rigurosas y han reparado en la cantante por una cuestión que los editores consideran muy importante, tanto como para eso: darle las portadas. Swift ha emprendido un pleito contra Spotify, el servicio de venta de música en streaming -que permite oír canciones sin descargarlas- porque su agente considera que lo que recibe por los derechos de sus canciones es inferior a lo que le corresponde según las descargas de su música. Al margen de razones, la demanda de Swift ha provocado una tormenta en EEUU.

Spotify no es el único triunfador de internet que sufre acometidas desde -digamos- la economía tradicional. Hachette acaba de firmar un acuerdo con Amazon, tras un largo contencioso por los precios de los libros electrónicos de los autores. El servicio de vehículos compartidos Uber es acosado por autoridades y taxistas. Y no hablemos de Google, contra quien disparan a discreción empresas, gobiernos y organismos internacionales.

Sin embargo, éstas y otras empresas de internet son calurosamente acogidas por los ciudadanos. Spotify cuenta con más de 40 millones de usuarios y, de ellos, la cuarta parte paga ya por alguno de sus servicios. Amazon tiene sólo en España 6,5 millones de clientes y Uber mueve también millones de personas en todo el mundo, allí donde le dejan, claro. Y qué decir de Google, cuyos servicios se han convertido en una commodity de tal forma que preguntar a alguien si utiliza algún servicio de Google es casi como decirle si tiene fruta en casa.

Si estos servicios cumplen con la legislación y son beneficiosos para los ciudadanos, ¿quien tiene interés en cargárselos? Las nuevas tecnologías permiten poner en contacto directo al proveedor con el comprador -sea el servicio que sea- y hay intermediarios que ven peligrar su trabajo. Los ejemplos de Taylor Swift y de Hachette son significativos. ¿Qué pasaría si Spotify o Amazon pagaran directamente los derechos a la cantante o a los autores de la editorial? Probablemente bajaría el precio de las canciones y de los libros y, a la vez, los creadores se llevarían un mayor porcentaje por sus obras. Así, con una multitud de servicios. La vida sería más barata y, por tanto, más fácil. Cumplamos la ley, desde luego, y después, dejemos hacer.

@vicentelozano

(Publicado en El Mundo el 24 de noviembre de 2014)

lunes, 10 de noviembre de 2014

Decepcionante baño de irrealidad




A veces parece que viven en otro mundo. Que necesitan viajar en el autobús urbano o tomar una caña en cualquier bar. Y oír lo que dice la gente. O que alguien de confianza lo haga por ellos y les cuente. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez participaron ayer en sendos actos de sus partidos y volvieron a demostrar lo lejos que están de la realidad que palpa la sociedad. 
 

El primero, en unas Jornadas sobre Estabilidad y Buen Gobierno, hablaba de luchar contra la corrupción, tras apoyar expresamente a un José Antonio Monago que se acababa de contradecir sobre sus viajes a Canarias. Si el viernes afirmó que podía demostrar que se los pagaba de su bolsillo, ayer se comprometió a devolver al Senado el importe de los mismos. Es seguro que Monago no ha hecho nada distinto al resto de parlamentarios respecto a los viajes pagados, pero esa flagrante contradicción no le deja en buen lugar.

Rajoy presentó ayer en Cáceres el enésimo paquete de medidas anticorrupción. Más leyes que, debido a lo avanzado de la legislatura, es posible que el Parlamento no llegue a aprobar. Pero la sociedad necesita hechos. Y no sólo desde la Fiscalía, la Policía o la judicatura, sino desde los partidos. El presidente se comprometió ayer «a tomar la iniciativa contra la corrupción». Un discurso, sí, muy distinto del «hemos hecho todo lo posible contra la corrupción» de Dolores de Cospedal, pero demasiado parecido al que él mismo pronunció tras el descubrimiento de los papeles de Bárcenas. Y hasta hoy.

También aparentemente ajeno a lo que pasa, Pedro Sánchez presentó ayer en Sevilla al candidato socialista a la alcaldía de esa ciudad. En su mitin dijo que el resto de España debería mirar a Andalucía como ejemplo de «sociedad avanzada» porque está gobernada por los socialistas. Pero Andalucía es la región con más paro de España, un 35,2% de la población activa y más del doble que Madrid, Baleares, País Vasco, La Rioja o Navarra. Se encuentra entre las peores en fracaso escolar: un 28,8%, por una media nacional del 23,5%. Y tiene un PIB per cápita en 2013 de 16.666 euros, el segundo más bajo del país, sólo superado por Extremadura, y muy inferior de la media nacional, de 22.279 euros.

Y qué decir a las referencias de Sánchez a la corrupción -«¿Quién del PP va a hablar de corrupción?», dijo-, ¡en Sevilla!, donde el caso Mercasevilla destapó el mayor escándalo de uso fraudulento de dinero público, el de los ERE, con más de 200 imputados, entre ellos varios consejeros de la Junta. Y en el que dos ex presidentes regionales y del PSOE, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, podrían ser encausados en breve. Ni una palabra sobre esto salió de la boca de Sánchez.
«Irrealidad: cualidad o condición de lo que no es real». Pues eso. Los votantes, reales, van tomando nota.

@vicentelozano

domingo, 14 de septiembre de 2014

Formar para buscar empleo

SI HAY algo desasosegante al analizar estadísticas comparativas entre los países desarrollados es el ámbito educativo. En ninguna de ellas España sale bien parada. Lo vemos otra vez al leer en el informe Panorama de la Educación 2014 de la OCDE. Por ejemplo, un dato en el que salimos mal parados: la tasa de paro de los españoles con estudios superiores triplica la media de los países que integran esa Organización: si en la OCDE sólo un 5% de los licenciados y de los que han estudiado Formación Profesional de 3º grado está en paro, en España esa cifra sube al 14%.

Este periódico abría su edición de ayer con otro dato inquietante: «La mitad de los desempleados dejó de estudiar a los 14 años». Es decir, casi tres millones de españoles que no tienen trabajo apenas tienen posibilidades de encontrar un empleo cualificado. Por lo tanto, en condiciones más aceptables de sueldo y contratación que un trabajo temporal en verano, que son puestos de trabajo muy interesantes -y necesarios por la constitución de nuestro tejido productivo- cuando empiezas una vida profesional, pero que condicionan notablemente el desarrollo profesional y social si el trabajador no tiene posibilidades de salir de ahí porque le falta formación.

Sistema educativo y mercado laboral están íntimamente conectados. Casi no hace falta decirlo, porque no hay más que ver el nivel de paro en los países con las mejores clasificaciones de PISA. Y si el mercado de trabajo es competitivo, en cierto modo también tiene que serlo el sistema educativo de un país.

No hace falta decir que todos tenemos derecho a la educación. Ni que la falta de recursos familiares no debe impedir que nadie se quede sin estudiar y llegar hasta la etapa de ciclo de enseñanza que desee. Pero eso no está reñido con la exigencia personal al alumno, con la rendición de cuentas de los docentes, con la autonomía real de los directores, con el reparto de recursos según objetivos, con la apertura de los procesos de selección del profesorado...Si mejora el nivel formativo del país, lo hará el empleo.

¿Nunca se han preguntado por qué hay tres escuelas de negocios privadas españolas entre las diez mejores del mundo -pegándose con Harvard, el MIT o la London School of Economics, por ejemplo- y no hay ninguna universidad pública entre las doscientas mejores del planeta? Que responda el PSOE, que ha promulgado todas las leyes educativas de la democracia.

@vicentelozano

(Publicado en El Mundo el 10 de septiembre de 2014)