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sábado, 9 de mayo de 2020

El tuit de la revancha

A Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, no le han salido bien las cosas desde el punto de vista político en los últimos días. Ha tenido que rectificar lo que en un principio fue uno de sus éxitos: dar comida a los niños de la familias necesitadas que se habían quedado la del colegio, y le ha dimitido su directora general de Salud, Yolanda Fuertes, porque no estaba dispuesta a firmar la petición de la Comunidad de pasar a la Fase 1 de la desescalada.

La razón es que Ayuso consideraba que estaba en condiciones de controlar un posible repunte de la pandemia y prefería que la región volviera cuanto antes a la actividad económica. Fuentes decía que no, que todavía había que fortalecer el sistema sanitario antes que dar el siguiente paso. Al final, el propio consejero de Sanidad de la Comunidad, Enrique Ruiz Escudero, reconoció que Madrid no podía pasar el día 11 a la fase 1 del plan de desescalada. Como ha ocurrido.

Y al PSOE, el partido del Gobierno, le ha faltado tiempo para politizar de forma rastrera este tema y caer en la misma actitud que critica desde el Ejecutivo a los partidos de la oposición: tirarse a la cara los muertos. Ese "el Gobierno de la Comunidad de Madrid, ejemplo de gestión ineficaz e irresponsable ante la crisis del Covid" suena a revancha, ante una gestión que desde los ciudadanos era mucho mejor vista que la del propio Gobierno. El PSOE quiere hacer del grave error de Ayuso un arma de revancha para tapar las propias miserias. Las que lleva acumulando desde el inicio de la crisis. Y cae en el error del que deberíamos salir todos: la politización del dolor.

Sí. Lo hacen casi todos los partidos contra el Gobierno. Pero ahora sería muy cínico que el propio Gobierno lo criticara.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Decepcionante baño de irrealidad




A veces parece que viven en otro mundo. Que necesitan viajar en el autobús urbano o tomar una caña en cualquier bar. Y oír lo que dice la gente. O que alguien de confianza lo haga por ellos y les cuente. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez participaron ayer en sendos actos de sus partidos y volvieron a demostrar lo lejos que están de la realidad que palpa la sociedad. 
 

El primero, en unas Jornadas sobre Estabilidad y Buen Gobierno, hablaba de luchar contra la corrupción, tras apoyar expresamente a un José Antonio Monago que se acababa de contradecir sobre sus viajes a Canarias. Si el viernes afirmó que podía demostrar que se los pagaba de su bolsillo, ayer se comprometió a devolver al Senado el importe de los mismos. Es seguro que Monago no ha hecho nada distinto al resto de parlamentarios respecto a los viajes pagados, pero esa flagrante contradicción no le deja en buen lugar.

Rajoy presentó ayer en Cáceres el enésimo paquete de medidas anticorrupción. Más leyes que, debido a lo avanzado de la legislatura, es posible que el Parlamento no llegue a aprobar. Pero la sociedad necesita hechos. Y no sólo desde la Fiscalía, la Policía o la judicatura, sino desde los partidos. El presidente se comprometió ayer «a tomar la iniciativa contra la corrupción». Un discurso, sí, muy distinto del «hemos hecho todo lo posible contra la corrupción» de Dolores de Cospedal, pero demasiado parecido al que él mismo pronunció tras el descubrimiento de los papeles de Bárcenas. Y hasta hoy.

También aparentemente ajeno a lo que pasa, Pedro Sánchez presentó ayer en Sevilla al candidato socialista a la alcaldía de esa ciudad. En su mitin dijo que el resto de España debería mirar a Andalucía como ejemplo de «sociedad avanzada» porque está gobernada por los socialistas. Pero Andalucía es la región con más paro de España, un 35,2% de la población activa y más del doble que Madrid, Baleares, País Vasco, La Rioja o Navarra. Se encuentra entre las peores en fracaso escolar: un 28,8%, por una media nacional del 23,5%. Y tiene un PIB per cápita en 2013 de 16.666 euros, el segundo más bajo del país, sólo superado por Extremadura, y muy inferior de la media nacional, de 22.279 euros.

Y qué decir a las referencias de Sánchez a la corrupción -«¿Quién del PP va a hablar de corrupción?», dijo-, ¡en Sevilla!, donde el caso Mercasevilla destapó el mayor escándalo de uso fraudulento de dinero público, el de los ERE, con más de 200 imputados, entre ellos varios consejeros de la Junta. Y en el que dos ex presidentes regionales y del PSOE, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, podrían ser encausados en breve. Ni una palabra sobre esto salió de la boca de Sánchez.
«Irrealidad: cualidad o condición de lo que no es real». Pues eso. Los votantes, reales, van tomando nota.

@vicentelozano

martes, 10 de enero de 2012

La credibilidad de Rajoy


Mariano Rajoy ha reaparecido ante la opinión pública en una entrevista 'de aliño' concedida a la Agencia Efe. De aliño, como los toreros que sólo buscan salir del paso, porque del presidente del Gobierno cabe esperar que informe más y mejor de los temas candentes para los ciudadanos. Máxime cuando sus últimas decisiones han desconcertado a muchos de ellos y no sólo en la izquierda, como dijo el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ayer en la Cope.

Despachar la mayor subida del IRPF en muchos años con un "era dolorosa pero no había otra opción" sin explicar por qué se ha desautorizado a sí mismo no se entiende. Porque cuando Rajoy afirmaba durante la campaña electoral que no aumentaría los impuestos ya conocía que el déficit de 2011 sería muy superior al 6% previsto. Y en aquel momento ni insinuó la posibilidad de un incremento de la fiscalidad.

Como suena a sarcasmo que el presidente afirme que "va a dar la cara y no se va a "esconder" cuando es la primera vez que aparece ante los medios -mejor, ante un medio- desde que está al frente del Ejecutivo, hace ya veinte días, y no ha salido hasta ahora a dar explicaciones por las "dolorosas" decisiones que ha tenido que adoptar.

Pero lo más preocupante para el país, sobre todo en este crucial momento, es que Mariano Rajoy empieza a perder parte de su credibilidad. En una respuesta a Alex Grijelmo manifiesta que no entra en las previsiones del Gobierno subir el IVA. El problema es que, tras ver lo que ha pasado con el IRPF, muchos ciudadanos piensan que esas previsiones cambiarán si se modifican algunas circunstancias y, al final, subirá el IVA.

El ciudadano puede comulgar o no con un Gobierno y su presidente. Estará de acuerdo o no con la política que desarrolla, pero lo que nunca puede ocurrir es que el líder pierda la credibilidad ante la sociedad. Rajoy ha empezado a recorrer el camino de conseguirlo si no rectifica. Por descontado que no se le puede criticar por un cambio de opinión, pero los ciudadanos tienen derecho a conocer las causas que le han llevado a ello. Al menos, para intentar conocer algo tan importante para un político como su 'previsibilidad'. Para ello, tan importante como las decisiones que tome es cómo las comunique a la opiniòn pública.

Todavía estamos dentro de los cien días de gracia que se conceden a todo nuevo gobernante para que explique y ponga en marcha sus propuestas, pero es posible que el presidente del Gobierno haya desperdiciado ya los veinte primeros.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Elija: ineptos conocidos o corruptos por descubrir

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en octubre de 2008, antes del segundo encuentro que tuvieron en esta legislatura.


Estos días que se entrelazan en los titulares de la prensa, radio, televisión y medios digitales informaciones sobre la mala gestión económica del Gobierno y noticias sobre la corrupción que circunda al PP, está en el debate social cuál de las dos circunstancias pueden afectar más ante los ciudadanos en una consulta electoral.

Hay quien piensa que la crisis es lo peor con vistas a una consulta electoral. Al final, el escaso éxito de los socialistas para salir de la recesión nos está tocando los... bolsillos y eso no lo perdona el españolito medio. En el otro lado están los que piensan los ciudadanos nunca darán su confianza a un partido que no sabe controlar prácticas presuntamente corruptas e ilegales entre sus miembros.

En España ya vivimos una situación más o menos paralela a mediados de la década pasada. En 1993, una crisis económica atravesaba la economía occidental, mientras la sociedad española todavía estaba adormilada por la resaca de los fastos del 92, Expo de Sevilla y Juegos Olímpicos de Barcelona. El Gobierno tuvo que devaluar la peseta en mayo de 1993 y se presentó a las elecciones -que se celebraron un mes después- con 3,3 millones de parados. Pero lo que obligó al presidente González a adelantar las elecciones fueron los innumerables casos de corrupción -Mariano Rubio (1992), Filesa (1989), Guerra (1989), GAL (desde los ochenta),...-. A pesar de ello, el PSOE vuelve a ganar las elecciones, aunque perdió la mayoría absoluta en el Congreso que tuvo de hecho en la legislatura anterior.

Pero la crisis se agudiza, el paro alcanza los cuatro millones de personas y el presidente del Gobierno volvió a acortar la legislatura y el 3 de marzo de 1996 convocó otra vez elecciones. Mientras, los procesos judiciales de los casos de corrupción anteriores siguen su curso. Esta vez sí se da la vuelta a la tortilla: el PP es el vencedor, y consigue un número de escaños similar al del PSOE tres años antes, mientras que los socialistas pierden y obtienen los mismos diputados que el PP en la legislatura anterior.

Muchos analistas políticos piensan que fue la pésima gestión de la aquella crisis, también mundial aunque mucho menos profunda que la actual, la que desbancó a los socialistas del poder y no la corrupción.
Ahora, tenemos un Gobierno que no ha sabido hacer frente a la recesión económica, cuestión reconocida por economistas, organismos internacionales y hasta por insignes socialistas, y una oposición cada día más manchada por escándalos de corrupción en una parte de sus dirigentes y, además, con críticas constantes desde dentro y desde fuera sobre la gestión desde la cúpula del partido de ese particular calvario.

Sé que no son comparables los casos de corrupción del PSOE de los noventa -por número y por 'volumen' de cada uno de ellos- con el Gürtel y sus ramificaciones del PP de hoy pero, simplificando la cuestión, si hoy hubiera elecciones generales, ¿votaría usted por mantener un Gobierno que está llevando a la ruina al país con su gestión de la crisis económica o daria una oportunidad a un partido acusado y acosado por la corrupción?
Para concretar más. ¿Qué le incita más a cambiar el sentido de su voto, la subida de impuestos motivada por la ineptitud del Ejecutivo para hacer frente a la recesión o saber que un partido acusado de corrupción puede llegar a gobernar?