miércoles, 13 de marzo de 2019

Periodistas y otros trabajos

LA SEMANA pasada el Wall Street Journal ofertaba unos 40 nuevos puestos de trabajo en su redacción. No es mucho si se tiene en cuenta que el periódico emplea a casi 2.000 periodistas, pero, aparte de que no deja de ser noticia que un diario aumente su plantilla en estos tiempos, y aunque no es un fenómeno nuevo, me llamaron la atención las características de los empleos que requería el medio para su redacción, es decir, implicados en la elaboración de contenidos: «La lista incluye a desarrolladores, diseñadores, gerentes, ingenieros, especialistas en datos  y también, fundamentalmente, a periodistas. Ellos crearán contenido original, historias y noticias, y serán un recurso para el cambio en nuestras oficinas y áreas de cobertura», dice la nota del WSJ.

Las nuevas contrataciones se dividen en cinco grupos. Uno es el de jóvenes audiencias, y tiene los objetivos de crear contenidos específicos para este segmento emergente y conocer hacia dónde se dirigen los gustos de los lectores que hay que incorporar al periódico.

El segundo equipo se denomina Membership Engagement, algo así como interacción con la audiencia, y su finalidad es buscar productos con los que enganchar a los lectores. Esto va desde la búsqueda de titulares más adecuados, hasta la creación de boletines y newsletters, pasando los contenidos que animen a la participación de los lectores en el diario.

Un tercer equipo se dedica a la innovación y diseñará nuevos productos periodísticos. El cuarto está especializado en el análisis de datos; diseñará modelos predictivos sobre las preferencias de la audiencia. Y, por último, parte de las nuevas contrataciones se incorporarán al departamento de I+D, para investigar sobre la Inteligencia Artificial o las fake news.

Cierto que estos nuevos cometidos sólo los puedes poner en marcha cuando tienes periodistas que buscan y consiguen noticias que interesan a los lectores. Es imposible desarrollar comunidad o investigar por dónde van las nuevas audiencias si no hay buenos contenidos. Estos trabajos son parte de lo que supone la digitalización del negocio para la empresa periodística y tienen como objetivo ofrecer un mejor producto. Y el Wall Street Journal -como otros grandes diarios- lo puede hacer porque más de un millón y medio de lectores pagan también por la edición digital del diario. Dos conclusiones: si usted quiere un periodismo mejor, debe pagarlo. Y si usted paga, el periódico debe ofrecerle un periodismo mejor.

(Publicado en El Mundo el 12 de marzo de 2019)
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viernes, 15 de febrero de 2019

Un Spotify de periódicos



Apenas un mes después de presentar el iPad, en febrero de 2010, Steve Jobs viajó a Nueva York para explicar el revolucionario dispositivo a empresarios de los medios de comunicación, sector al que veía predestinado para el uso masivo de la tableta que acababa de inventar. Lo cuenta Walter Isaacson en su magnífica biografía del mito. «Me encantaría colaborar con el periodismo de calidad. No podemos depender de blogueros para acceder a las noticias. Necesitamos un periodismo real y una supervisión editorial ahora más que nunca, así que sería estupendo encontrar la forma de ayudar a la gente a crear productos digitales en los que puedan ganar dinero», explicaba Jobs, consciente de que la digitalización de la prensa estaba suponiendo una ingente pérdida de recursos al ofrecer gratis en la Red casi los mismos contenidos por los que cobraba en las ediciones impresas. Y le preocupaba ya entonces que esa caída de la rentabilidad llevara a una pérdida de independencia y de credibilidad.

Parece que Apple va a presentar el próximo mes de marzo uno de los productos ideados para esta intención de su fundador. Se trata de un servicio de suscripción de noticias de pago por el que el usuario podrá acceder a todos los medios que se apunten a la iniciativa abonando a Apple una suscripción, que podría ser de unos 10 dólares al mes. Sería como un Google News, pero que daría acceso a los contenidos que los medios están cerrando tras un muro de pago. Un Netflix o, mejor, un Spotify para la prensa.

Es algo ya vio también Jobs. En aquel viaje, el fundador de Apple cenó con ejecutivos de The New York Times y les explicó su idea de la suscripción digital: «Debería ser muy barato y muy sencillo: de un solo clic y de cinco dólares al mes como mucho». Y cuando uno de aquellos directivos le preguntó que, si se pusiera en marcha ese servicio, deberían compartir los datos de los usuarios Jobs fue tajante: «Podéis pedírselo a ellos, pero si no os lo dan de forma voluntaria, no me echéis la culpa. Vosotros sois los que habéis pasado años regalando vuestro periódico en internet sin anotar los datos de la tarjeta de nadie».

¿Puede ser el servicio de pago una tabla de salvación para los periódicos, al estilo de lo que ha hecho Spotify en el negocio de la música? A pesar de que la idea parece interesante, no acaba de convencer a los grandes grupos. En primer lugar, por el precio: 10 dólares al mes por tener acceso a cientos de publicaciones devalúa las suscripciones que ya existen, más caras y para un solo medio. Después, porque Apple se quedaría con un 50% de los ingresos y, en tercer lugar, porque, como hace siempre en estos servicios, no cederá los datos de los clientes.

Ahora bien, Apple News, que sólo está operativo en Estados Unidos, Reino Unido y Australia, tiene ya 85 millones de usuarios activos al mes, una buena audiencia potencial para incrementar lectores para el medio que se incluya en la plataforma. Pero no parece que este Spotify para medios sea una idea rentable; ya hay iniciativas, como Flipboard, que no tienen demasiado éxito. De hecho, de aquella cena de Jobs no salió ningún proyecto conjunto con The New York Times. Pero la iniciativa muestra que lo del gratis total en la prensa empieza, poco a poco, a pasar a la historia.

(Publicado en El Mundo el 15 de febrero de 2019)

sábado, 12 de enero de 2019

La RAE redefine periodismo... y se queda corta

La Real Academia Española (RAE) acaba de actualizar la definición del término periodismo, recogiendo una iniciativa realizada por el profesor de la Universidad de Navarra Ramón Salaverría. La anterior definición -la tomo del Diccionario Esencial, edición de 2006- definía periodismo como la "captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades". La entrada ha sido cambiada por "actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico".
Ya se había avanzado porque antes de 2006, la RAE definía periodismo como el "ejercicio o profesión de periodista", y periodista como "persona que compone, escribe o edita un periódico / persona que, profesionalmente, prepara o presenta las noticias en un periódico o en otro medio de comunicación".
Como se ve, los académicos, han ido cambiando a mejor la definición de periodismo a lo largo del tiempo, acomodándola a la realidad. La actividad periodística ya no se ejerce sólo en un diario impreso y tampoco consiste ya únicamente en escribir o editar textos.
No hay duda de que es mucho más completa la última versión, pero considero que se sigue quedando corta en un sentido: le falta añadir el para qué de esa actividad profesional: el fin que tiene el periodismo.
Es decir, en la nueva definición caben otras actividades profesionales que no son periodísticas. Por ejemplo, la publicidad; por ejemplo, la propaganda. Y, si me apuran, hasta los avisos en los trenes o en el metro, o los prospectos de los medicamentos pueden incluirse en la nueva definición que propone la RAE.
En estos tiempos en los que la desinformación y la denominada posverdad parece que se adueñan de los mensajes, hubiera sido adecuado aquilatar al máximo lo que se entiende -o se debería entender- por periodismo para evitar suspicacias. A lo mejor esta columna parece una tontería, pero si no tenemos claros los conceptos, no nos vamos a entender en las realidades. Ahora bien, periodistas tiene la RAE que saben mucho más de esto.
(Publicado en El Mundo el 8 de enero de 2019)

jueves, 8 de noviembre de 2018

La verdad, la realidad y Carmen Calvo

La sorprendente salida de la vicepresidenta del Gobierno el pasado viernes para intentar justificar el cambio de criterio del presidente del Gobierno sobre el delito de rebelión para los encausados por el 'procés' es mucho más que una desgraciada anécdota de quien se queda sin recursos para explicar lo inexplicable. Tiene una inmensa carga de profundidad, por la que Calvo está dispuesta incluso a hacer el ridículo ante los periodistas en la sala de prensa de La Moncloa y ante la sociedad entera. Es el concepto de que no hay más realidad de la que yo creo y, por tanto, la verdad es relativa en función de esa realidad artificialmente creada.
Porque si aceptamos ese cambio de criterio entre lo que en mayo era un delito de rebelión para el líder de la oposición no lo sea cinco meses después para el presidente del Gobierno sólo por el hecho de que ahora es presidente del Gobierno se abre una forma de hacer política sobre la que no se puede objetar nada, salvo su reducción al absurdo.
Porque si seguimos a Calvo se puede justificar ahora que no se derogue la reforma laboral, o que se haya olvidado el famoso impuesto a la banca, o que el PSOE exigiera un pacto por la educación cuando gobernaba el PP y se lo pase por el arco de triunfo ahora que está en el poder.
Porque, según Calvo, da igual que Sánchez dijera cuando estaba en la oposición que nunca pactaría con el independentismo para gobernar y lo hiciera a la menor oportunidad que tuvo para llegar al poder. O que aplaudiese desde la tribuna del Congreso la dimisión de un político alemán por plagiar su tesis y él mismo no dé explicaciones ante su más que flagrante copieteo y sí admita la salida del Gobierno de una de sus ministras por lo mismo.
Decimos que estamos en la era de la posverdad y de la desinformación -no son conceptos sinónimos- y echamos la culpa a algunos medios o a las redes sociales, como si éstas tuvieran vida propia. Pero también hay muchos gobernantes que intentan tergiversar la realidad para acomodarla a sus intereses. Y esto no es sólo propio de Trump, Bolsonaro, Salvini, Farage o Le Pen. Calvo quiso distorsionar la verdad con el Vaticano y le salió mal. Y el viernes lo volvió a intentar. No son anécdotas. Es una forma trapacera de hacer política.

sábado, 20 de octubre de 2018

Entender a Dios

Me puso sobre la pista Fernando Palmero el sábado por la noche. Julián Carrón, sacerdote, teólogo y presidente del movimiento Comunión y Liberación, y Pedro Cuartango, el periodista más intelectual que conozco y agnóstico declarado, iban a debatir sobre Dios, la libertad y el mal. Fue el pasado domingo en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo para clausurar el evento cultural Encuentro Madrid 2018. Me sorprendió encontrar a más de un millar de personas en el acto.
A veces, en este tiempo de posverdad, de desinformación, de superficialidad, en el que todo fluye sin solución de continuidad y con una rapidez acelerada -las noticias de la tarde dejan obsoletas las de la mañana un día sí y otro también-; en este tiempo en el que por las redes sociales nos llegan como si estuvieran al mismo nivel un buen artículo científico y la patraña del último indeseable, es un muy buen ejercicio pararse a pensar sobre esa segunda o tercera velocidad, de lo que, al final, depende todo. Y si te ponen en el camino una conversación entre Carrón y Cuartango, y te gustan esos temas, es una ocasión que no se puede desaprovechar. Así, oímos cosas de Spinoza, Heidegger, Camus, Sartre, Von Balthasar, Teresa de Jesús, Pablo de Tarso... buscando respuestas a las preguntas definitivas.
Hablaron de la libertad del hombre, que Cuartango -con Sartre- ve como una condena y Carrón como un don de Dios. Comentaron sobre la existencia del mal -¿quién pensó en las víctimas del Holocausto, de la guerra de los Balcanes o de los crímenes de Pol Pot?, se preguntó el periodista-, mientras que el teólogo volvía a fundamentar en la libertad la existencia del mal. Y conversaron sobre el concepto de elección. Si Dios es Dios debe querer a todos los hombres y sin embargo elige a unos pocos -a quienes da la gracia de la fe- para que le sigan, planteó Cuartango, a lo que Carrón contestó que precisamente esos hombres y mujeres deben ser los responsables de que Dios llegue a todo el mundo.
Cuartango dice que el «enigma para el que no hay contestación es la existencia de Dios». Es posible, porque si el hombre llegara a entender a Dios, en ese momento dejaría de ser Dios.
Y después de esto, volvamos a Twitter.
(Publicado en El Mundo el 16 de octubre de 2018)

sábado, 29 de septiembre de 2018

Pensiones: nos engañan a corto o nos engañan a largo

Recordemos algunas noticias sobre las pensiones que hemos leído en los últimos días. No hace falta irse demasiado hacia a atrás en el tiempo. Una: La nómina mensual de las jubilaciones lleva dos meses subiendo a un ritmo anual del 5% y supera los 9,2 millones de euros, debido a que se aplica la revalorización con base en el IPC aprobada por el Gobierno de Rajoy. Dos: Los últimos Ejecutivos se han fumigado ya el préstamo de 15.000 millones de euros solicitado al Tesoro -hacerse trampas en el solitario, se llama- para pagar las pensiones y el Ministerio de Trabajo ha dicho que necesitará tirar del fondo de reserva para pagar los 7.000 millones que suponen la extra de diciembre, con lo que la denominada hucha de las pensiones pasará a mejor vida.
Tres: El déficit de la Seguridad Social va a superar los 18.000 millones de euros este ejercicio. Cuatro: Después de decenios en los que los distintos gobiernos se han cansado de decir que las pensiones están garantizadas, por fin una voz oficial autorizada baja a la realidad y afirma que el modelo actual no es viable más allá de los 10 años: «El sistema tiene arreglo para los próximos 10 años, pero luego habrá que volver a pensarlo», comentaba el miércoles el secretario general de la Seguridad Social, Octavio Granado. Y añadía la causa que éste y otros Ejecutivos se han negado a poner en primer plano hasta ahora: la evolución demográfica en España, que llevará en los próximos años a la jubilación de la generación del baby boom.
En otras palabras, Granado dijo que o se le da la vuelta al sistema o se va al garete. Esto quiere decir que si usted tiene menos de 55 años -y a lo mejor lleva ya 25 cotizando- no tiene garantizada en estos momentos una jubilación digna... por la que ha estado pagando al Estado todos esos años de carrera profesional.
Y cinco: Con todo esto, es decir, con el sistema haciendo agua y con fecha de caducidad puesta ya casi oficialmente, los señores diputados del Pacto de Toledo deciden un acuerdo de revalorización anual que incluye una subida de las pensiones «en base al IPC real». Entre otras razones, porque «no nos ponemos permitir el lujo de tener pensionistas que sean pobres», como decía ayer la portavoz socialista en la comisión del Pacto de Toledo, Mercé Perea.
Pues bien, o esa revalorización «en base al IPC real» esconde alguna triquiñuela para que en la práctica no sea así, y los políticos nos están engañando a corto plazo, o vuelven a colocar otro peso sobre un modelo de pensiones públicas que ya no soporta nuevas cargas y nos están engañando a largo plazo.
Lo que no es de recibo es que, como decimos, a la vez que el Gobierno reconoce que esto no da más de sí, el Pacto de Toledo apruebe una medida que ahoga mucho más el sistema. No se me ocurre otra explicación que la electoral: hay que amarrar los votos de los nueve millones de pensionistas de hoy... ¿Dentro de 10 años? En política eso es un mundo, a pesar de la juventud de nuestros líderes políticos. Repito: si tiene menos de 55 años, póngase un poquito nervioso. Esta vez lo ha dicho el Gobierno, por fin.
(Publicado en El Mundo el 28 de septiembre de 2018: http://www.elmundo.es/economia/2018/09/28/5bad32eb22601dbd168b4679.html)

jueves, 13 de septiembre de 2018

La 'verdad política'

DICEN los clásicos que hay dos formas de entender la conducta humana en relación con la verdad. La trascendente y la inmanente. Muy resumido, la primera hace referencia al pensamiento aristotélico, que Antonio Machado resumió en aquel «el ojo que tú ves no es ojo porque lo veas, es ojo porque te ve». Es aquello de que 'la realidad está ahí fuera' y la verdad es adecuarse a ella.

La visión inmanente llegó con el 'cogito ergo sum' del francés René Descartes. Ese 'pienso luego existo' supone colocar a la persona por encima de la realidad, que sólo existe en función de ser pensada.

Es lo contrario del verso de Machado: el ojo es ojo porque tú lo ves. Y tiene muchas repercusiones en la vida cotidiana. Si la realidad se construye según la vamos pensando, los conceptos de verdad y mentira se convierten en términos subjetivos e inestables. La 'verdad política' es el mejor ejemplo de ello.

Da igual decir que tu seña de identidad es bajar impuestos y subirlos a traición en el primer Consejo de Ministros en el que tienes ocasión. O mezclar una verdad objetiva -«Europa no acepta los presos políticos»- con su verdad subjetiva -«en España hay presos políticos»- para concluir que Europa está con el independentismo catalán.

En un momento puedes afirmar que quieres terminar con las puertas giratorias y acto seguido organizar un auténtico carrusel de nombramientos de amiguetes. O prometer que una moción de censura es para convocar elecciones y cuando la has ganado añadir que las elecciones serán «cuando termine la legislatura». O llevar toda una legislatura diciendo que no repetirás en la lista electoral para comunicar finalmente lo contrario cuando llega el momento.

Y hay políticos capaces de dar su apoyo durante tres años y medio a otro partido para que gobierne en una comunidad autónoma y retirárselo diciendo que es el peor Gobierno que ha tenido esa comunidad autónoma en su historia. El grave problema es que quien adecua así la verdad a sus intereses ni siquiera es consciente de que miente porque no entiende la verdad. Y para botón, repasen la entrevista de Quim Torra con Ana Pastor del domingo pasado.

(Publicado en El Mundo el  martes 11 de septiembre. Foto: RTVE)