jueves, 3 de abril de 2014

Del Big Data al Big Brother

España tiene la segunda tarifa de conexión a internet más cara de la UE, según Bruselas. La oferta básica de banda ancha -que tampoco permite grandes alegrías en la transmisión de datos- está en una media de 38,7 euros al mes, sólo superada por Chipre con 46,2 euros, pero muy por encima de Lituania, 10,3. En Francia y en Italia se sitúan en torno a los 25 euros mes. ¿Se imagina que en algún momento los españoles podamos recibir internet totalmente gratis, sin pagar un solo euro por la conexión? ¿Y que esto se hiciera realidad en todo el mundo?

Es una nueva revolución de internet, que todavía no ha llegado, pero que ya hay quien la está preparando. En estos momentos existen tres proyectos que tienen el mismo objetivo: ofrecer internet gratis en todo el mundo. Y gratis significa que no habrá que pagar cuota de abono a ninguna operadora ni tarifas de ningún tipo. Bastará con un móvil y, desde la pequeña aldea de Douala (Camerún), hasta el pueblecito de los Andes peruanos Huacabamba, se podrá recibir sin más coste adicional todo el flujo de información que transmite internet.

Lo será en un plazo más corto de lo que pensamos porque ya hay tres proyectos que lo están preparando. Uno, Project Loon, impulsado por Google; el segundo, Internet.org, liderado por Facebook, y el tercero, Outernet, pilotado por el Media Development Investment Fund, un fondo que lucha por la libertad de expresión en todo el mundo. Cuando se materialicen alguna de estas iniciativas, el panorama de la industria de las telecomunicaciones habrá cambiado radicalmente. Y el de miles de millones de personas también. ¿De qué forma?

-Individuos. Las posibilidades de promoción social que permitiría el acceso gratuito a internet son ilimitadas. Millones de personas podrían tener acceso a la educación on line. Sería muy barato conectar un hospital de Houston con un ambulatorio de Lagos. Se sortearían de forma definitiva las limitaciones a la libertad de expresión y de información. Sería muchísimo más fácil, por ejemplo, organizar las tareas de atención, salvamento y reconstrucción ante catástrofes naturales o guerras. Y, por supuesto, la población de esos países gozará de una libertad de información como nunca hasta ahora. A cambio, querámoslo o no, los ciudadanos tendrán que asumir que estos avances dejarán en manos de las empresas que impulsan los proyectos muchos datos personales.

-Empresas. El nuevo modelo de comunicación va a revolucionar el sector de las telecomunicaciones. El negocio que tienen las operadoras por la transmisión de datos -su core businesshasta ahora- puede caer a mínimos. No obtendrán ingresos ni por las llamadas ni por los mensajes -con actores como WhatsApp en el mercado, por ejemplo- y tampoco por la conexión básica a internet en muchas partes del mundo que, por su atraso, eran mercados en expansión. Estas compañías tendrán que girar su negocio hacia la gestión de los contenidos; es decir, conseguir y mantener clientes por lo que ofertan en el tubo por el que fluye la información, no por la venta de ese tubo. En general, la difusión de la conexión a internet va a perjudicar a los intermediarios. Dos ejemplos valen: ¿por qué no puede ofertar directamente sus encantos turísticos un pequeño pueblo de la selva amazónica, sin necesidad de recurrir a agencias y touroperadores? ¿Y si en una comarca colombiana se cultiva café y los productores se ponen de acuerdo directamente con tiendas gourmetfrancesas para su comercialización?

-Estados. Como es lógico, las dictaduras y los gobiernos autoritarios tienen mucho que perder con este internet gratuito y libre. No tendrán el control efectivo de las comunicaciones porque cualquier persona se puede convertir, sin apenas coste, en un emisor de informaciones. Ya no podrán censurar Twitter, como ha ocurrido estos días en Turquía, ni impedir portales o buscadores como Google en un determinado territorio. Sin duda, el nuevo modelo de comunicaciones mundial podrá hacer un mundo más democrático y más libre....

-...y el Big Brother. ¿Sólo para construir un mundo mejor van a invertir estos gigantes de internet miles de millones de dólares en desarrollar sus redes mundiales? Evidentemente, no. Este loable fin va íntimamente unido a otro de carácter comercial. Google, Facebook y el resto de implicados buscan hacer negocio con estas iniciativas. Y ese negocio se basará en los billones de datos que pasarán periódicamente por esas redes que son sólo suyas, con los que tendrán información exclusiva sobre comportamientos, modas, tendencias, gustos, de los miles de millones de personas que podrán conectarse a internet. Es el negocio del Big Data -los metadatos- que llevará a cabo el Big Brother. Mucho más amable que el de George Orwell, pero Big Brother al fin y al cabo.


Proyecto Loon: Globos de Google en la estratosfera

En junio de 2013 un equipo de investigación de Google lanzó en la isla Sur (Canterbury, Nueva Zelanda) globos aerostáticos a unos 20.000 metros de altitud con los que conectaron a internet a un pequeño grupo de voluntarios residentes en la zona. La prueba resultó exitosa y en 2014 el Proyecto Loon ha continuado desarrollándose en otras zonas de la tierra. La idea de Google es establecer una red de globos alrededor del paralelo 40 -que recorre el centro de América Latina, la mitad meridional de África y Oceanía, e ir abriendo el servicio a nuevos habitantes.

El plan es colocar cientos de globos a esos 20 kilómetros, en la estratosfera para aprovechar los vientos. Mediante algoritmos se sitúan en el lugar preciso y se van moviendo según la velocidad y la dirección de los vientos, con lo que se consigue un gran ahorro de energía. Así, se dirigen y se mantienen en constante movimiento hasta formar un gran anillo alrededor de la Tierra que funciona como una red de comunicaciones.

Cada globo puede proporcionar conectividad a una zona de aproximadamente 40 km. de diámetro con una calidad comparable al 3G. Para las comunicaciones entre sí y con la superficie terrestre, losglobos van equipados con antenas cuya tecnología de frecuencia de radio permite que pueda ser recibida por cualquier dispositivo en la tierra.

"Suena a ciencia ficción, pero estoy segura de que el proyecto se va a hacer realidad y lograremos incorporar a la red a los millones de personas que aún no tienen acceso, para que puedan beneficiarse del progreso", afirmaba recientemente Sameera Ponda, chilena de padres hindúes, ingeniera por el MIT que trabaja en el proyecto.

Google no da cifras del coste del Proyecto Loon. Se limita a decir que su sistema es mucho más barato que las conexiones por satélite, pero una compañía que facturó 59.000 millones de dólares -el 4% del PIB español- y ganó 12.920 millones de dólares puede permitirse una inversión millonaria. Y no debemos olvidar que Google tiene también objetivos comerciales -como Facebook con su proyecto-: cuantos más habitantes estén conectados a internet más posibilidades tienen de incrementar su negocio.

Información en www.google.com/loon


Internet.org: Los drones de Facebook

Facebook lidera el proyecto internet.org. De él habló largo y tendido su fundador, Mark Zuckerberg, en Barcelona, en el último Mobile World Congress. En este programa están también grandes empresas del mundo de las telecomunicaciones, como Nokia, Samsung, Ericsson, Mediatek o Qualcomm. En esta iniciativa, la red de satélites se establecerá mediante drones. Facebook ha comprado por 60 millones de euros la empresa Titan Aerospace, que fabrica esos aviones no tripulados (Finalmente ha sido adquirida por Google). Uno de sus modelos, el S-60, escapaz de estar cinco mil horas en vuelo con baterías solares y puede cargar un emisor de 113 kilos. El proyecto prevé colocar 11.000 drones S-60 a unos 20.000 metros de altitud, que harán de emisores y repetidores de la señal que será captada por los dispositivos que estén en tierra.

La explicación del proyecto, en  www.internet.org


Outernet: Minisatélites con fines filantrópicos

El tercer proyecto se denomina Outernet y está impulsado por un fondo denominado Media Development Investment Fund (MDIF), fundado en 1995 por dos periodistas, el serbio Sasa Vucinic y el norteamericano Stuart Auerbach. En un primer momento su finalidad fue financiar medios de comunicación en países con problemas de libertad de expresión e información. En este proyecto están involucradas otras organizaciones de carácter filantrópico y participativo como Wikipedia, la plataforma de formación on lineCoursera, el sistema operativo de software libre Ubuntu, o la ONG Profesores sin Fronteras. Outernet busca 12.000 millones de dólares para desarrollar su red.

El plan es colocar unos 150 nanosatélites, unos pequeños cubos de diez centímetros de lado que se situarán en una órbita baja, a unos 150 kilómetros de la Tierra. Situarlos a esa altura requiere mucha menos energía. Los satélites enviarán las señales a cientos de estaciones que estarán en la superficie. Y desde allí, cualquier persona con un dispositivo adecuado -un simple móvil, por ejemplo- estaría en condiciones de recibir la señalde internet, sin censura y, además sin que las autoridades políticas tengan la posibilidad de clausurar esa comunicación. Outernet tiene previsto acabar el primer prototipo del nanosatélite el próximo mes de junio y realizar el primer despegue a mediados de 2015.

Outernet es el más filantrópico de estos proyectos. "Será capaz de eludir la censura, asegurar la privacidad y ofrecer un servicio de información universalmente accesible sin coste alguno para todos los ciudadanos del mundo. Es la versión en la era digital de la onda corta en la radio o el BitTorrent desde el espacio y su objetivo principal es cerrar la brecha de la información mundial", dicen sus impulsores. Claro que esos "4.000 millones de nuevos participantes en el mercado global" también se pueden convertir en clientes en servicios básicos como la educación o de productos comerciales. Con todo, si Outernet, Google o Facebook logran sus objetivos, se habrá dado un gran paso hacia la igualdad.

Información sobre este proyecto en www.outernet.is

domingo, 23 de marzo de 2014

La guerra de las 'telecos' por la televisión

La guerra de la televisión no es sólo la de Antena 3 y Telecinco por el liderazgo de audiencia. Ni la de RTVE por no convertirse en residual. Ni la de los canales de TDT peleando por su cuota del 1%. Hay otra gran batalla en el mercado televisivo español y la están librando las operadoras de telecomunicaciones. Lo vemos estos días con el inicio de los campeonatos mundiales de Fórmula 1 y Motociclismo. Telefónica ha aprovechado estos dos acontecimientos de interés nacional y mundial ­para comercializar, con un gran despliegue publicitario, Movistar Fusión TV, producto que incluye en un mismo paquete, la línea fija, el móvil, el ADSL y su oferta televisiva.

Esta campaña ha coincidido con la compra de la operadora española Ono por la británica Vodafone. La operación tiene varios motivos. Javier Montalvo explicaba uno de ellos en el diario Expansión: «Los 7.200 millones que invertirá Vodafone es el precio que tiene que pagar (...), sobre todo, para no quedar descolgado en un segmento de actividad que marcará la diferencia en el negocio de las telecomunicaciones: la televisión de pago». Entre otras cosas, Ono aporta a Vodafone la fibra óptica y, sobre todo, TiVo, un servicio de televisión a la carta sobre el que tiene la exclusiva para Europa. Vodafone logra así un producto fiable para llenar de contenidos.

El avance de la tecnología y el gran impulso de las compañías nativas de internet han provocado un giro radical en los ingresos de las operadoras. Las llamadas apenas son negocio, se ofrecen como commodity junto a otras ofertas y probablemente morirán como fuente de ingresos en cuanto las distintas empresas de internet empiecen a ofrecerlas gratis. Es un proceso similar al que han registrado los SMS, que casi no suman ya por culpa de WhatsApp, Line y similares. ¿Cuánto han dejado de ingresar las operadoras, al perder los SMS de Navidad y Nochevieja?

Una compañía telefónica basa su negocio en la explotación de los canales de comunicación. Y sólo le interesa lo que circule por él en función de su peso: cuanto más sofisticada sea la información que transmita ­–audios, vídeos, juegos– más puede cobrar.

Pero internet ha cambiado radicalmente la situación porque está consiguiendo que los ciudadanos puedan usar esos canales de forma casi gratuita. Así, las empresas tienen que buscar en la oferta de contenidos y servicios los ingresos que pierden en su negocio tradicional. El más apetitoso de momento es la televisión de pago, pero las operadoras se convertirán también en plataformas de distribución de contenidos formativos e informativos y no sólo de ficción. Por cierto, un panorama alentador para vislumbrar algún remedio a la maltrecha situación de la prensa.

@vicentelozano
(Publicado en @elmundo_orbyt el 22 de marzo de 2014)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Google no es el problema

Bienvenidos sean los ¿30, 50? millones de euros que los editores de medios españoles podrán percibir de Google y de otros agregadores si finalmente se lleva a cabo la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que prepara el Gobierno. Menos da una piedra, pero ese dinero en absoluto va a ayudar a solucionar la crisis de la prensa y se puede convertir en un problema.

Hay que recordar que la tasa apenas ha tenido éxito en los países en los que se ha implantado. En Alemania, por ejemplo, esa tasa se puso con carácter voluntario: los periódicos podían decirle a Google que no indexara sus contenidos, pero los que lo hicieron perdieron tantos puestos en las clasificación de las noticias más vistas que volvieron a la situación anterior.

En Francia, se llegó a un acuerdo mixto: los agregadores pagarían a los editores 60 millones de euros al año a cambio de enlazar sus contenidos. Pero Google consiguió que la ley obligue a que ese dinero se utilice para financiar la transición digital de los periódicos y que sólo se distribuyera tras la presentación de proyectos concretos. Como decía anoche en Twitter Maria Ramírez, corresponsal de El Mundo en Nueva York, en Estados Unidos la 'tasa Google' no está en ninguna discusión sobre la crisis de la prensa. Y allí ha debatido sobre el tema hasta una Comisión del Senado.

Un diario nacional titula hoy un tanto cándidamente "Se acabó el gratis total en internet". ¡Es el mismo periódico que, en estos momentos, está regalando a los lectores cientos de informaciones, fotografías y vídeos a través de su pagina web! Ése es el gran error que podemos cometer. Que nos creamos que se ha dado un paso en la salvación de los medios impresos. Y en absoluto es así.

En primer lugar porque ya no se pueden poner puertas al campo. Si la esencia de una red física es la existencia de nudos entre las cuerdas, la esencia de la red virtual, Internet, es la posibilidad de enlazar. Nadie va a terminar ya con el enlace. Google, Bing, Yahoo... pagarán a los editores, sí, pero ¿por qué no se le exige lo mismo a Twitter, Facebook, Menéame,... que también consiguen ingresos con contenidos de los medios que suben sus usuarios? ¿Y esas webs supuestamente informativas que viven de seleccionar y publicar a primera hora de la mañana las informaciones que producen otros?

Repito que para las maltrechas cuentas de las editoras vendrán bien esas decenas de millones, pero no es ése el camino. Habrá que ver cómo se pone en práctica el cobro y la distribución de la tasa, quién va a decidir qué dinero va a cada quién y en virtud de qué criterios. Pero, sobre todo, sería muy triste que la 'tasa Google' nos distrajera de la cuestión fundamental: la prensa necesita una reconversión profunda que en España apenas hemos empezado a plantearnos. Y que, desde luego, no pasa por otra subvención, sea del Estado o de unas empresas privadas como Google y los demás agregadores.

P.D. Anoche, vi en Orbyt la portadilla del suplemento EM2 que está hoy en la calle y tuiteé que me habia gustado mucho. Uno de los redactores de Orbyt, Alfonso Mateos, me contestó enseguida: "La busco en Google y nada, oye". A lo mejor por ahí atisbamos una posible solución.

@vicentelozano
Publicado en elmundo.es el 15 de febrero de 2014

miércoles, 5 de marzo de 2014

El paro cruza su Cabo de Hornos

Buenos datos de paro registrado en febrero, en todos los sentidos. En esta noticia de El Mundo tienen todas las cifras. Es la primera vez que cae el número de desempleados en ese mes desde 2008. Y es muy positivo que crezca la afiliación en una etapa del año más propicia para los despidos, dada la estacionalidad del mercado de trabajo español.

Pero sobre todo es esperanzador porque, por primera vez desde el inicio de la crisis económica, hay más españoles cotizando a la Seguridad Social que un año antes. Al finales de febrero, contribuían 16,212 millones de ciudadanos, un 0,38% más que hace un año. También es significativo el incremento neto de 44.000 autónomos en los últimos doce meses. En términos desestacionalizados -sin contar las variaciones que suponen los distintos momentos del año- llevamos siete meses consecutivos de caída del desempleo.

¿Qué supone este dato? La constatación de que la economía española es capaz ya de crear empleo, con un crecimiento exiguo, que fue del 0,2% del PIB a finales de 2013 y rondara esa cifra en el primer trimestre de este ejercicio.

No es aventurado decir, por tanto, que tambièn en el desempleo, España está cruzando el Cabo de Hornos, tomando la palabra al presidente del Gobierno.

Es cierto que el mercado de trabajo mantiene sus deficiencias, que se manifiestan fundamentalmente en el desmesurado uso de la contratación temporal, pero en estas condiciones, nadie duda de que es mejor trabajar, aunque sea por poco tiempo, que permanecer en el paro

Como siempre habrá que esperar a la EPA para hacer análisis más profundo de la realidad laboral. Y, como afirmaba el mes pasado, todavía tenemos mucho paro para mucho tiempo.  Bajar del 26% actual a tasas más o menos aceptables -en torno al 10%, por ejemplo- va ser cuestión de muchos años. Pero es una alegría que el empleo empiece a espabilarse en España. Este dato debería ser bien recibido por todos, también por la oposición.

@vicentelozano en Twitter

sábado, 1 de marzo de 2014

'Deconstruir' los periódicos

El EGM acaba de publicar el Marco General de los Medios en España 2013, un resumen del consumo de información y entretenimiento en la sociedad. Un dato es que la penetración –con perdón, pero así lo llaman– de los periódicos, entendida como el porcentaje de ciudadanos que lee diarios, fue del 32,4% en 2013, ¡el mismo nivel que en 1991! Con la agravante de que en aquellos años la prensa era un negocio rentable y hoy, con el mismo porcentaje y más habitantes, ha dejado de ser un negocio. Un dato pesimista, sí, pero necesario conocer la realidad y ponerle remedio.

En julio de 2009, el banco de inversión Morgan Stanley encargó a Matthew Robson, un adolescente de 15 años que había pasado unas semanas en la firma como parte de un programa educativo en el Reino Unido, que hiciera un informe sobre el uso que hacían él y sus amigos de internet. Los resultados fueron sorprendentes. El documento dio la vuelta al mundo y se convirtió en una pieza clave para valorar la estrategia a medio y largo plazo de las empresas editoras.

¿Qué decía el joven Matthew? Había dos conclusiones que merece la pena destacar. La primera, que los adolescentes británicos que conocía no leían periódicos. "Ninguno de mis amigos encuentra divertido enfrentarse a páginas y páginas de texto", decía. Y Robson añadía que ni la televisión era ya un objeto de consumo: sus amigos preferían hacerse su propia programación en sus dispositivos, ya fuera de películas, series o música preferida. "Si podemos elegir nosotros la música que queremos escuchar, por qué estar a expensas de alguien que programa lo que él prefiere, y no lo que a mí me gusta". La segunda, que el canal de consumo de información –en el más amplio sentido del término– más empleado era el teléfono móvil y las videoconsolas conectadas que permiten chatear entre los jóvenes. Todavía quedaban seis meses para que Steve Jobs presentara el iPad.

¿Qué significa esto? Sencillo. Antes un editor lo único que tenía que hacer es situar su producto en el quiosco y esperar que el lector se acercara a comprarlo. Y ese cliente no tenía más remedio que adquirir todo el producto en una decisión antieconómica: ¿por qué pagar 1,30 euros por 64 páginas si sólo me interesan a lo sumo 15 o 20? Pero el editor tenía la sartén por el mango. Ahora no: el lector puede acceder a la información a la hora que quiera y sólo a los contenidos que le interesen. El mango ha cambiado de manos.

No existe una solución única al futuro de la prensa. Hay muchas salidas, según el tipo de proyecto, las personas que los lleven adelante y, muy importante, de la sociedad en la que se desarrollen. Pero, sea como sea, el futuro, en Occidente al menos, pasa por una deconstrucción de los periódicos. Es decir, deberemos tener la capacidad para ofrecer los contenidos que ya tenemos, pero de forma separada y en todos dispositivos móviles, que es lo que demandarán los ciudadanos. Todo ello, sin perder la marca, que seguirá siendo la base para triunfar también en internet.

Y para ello, tan importante como que las redacciones elaboren esos contenidos –que ya lo están haciendo–, es que los equipos comerciales y de marketing de las editoras sean capaces de desarrollar los productos necesarios para ser vendidos en la red y conseguir publicidad a través de ellos. Google y otros agregadores empezarán a pagar a los periódicos por indexar sus contenidos. Los medios más enlazados podrán recibir por ello ¿uno, tres? millones de euros al año. Sería de necios pensar que con eso está todo resuelto.
@vicentelozano (Publicado en @elmundo_orbyt el 15 de febrero)

viernes, 28 de febrero de 2014

No le digas a Google que buscas coche

Vean este vídeo. Sólo son dos minutos y, después, lean si quieren.

Envié a un amigo un correo desde mi cuenta de Gmail, el servicio de correo electrónico de Google. Le decía: "Te adjunto el documento del que te hablo....". Pero se me olvidó incluir el 'pdf' en cuestión. Al pulsar la tecla de enviar saltó este aviso desde Google: "¿Quieres adjuntar algún archivo? En el mensaje has escrito 'adjunto', pero no hay ningún archivo adjunto. ¿Quieres enviarlo de todos modos?". Es una opción que ofrece el buscador en su servicio de correo para los olvidadizos, pero al parecer no la tenía activada hasta ahora. Tampoco recuerdo haberlo hecho.

Pero el hecho es que ¡Google puede leer los correos! En el caso del olvido de un adjunto puede ser incluso una buena idea. Pero si yo le escribo a mi amigo: "Estoy pensando cambiar de coche. El BMW X7 me vendrá bien para recorrer la finca los fines de semana". Ponemos a disposición de Google que:
1. Tengo dinero.
2. Tengo mucho dinero.
3. Puedo gastarlo.
4. La marca y el modelo que me gustan.

A partir de ahí, los servidores de Google podrán derivar hacia mi cuenta la publicidad que consideren oportuna, como información de los concesionarios de BMW que tienen en oferta el X7 o de otras marcas con modelos similares al de la marca alemana.

Google dice que en sus sistemas nunca interviene la mano humana, sino que relacionan automáticamente al proveedor del servicio o del producto con el posible consumidor. Double Click, la compañía de publicidad que compró en 2008, se encarga de ello. No hay violación de la privacidad porque esos datos nunca salen de la compañía. Es el peaje que hay que pagar por utilizar su servicio gratuito.

Todo esto no es una ilusión. El diario 'Financial Times' relataba el pasado 13 de junio el testimonio de Callai Nagle. Recién embarazada, y sin siquiera haberlo comunicado a sus más íntimos, empezó a recibir correos electrónicos de la tienda de juguetes de bebés Babys R Us, de la aseguradora Gerber Life o del instituto de cordones umbilicales Similac.

¿Cómo es posible? Sencillamente, porque como toda madre ilusionada con su primer hijo, Callai dedicaba tiempo a navegar desde su ordenador y desde su tableta por páginas de salud en el embarazo o por tiendas online de ropa o artículos para bebés. Y dejó rastro de todo ello -a través de las famosas 'cookies', por ejemplo-. Con razón el FT tituló ese reportaje 'Los 'data brokers' recopilan datos de tu vida antes de que llegues a la cuna'.

¿Quienes son esos 'data brokers'?  Son empresas que rastrean las páginas webs que visitan las personas, las búsquedas que hacen, su actividad en las redes sociales. Recolectan así un ingente volumen de información, que una vez clasificada a través de sofisticados programas informáticos, se vende a compañías, sobre todo de gran consumo, que los utilizan para fines publicitarios. Y esos datos tienen un precio. En Estados Unidos, una lista de mil personas que están buscando casa vale 85 dólares y se pagan 2,11 dólares por mil personas que han manifestado su deseo de adquirir un coche.

Es una nueva forma de vender que no tiene nada que ver con la que conocemos. Ya no hay que salir a buscar a un cliente desconocido, sino que llega directamente al proveedor y, en muchos casos, ya clasificado: lugar de residencia, edad, capacidad adquisitiva, profesión, gustos...Todo 'consentido' por el hipotético comprador de un producto, pues él se ha ido encargando de sembrar la red con sus datos.

Y vale para todo tipo de negocio y para cualquier nivel de información. ¿Es consciente, por  ejemplo, una empresa periodística de los datos que puede llegar a obtener de sus lectores con un simple registro de los mismos o con la creación de una red social propia. ¿Cuánto vale para una empresa constructora que busca personal una información bien segmentada sobre los miles de ingenieros que hay ahora mismo en Linkedin? ¿O para un fabricante de cerveza, los muros de Facebook (con lugar, edad, profesión...) en los que alguna vez se ha mencionado una marca concreta? Recuerden a Dave, el adivino del vídeo.
Luego, nos escandalizamos de que nos espíen los gobiernos. Bueno, algunos gobiernos.

@vicentelozano

lunes, 24 de febrero de 2014

Facebook compra 450 millones de números de teléfono

La compra de Whatsapp por Facebook ha sido una sorpresa. Por la operación en sí y por los 19.000 millones de dólares que ha desembolsado la red social. Desorbitado para muchos, sobre todo los que recordamos los desmesurados precios que se pagaron por adquisiciones similares en los tiempos de la burbuja tecnológica, en los años finales del siglo pasado. Por ejemplo,Telefónica adquirió el portal de Internet Lycos  -¿os acordáis, lo que luego fue Terra?- en marzo del año 2000 por ¡12.000 millones de euros!, cantidad similar a la que ha desembolsado 13 años después Facebook.

¿Tiene sentido ese dineral? ¿Volvemos a los tiempos de las valoraciones absurdas de empresas, cuando un simple usuario desconocido era considerado como oro en paño? Está claro que el precio es muy alto, pero estamos ante una situación radicalmente distinta a la de hace diez años.

¿Qué ha comprado Facebook? Nada más y nada menos que 450 millones de números de teléfonos móviles en todo el mundo, perfectamente localizados, Y con ellos, millones de grupos con intereses más o menos comunes, millones de relaciones que se establecen a diario en todo el mundo. ¿Qué mejor base de datos de 'clientes' para cualquier campaña comercial y publicitaria?

"Si una empresa te ofrece algo gratis y es bueno, no lo dudes, tú no eres el cliente, eres el producto". Siento no recordar el autor de la frase, que me parece genial. Pero en la compra de Whatsapp hemos comprobado que tenía razón. La empresa de mensajería online ofrece sus servicios de forma gratuita. Y conviene recordar la negativa de mucha gente a pagar ¡89 céntimos al año! por una aplicación que le podía ahorrar cientos de euros. ¡Y esas quejas se hacían desde móviles que de 400 o 600 euros!

Ahora hemos palpado que Whatsapp era gratuito porque sus usuarios no éramos clientes, sino el producto. Igual que cuando una empresa constructora compra una de ladrillos, lo que adquiere son, eso, ladrillos. En la era digital, Facebook ha comprado números de teléfonos. ¿Para qué?. Está explicado en este post: "No le digas a Google que buscas coche". Es lo que cuenta en estos momentos: información, metadatos... Y ahora la tecnología permite hacerlo.

@vicentelozano