En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento. La Tierra Media tolkiana es la tierra, donde estamos y hasta cuando estemos.
UNA web estadounidense especializada en tecnología comentó tras los dos días de comparecencias de Mark Zuckerberg en el Congreso de Estados Unidos que en ocasiones daba la impresión de estar delante de unos abuelos que preguntaban a su nieto cómo funcionaba ese juguetito que tenía entre manos.
Y es cierto que quienes siguieron las diez horas de preguntas y respuestas comentan que parecía que Facebook le venía grande y a deshora a la mayoría de los 'lawmakers' estadounidenses. Se trata de un tema complicado, porque si, como reconoció el propio Zuckerberg, internet necesita una regulación expresa, es imprescindible que quienes elaboren la legislación conozcan a la perfección el funcionamiento de la red y en concreto, de las redes sociales.
Decía el semanario 'The Economist' en un editorial que «una de las mayores revelaciones de esas audiencias no fue nada de lo que dijera Zuckerberg, sino lo poco que los políticos estadounidenses parecían saber sobre Facebook y la forma en la que opera el mundo de la comunicación digital».
Es importante, pues, quién haga las leyes que van a afectar a internet en el futuro. Y por ello en su elaboración deberían participar los protagonistas de la red. "El escándalo de Cambridge Analytica le dio a Zuckerberg un curso acelerado de diplomacia política, pero la educación de los políticos sobre el mundo opaco y laberíntico de los datos digitales sólo acaba de comenzar», sentenciaba 'The Economist'
Con todo, la pregunta clave que hay que hacerse ahora es: ¿Ha cambiado la forma de estar de los usuarios en Facebook desde que se descubrió el escándalo? Más que una regulación exhaustiva o la imposición de multas -que llegarán-, si la inmensa mayoría de los usuarios mantiene la misma interacción con la red social -no se da de baja, tampoco reduce su tiempo de estancia,...- Facebook saldrá adelante. O, mejor, Facebook seguirá batallando con los mismos problemas que tenía antes de saltar el escándalo, que ya preocupaban a Zuckerberg y sobre los que se había puesto a trabajar para solucionarlos. No hay que olvidar que la acción ha subido un 8% desde la caída tras conocerse la fuga fraudulenta de datos.
España tiene la segunda tarifa de conexión a internet más cara de la UE, según Bruselas. La oferta básica de banda ancha -que tampoco permite grandes alegrías en la transmisión de datos- está en una media de 38,7 euros al mes, sólo superada por Chipre con 46,2 euros, pero muy por encima de Lituania, 10,3. En Francia y en Italia se sitúan en torno a los 25 euros mes. ¿Se imagina que en algún momento los españoles podamos recibir internet totalmente gratis, sin pagar un solo euro por la conexión? ¿Y que esto se hiciera realidad en todo el mundo?
Es una nueva revolución de internet, que todavía no ha llegado, pero que ya hay quien la está preparando. En estos momentos existen tres proyectos que tienen el mismo objetivo: ofrecer internet gratis en todo el mundo. Y gratis significa que no habrá que pagar cuota de abono a ninguna operadora ni tarifas de ningún tipo. Bastará con un móvil y, desde la pequeña aldea de Douala (Camerún), hasta el pueblecito de los Andes peruanos Huacabamba, se podrá recibir sin más coste adicional todo el flujo de información que transmite internet.
Lo será en un plazo más corto de lo que pensamos porque ya hay tres proyectos que lo están preparando. Uno, Project Loon, impulsado por Google; el segundo, Internet.org, liderado por Facebook, y el tercero, Outernet, pilotado por el Media Development Investment Fund, un fondo que lucha por la libertad de expresión en todo el mundo. Cuando se materialicen alguna de estas iniciativas, el panorama de la industria de las telecomunicaciones habrá cambiado radicalmente. Y el de miles de millones de personas también. ¿De qué forma?
-Individuos. Las posibilidades de promoción social que permitiría el acceso gratuito a internet son ilimitadas. Millones de personas podrían tener acceso a la educación on line. Sería muy barato conectar un hospital de Houston con un ambulatorio de Lagos. Se sortearían de forma definitiva las limitaciones a la libertad de expresión y de información. Sería muchísimo más fácil, por ejemplo, organizar las tareas de atención, salvamento y reconstrucción ante catástrofes naturales o guerras. Y, por supuesto, la población de esos países gozará de una libertad de información como nunca hasta ahora. A cambio, querámoslo o no, los ciudadanos tendrán que asumir que estos avances dejarán en manos de las empresas que impulsan los proyectos muchos datos personales.
-Empresas. El nuevo modelo de comunicación va a revolucionar el sector de las telecomunicaciones. El negocio que tienen las operadoras por la transmisión de datos -su core businesshasta ahora- puede caer a mínimos. No obtendrán ingresos ni por las llamadas ni por los mensajes -con actores como WhatsApp en el mercado, por ejemplo- y tampoco por la conexión básica a internet en muchas partes del mundo que, por su atraso, eran mercados en expansión. Estas compañías tendrán que girar su negocio hacia la gestión de los contenidos; es decir, conseguir y mantener clientes por lo que ofertan en el tubo por el que fluye la información, no por la venta de ese tubo. En general, la difusión de la conexión a internet va a perjudicar a los intermediarios. Dos ejemplos valen: ¿por qué no puede ofertar directamente sus encantos turísticos un pequeño pueblo de la selva amazónica, sin necesidad de recurrir a agencias y touroperadores? ¿Y si en una comarca colombiana se cultiva café y los productores se ponen de acuerdo directamente con tiendas gourmetfrancesas para su comercialización?
-Estados. Como es lógico, las dictaduras y los gobiernos autoritarios tienen mucho que perder con este internet gratuito y libre. No tendrán el control efectivo de las comunicaciones porque cualquier persona se puede convertir, sin apenas coste, en un emisor de informaciones. Ya no podrán censurar Twitter, como ha ocurrido estos días en Turquía, ni impedir portales o buscadores como Google en un determinado territorio. Sin duda, el nuevo modelo de comunicaciones mundial podrá hacer un mundo más democrático y más libre....
-...y el Big Brother. ¿Sólo para construir un mundo mejor van a invertir estos gigantes de internet miles de millones de dólares en desarrollar sus redes mundiales? Evidentemente, no. Este loable fin va íntimamente unido a otro de carácter comercial. Google, Facebook y el resto de implicados buscan hacer negocio con estas iniciativas. Y ese negocio se basará en los billones de datos que pasarán periódicamente por esas redes que son sólo suyas, con los que tendrán información exclusiva sobre comportamientos, modas, tendencias, gustos, de los miles de millones de personas que podrán conectarse a internet. Es el negocio del Big Data -los metadatos- que llevará a cabo el Big Brother. Mucho más amable que el de George Orwell, pero Big Brother al fin y al cabo.
Proyecto Loon: Globos de Google en la estratosfera
En junio de 2013 un equipo de investigación de Google lanzó en la isla Sur (Canterbury, Nueva Zelanda) globos aerostáticos a unos 20.000 metros de altitud con los que conectaron a internet a un pequeño grupo de voluntarios residentes en la zona. La prueba resultó exitosa y en 2014 el Proyecto Loon ha continuado desarrollándose en otras zonas de la tierra. La idea de Google es establecer una red de globos alrededor del paralelo 40 -que recorre el centro de América Latina, la mitad meridional de África y Oceanía, e ir abriendo el servicio a nuevos habitantes.
El plan es colocar cientos de globos a esos 20 kilómetros, en la estratosfera para aprovechar los vientos. Mediante algoritmos se sitúan en el lugar preciso y se van moviendo según la velocidad y la dirección de los vientos, con lo que se consigue un gran ahorro de energía. Así, se dirigen y se mantienen en constante movimiento hasta formar un gran anillo alrededor de la Tierra que funciona como una red de comunicaciones.
Cada globo puede proporcionar conectividad a una zona de aproximadamente 40 km. de diámetro con una calidad comparable al 3G. Para las comunicaciones entre sí y con la superficie terrestre, losglobos van equipados con antenas cuya tecnología de frecuencia de radio permite que pueda ser recibida por cualquier dispositivo en la tierra.
"Suena a ciencia ficción, pero estoy segura de que el proyecto se va a hacer realidad y lograremos incorporar a la red a los millones de personas que aún no tienen acceso, para que puedan beneficiarse del progreso", afirmaba recientemente Sameera Ponda, chilena de padres hindúes, ingeniera por el MIT que trabaja en el proyecto.
Google no da cifras del coste del Proyecto Loon. Se limita a decir que su sistema es mucho más barato que las conexiones por satélite, pero una compañía que facturó 59.000 millones de dólares -el 4% del PIB español- y ganó 12.920 millones de dólares puede permitirse una inversión millonaria. Y no debemos olvidar que Google tiene también objetivos comerciales -como Facebook con su proyecto-: cuantos más habitantes estén conectados a internet más posibilidades tienen de incrementar su negocio.
Facebook lidera el proyecto internet.org. De él habló largo y tendido su fundador, Mark Zuckerberg, en Barcelona, en el último Mobile World Congress. En este programa están también grandes empresas del mundo de las telecomunicaciones, como Nokia, Samsung, Ericsson, Mediatek o Qualcomm. En esta iniciativa, la red de satélites se establecerá mediante drones. Facebook ha comprado por 60 millones de euros la empresa Titan Aerospace, que fabrica esos aviones no tripulados (Finalmente ha sido adquirida por Google). Uno de sus modelos, el S-60, escapaz de estar cinco mil horas en vuelo con baterías solares y puede cargar un emisor de 113 kilos. El proyecto prevé colocar 11.000 drones S-60 a unos 20.000 metros de altitud, que harán de emisores y repetidores de la señal que será captada por los dispositivos que estén en tierra.
El tercer proyecto se denomina Outernet y está impulsado por un fondo denominado Media Development Investment Fund (MDIF), fundado en 1995 por dos periodistas, el serbio Sasa Vucinic y el norteamericano Stuart Auerbach. En un primer momento su finalidad fue financiar medios de comunicación en países con problemas de libertad de expresión e información. En este proyecto están involucradas otras organizaciones de carácter filantrópico y participativo como Wikipedia, la plataforma de formación on lineCoursera, el sistema operativo de software libre Ubuntu, o la ONG Profesores sin Fronteras. Outernet busca 12.000 millones de dólares para desarrollar su red.
El plan es colocar unos 150 nanosatélites, unos pequeños cubos de diez centímetros de lado que se situarán en una órbita baja, a unos 150 kilómetros de la Tierra. Situarlos a esa altura requiere mucha menos energía. Los satélites enviarán las señales a cientos de estaciones que estarán en la superficie. Y desde allí, cualquier persona con un dispositivo adecuado -un simple móvil, por ejemplo- estaría en condiciones de recibir la señalde internet, sin censura y, además sin que las autoridades políticas tengan la posibilidad de clausurar esa comunicación. Outernet tiene previsto acabar el primer prototipo del nanosatélite el próximo mes de junio y realizar el primer despegue a mediados de 2015.
Outernet es el más filantrópico de estos proyectos. "Será capaz de eludir la censura, asegurar la privacidad y ofrecer un servicio de información universalmente accesible sin coste alguno para todos los ciudadanos del mundo. Es la versión en la era digital de la onda corta en la radio o el BitTorrent desde el espacio y su objetivo principal es cerrar la brecha de la información mundial", dicen sus impulsores. Claro que esos "4.000 millones de nuevos participantes en el mercado global" también se pueden convertir en clientes en servicios básicos como la educación o de productos comerciales. Con todo, si Outernet, Google o Facebook logran sus objetivos, se habrá dado un gran paso hacia la igualdad.
Vean este vídeo. Sólo son dos minutos y, después, lean si quieren.
Envié a un amigo un correo desde mi cuenta de Gmail, el servicio de correo electrónico de Google. Le decía: "Te adjunto el documento del que te hablo....". Pero se me olvidó incluir el 'pdf' en cuestión. Al pulsar la tecla de enviar saltó este aviso desde Google: "¿Quieres adjuntar algún archivo? En el mensaje has escrito 'adjunto', pero no hay ningún archivo adjunto. ¿Quieres enviarlo de todos modos?". Es una opción que ofrece el buscador en su servicio de correo para los olvidadizos, pero al parecer no la tenía activada hasta ahora. Tampoco recuerdo haberlo hecho.
Pero el hecho es que ¡Google puede leer los correos! En el caso del olvido de un adjunto puede ser incluso una buena idea. Pero si yo le escribo a mi amigo: "Estoy pensando cambiar de coche. El BMW X7 me vendrá bien para recorrer la finca los fines de semana". Ponemos a disposición de Google que:
1. Tengo dinero.
2. Tengo mucho dinero.
3. Puedo gastarlo.
4. La marca y el modelo que me gustan.
A partir de ahí, los servidores de Google podrán derivar hacia mi cuenta la publicidad que consideren oportuna, como información de los concesionarios de BMW que tienen en oferta el X7 o de otras marcas con modelos similares al de la marca alemana.
Google dice que en sus sistemas nunca interviene la mano humana, sino que relacionan automáticamente al proveedor del servicio o del producto con el posible consumidor. Double Click, la compañía de publicidad que compró en 2008, se encarga de ello. No hay violación de la privacidad porque esos datos nunca salen de la compañía. Es el peaje que hay que pagar por utilizar su servicio gratuito.
Todo esto no es una ilusión. El diario 'Financial Times' relataba el pasado 13 de junio el testimonio de Callai Nagle. Recién embarazada, y sin siquiera haberlo comunicado a sus más íntimos, empezó a recibir correos electrónicos de la tienda de juguetes de bebés Babys R Us, de la aseguradora Gerber Life o del instituto de cordones umbilicales Similac.
¿Cómo es posible? Sencillamente, porque como toda madre ilusionada con su primer hijo, Callai dedicaba tiempo a navegar desde su ordenador y desde su tableta por páginas de salud en el embarazo o por tiendas online de ropa o artículos para bebés. Y dejó rastro de todo ello -a través de las famosas 'cookies', por ejemplo-. Con razón el FT tituló ese reportaje 'Los 'data brokers' recopilan datos de tu vida antes de que llegues a la cuna'.
¿Quienes son esos 'data brokers'? Son empresas que rastrean las páginas webs que visitan las personas, las búsquedas que hacen, su actividad en las redes sociales. Recolectan así un ingente volumen de información, que una vez clasificada a través de sofisticados programas informáticos, se vende a compañías, sobre todo de gran consumo, que los utilizan para fines publicitarios. Y esos datos tienen un precio. En Estados Unidos, una lista de mil personas que están buscando casa vale 85 dólares y se pagan 2,11 dólares por mil personas que han manifestado su deseo de adquirir un coche.
Es una nueva forma de vender que no tiene nada que ver con la que conocemos. Ya no hay que salir a buscar a un cliente desconocido, sino que llega directamente al proveedor y, en muchos casos, ya clasificado: lugar de residencia, edad, capacidad adquisitiva, profesión, gustos...Todo 'consentido' por el hipotético comprador de un producto, pues él se ha ido encargando de sembrar la red con sus datos.
Y vale para todo tipo de negocio y para cualquier nivel de información. ¿Es consciente, por ejemplo, una empresa periodística de los datos que puede llegar a obtener de sus lectores con un simple registro de los mismos o con la creación de una red social propia. ¿Cuánto vale para una empresa constructora que busca personal una información bien segmentada sobre los miles de ingenieros que hay ahora mismo en Linkedin? ¿O para un fabricante de cerveza, los muros de Facebook (con lugar, edad, profesión...) en los que alguna vez se ha mencionado una marca concreta? Recuerden a Dave, el adivino del vídeo.
Luego, nos escandalizamos de que nos espíen los gobiernos. Bueno, algunos gobiernos.
La compra de Whatsapp por Facebook ha sido una sorpresa. Por la operación en sí y por los 19.000 millones de dólares que ha desembolsado la red social. Desorbitado para muchos, sobre todo los que recordamos los desmesurados precios que se pagaron por adquisiciones similares en los tiempos de la burbuja tecnológica, en los años finales del siglo pasado. Por ejemplo,Telefónica adquirió el portal de Internet Lycos -¿os acordáis, lo que luego fue Terra?- en marzo del año 2000 por ¡12.000 millones de euros!, cantidad similar a la que ha desembolsado 13 años después Facebook.
¿Tiene sentido ese dineral? ¿Volvemos a los tiempos de las valoraciones absurdas de empresas, cuando un simple usuario desconocido era considerado como oro en paño? Está claro que el precio es muy alto, pero estamos ante una situación radicalmente distinta a la de hace diez años.
¿Qué ha comprado Facebook? Nada más y nada menos que 450 millones de números de teléfonos móviles en todo el mundo, perfectamente localizados, Y con ellos, millones de grupos con intereses más o menos comunes, millones de relaciones que se establecen a diario en todo el mundo. ¿Qué mejor base de datos de 'clientes' para cualquier campaña comercial y publicitaria?
"Si una empresa te ofrece algo gratis y es bueno, no lo dudes, tú no eres el cliente, eres el producto". Siento no recordar el autor de la frase, que me parece genial. Pero en la compra de Whatsapp hemos comprobado que tenía razón. La empresa de mensajería online ofrece sus servicios de forma gratuita. Y conviene recordar la negativa de mucha gente a pagar ¡89 céntimos al año! por una aplicación que le podía ahorrar cientos de euros. ¡Y esas quejas se hacían desde móviles que de 400 o 600 euros!
Ahora hemos palpado que Whatsapp era gratuito porque sus usuarios no éramos clientes, sino el producto. Igual que cuando una empresa constructora compra una de ladrillos, lo que adquiere son, eso, ladrillos. En la era digital, Facebook ha comprado números de teléfonos. ¿Para qué?. Está explicado en este post: "No le digas a Google que buscas coche". Es lo que cuenta en estos momentos: información, metadatos... Y ahora la tecnología permite hacerlo.