Este periódico organizó el pasado 8 de octubre una jornada sobre la Universidad en la que participaron los cuatro principales
partidos y todos estuvieron de acuerdo en la necesidad de un pacto
nacional para sacar a España de la postración en el ámbito educativo, ya
sea en la enseñanza superior como en la básica obligatoria. A las
primeras de cambio, el PSOE vuelve a la carga con uno de los temas que
más divide a las fuerzas políticas y que, desde luego, no es ni con
mucho el principal problema de nuestro modelo educativo: sacar la religión de las escuelas y convertirla en una actividad extracurricular
más, no sólo en la escuela pública, sino en la privada. En definitiva,
si llegan al poder, los socialistas pretenden que maristas, jesuitas,
salesianos y salesianas, agustinos, reparadoras, teresianas... no
enseñen religión en sus aulas, sino que la tengan como una actividad
similar al fútbol, al patinaje, a la guitarra o a la danza. Tal cual.
(Abro
paréntesis. Soy partidario de que la enseñanza pública incluya la
asignatura de religión -no de catequesis, que es para las parroquias-
siempre que las familias así lo decidan. A día de hoy es la mejor forma
de cumplir el artículo 27.3 de la Constitución. Cuando casi un 60% de
los padres -practicantes, creyentes, agnósticos y ateos- piden cada año
la asignatura de religión para sus hijos en Primaria parece que hay más
consenso social en mantenerla dentro de los planes de enseñanza, junto a
otra de valores cívicos, o como se llame, para quienes no deseen
estudiar religión. Una característica de la libertad es la capacidad
para elegir, y se es menos libre si se niega esa posibilidad, que es lo
que propone el PSOE. Claro que quien confunda estado aconfesional con
estado laico no pensará igual. Cierro paréntesis).
Pero
no es esto lo que quería comentar. Lo preocupante es que cuando más se
habla de la necesidad de una nueva forma de hacer política, de «la
política con mayúsculas», que decía ayer Meritxell Batet en la Cope, los políticos, incluso los casi recién llegados como Pedro Sánchez
y su equipo, continúen con los viejos vicios: el tradicional tirarse la
educación a la cabeza, ese hacer hincapié en lo que separa mucho más
que en lo que une. La religión es un ejemplo, pero -en otro nivel de
importancia- podemos incluir la ocurrencia del PP de incluir en
Formación Profesional una asignatura sobre Tauromaquia, con lecciones
del tenor de «la aplicabilidad del axioma en la suerte fundamental de la
verónica», dentro de los contenidos de «Lidia y Liturgia Taurina».
Asignatura tan digna como otras, pero que parece ideada directamente
para cabrear a buena parte de la izquierda política y al entorno
nacionalista.
Es desalentador que cuando se acerca una
legislatura en la que van a ser más necesarios que nunca los consensos
para gobernar, los políticos vuelvan a empecinarse en lo que más separa a
los partidos. Cuando la educación necesita más que nunca acuerdos
duraderos para sentar las bases que nos permitan acercarnos aún más a
los países de nuestro entorno, hay quien continúa aferrado a la vieja
política
Eso ha conseguido una vez más el PSOE: colocar
algo secundario en el foco de la reforma del sistema educativo. Un nuevo
modelo de enseñanza tiene que resolver el fracaso escolar en las
primeras etapas, incrementar la exigencia a los alumnos, fomentar la
formación del profesorado y su autoridad, regular la autonomía de los
centros educativos, adecuar la Formación profesional al mundo laboral...
Pero de todo eso no se habla, como comprobamos estos días. Porque es lo
difícil. ¿Ven? Empezaremos la próxima legislatura como estamos acabando
ésta y todas las anteriores. No aprenden.
@vicentelozano
(Publicado en El Mundo el 22 de octubre de 2015)
En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento. La Tierra Media tolkiana es la tierra, donde estamos y hasta cuando estemos.
jueves, 29 de octubre de 2015
domingo, 4 de octubre de 2015
Ni hay libros gratis ni el AVE cuesta 20 euros
Desde ayer, y por unas semanas, el recién inaugurado trayecto del AVE entre Madrid y León cuesta 20 euros. Desde hoy, los jóvenes de la Comunidad de Madrid -y los ya talluditos, porque la oferta llega hasta los 26 años- pueden usar cuantas veces quieran el transporte público también por 20 euros al mes. Y este curso escolar que acaba de empezar, familias de algunas comunidades autónomas -cada vez menos, es verdad- como Andalucía han conseguido gratis los libros de texto de los estudiantes de enseñanza obligatoria. Pues todo esto es falso. Ni el AVE ni el abono joven cuestan 20 euros, ni los libros de texto son gratuitos.
Porque el Consorcio de Transportes de Madrid recibe unos 900 millones de euros al año del presupuesto de la Comunidad de Madrid para hacer frente al déficit que le causan esas ayudas; porque ese tramo de alta velocidad ha costado 1.620 millones de euros y si no estuviera subvencionado por el Estado, esa inversión no estaría costeada hasta que, por ejemplo, cada uno de los 420.000 habitantes de Valladolid y León hubiera realizado el trayecto en 3.700 ocasiones. Eso, sin incluir los trenes y el mantenimiento de la infraestructura. Y si los libros de texto fueran gratis, sencillamente, ya no habría editoriales para elaborarlos. Nada es gratis, pues, como concluye uno de los principios básicos de la economía.
Las ayudas y subvenciones las pagamos todos los... iba a decir españoles, pero no, todos los contribuyentes españoles, que no es lo mismo. Me dirán que es lo lógico en cualquier Estado con una economía social de mercado, como el nuestro. Que precisamente para esto existen los impuestos, para repartir las cargas. Cada ciudadano contribuye según su capacidad y con ese dinero salimos ganando todos a través de los servicios que proporciona el Estado -infraestructuras, sanidad, educación,...-. En unas ocasiones ese reparto es beneficioso para los que menos tienen, cuando se exigen unos requisitos para acceder a las ayudas, como en el caso de los libros. En otras, ese beneficio es para todos, pero mayor para los ricos: el abono joven cuesta igual para un estudiante sin recursos que para el hijo del consejero delegado de una gran empresa.
Al final, esas subvenciones provienen de las opciones para financiar un servicio público: que lo pague quien lo usa y le sale muy caro, o que lo sufraguemos entre todos, de forma que sale mucho más barato al usuario directo -el billete del AVE es asumible para el leonés que viaja a Valladolid-, pero continúa siendo caro para quien no lo utiliza, porque el gaditano que nunca va a ir en tren a Valladolid también costea esa infraestructura subvencionada.
Es conveniente detenerse en estas cuestiones, sobre todo en vísperas de una campaña electoral. Porque si un Gobierno no gestiona bien los recursos públicos podemos hacernos trampas en el solitario. Es decir, ¿de qué sirve que un Gobierno autonómico pague a una familia los 300 euros que cuestan los libros de texto si por la corrupción o por el despilfarro en el gasto público esos 300 euros van incluidos en unos impuestos que deberían ser más bajos?
Sería de idiotas que el dinero que se ahorra un padre o una madre al pagar sólo 20 euros por el abono del transporte de su hijo se destinara a sufragar la deuda que han dejado la Caja Mágica de Madrid o la Ciudad de la Cultura de Santiago al contribuir con más impuestos de los debidos por la ineficiencia de la Administración. Y, en el peor de los casos, se dedicara a pagar las facturas de Urdangarin o las mariscadas de UGT en Andalucía. De idiotas. Por eso es muy importante para nuestros bolsillos la regeneración de la política.
Porque el Consorcio de Transportes de Madrid recibe unos 900 millones de euros al año del presupuesto de la Comunidad de Madrid para hacer frente al déficit que le causan esas ayudas; porque ese tramo de alta velocidad ha costado 1.620 millones de euros y si no estuviera subvencionado por el Estado, esa inversión no estaría costeada hasta que, por ejemplo, cada uno de los 420.000 habitantes de Valladolid y León hubiera realizado el trayecto en 3.700 ocasiones. Eso, sin incluir los trenes y el mantenimiento de la infraestructura. Y si los libros de texto fueran gratis, sencillamente, ya no habría editoriales para elaborarlos. Nada es gratis, pues, como concluye uno de los principios básicos de la economía.
Las ayudas y subvenciones las pagamos todos los... iba a decir españoles, pero no, todos los contribuyentes españoles, que no es lo mismo. Me dirán que es lo lógico en cualquier Estado con una economía social de mercado, como el nuestro. Que precisamente para esto existen los impuestos, para repartir las cargas. Cada ciudadano contribuye según su capacidad y con ese dinero salimos ganando todos a través de los servicios que proporciona el Estado -infraestructuras, sanidad, educación,...-. En unas ocasiones ese reparto es beneficioso para los que menos tienen, cuando se exigen unos requisitos para acceder a las ayudas, como en el caso de los libros. En otras, ese beneficio es para todos, pero mayor para los ricos: el abono joven cuesta igual para un estudiante sin recursos que para el hijo del consejero delegado de una gran empresa.
Al final, esas subvenciones provienen de las opciones para financiar un servicio público: que lo pague quien lo usa y le sale muy caro, o que lo sufraguemos entre todos, de forma que sale mucho más barato al usuario directo -el billete del AVE es asumible para el leonés que viaja a Valladolid-, pero continúa siendo caro para quien no lo utiliza, porque el gaditano que nunca va a ir en tren a Valladolid también costea esa infraestructura subvencionada.
Es conveniente detenerse en estas cuestiones, sobre todo en vísperas de una campaña electoral. Porque si un Gobierno no gestiona bien los recursos públicos podemos hacernos trampas en el solitario. Es decir, ¿de qué sirve que un Gobierno autonómico pague a una familia los 300 euros que cuestan los libros de texto si por la corrupción o por el despilfarro en el gasto público esos 300 euros van incluidos en unos impuestos que deberían ser más bajos?
Sería de idiotas que el dinero que se ahorra un padre o una madre al pagar sólo 20 euros por el abono del transporte de su hijo se destinara a sufragar la deuda que han dejado la Caja Mágica de Madrid o la Ciudad de la Cultura de Santiago al contribuir con más impuestos de los debidos por la ineficiencia de la Administración. Y, en el peor de los casos, se dedicara a pagar las facturas de Urdangarin o las mariscadas de UGT en Andalucía. De idiotas. Por eso es muy importante para nuestros bolsillos la regeneración de la política.
(Publicado en El Mundo el 1 de octubre de 2015)
jueves, 27 de agosto de 2015
Informarse por @Twitter
He hecho un experimento. Durante casi una semana no he leído periódicos, ni he visto telediarios ni he oído noticias en la radio; ni siquiera he entrado en las ediciones digitales de los diarios por su página de inicio. Sólo me he informado por @Twitter, y a través de los enlaces de Twitter, a las noticias a las que éstos remitían. Repito que es un experimento. No hagan ustedes lo mismo que muchos tenemos hijos que criar. A lo que iba. Creo que no he tenido ninguna gran laguna en mis necesidades de información porque con los contactos adecuados en las redes se puede estar perfectamente al día... o al minuto.
Durante los días clave de la crisis griega, a principios de julio, muchos seguíamos los acontecimientos con los comentarios en Twitter de los corresponsales. En mi caso, los de Pablo R. Suanzes y Miquel Roig, corresponsales de EL MUNDO y de 'Expansión' en Bruselas, que han dado lecciones de lo que es el periodismo en la era digital. La noche del 12 de julio, la de la reunión que terminó mientras amanecía, y viendo la apabullante información que llegaba, envié esto a través de Twitter: "Crisis de modelo. Los tuits gratuitos de @miquelroig, @Suanzes,... 'antes' se empaquetaban y se cobraban al día siguiente como crónicas". El tuit generó un cierto debate en esa red entre algunos interesados en esto del periodismo: ¿debemos dejar de informar los periodistas y los medios a través de Twitter, Facebook, Instagram y demás? ¿Hay que guardarse lo mejor para la web? ¿Y dónde queda ya la edición impresa? Las preguntas son fáciles, pero las respuestas muy complicadas, máxime cuando de ellas depende la supervivencia de muchas empresas tal y como hoy las conocemos.
Lo malo es que los ciudadanos están muy lejos de plantearse estas cuestiones. Sólo quieren que les llegue la información allí donde ellos están. Y ahora están en los móviles y en las redes sociales. Los 25 mayores periódicos anglosajones ya reciben más tráfico en sus webs desde dispositivos móviles que desde ordenadores. Y ya no hace falta ir a la página web de un medio para conocer la actualidad, sino que se puede llegar directamente a la noticia desde una red o un buscador. Por eso Facebook ha creado Instant Articles y Apple, Apple News, productos en los que algunos de los principales periódicos incluyen directamente sus informaciones. Y por eso Twitter prepara algo con un planteamiento similar, un 'trending news'. Son caminos que tenemos para salir al encuentro del lector y algunas respuestas a esas preguntas fáciles de hacer.
@vicentelozano
(Publicado en El Mundo el 17 de agosto de 2015)
martes, 23 de junio de 2015
Lean las redes
Probablemente algo importante cambió en España cuando el periodista, bloguero y publicitario Pablo Herreros consiguió, en una iniciativa personal y con una campaña al margen de los medios tradicionales, retirar de la parrilla de Telecinco uno de los buques insignia de la cadena, La Noria. Fue en octubre de 2011. El programa emitió una entrevista pagada a la madre de El Cuco, uno de los presuntos asesinos de Marta del Castillo. Herreros lo consideró indecente y pidió en su blog a las marcas anunciantes que retiraran su publicidad de ese programa porque en caso contrario «promoveríamos un boicot a sus productos». La adhesión social fue de tal calibre -170.000 peticiones a través de la plataforma Change.org, por ejemplo- que las marcas se asustaron y fueron retirando sus productos de ese programa... hasta que se quedó sin patrocinadores y tuvo que cerrar. Herreros ganó. Algo importante cambió, repito, y quizá no nos dimos cuenta: un simple bloguero humilló a la primera televisión de España... con la ayuda de las redes sociales.
Rubén Doblas, ElRubius, es un noruego-español de 25 años que tiene 12 millones de seguidores de sus vídeos en su canal de Youtube, creado a principios de 2012. Si tenemos en cuenta que la prórroga de la final del Mundial de fútbol de Sudáfrica entre España y Holanda -¿qué más se puede pedir en televisión?- congregó a 15,6 millones de telespectadores es fácil concluir la inmensa potencia que puede tener una red social entre los ciudadanos. Y no hace falta ni estructura empresarial ni apoyo oficial. Basta con un móvil e ingenio.
Todo ese caldo social ha llegado a la política y se ha notado en las dos últimas convocatorias electorales. Los programas del «martilleo sobre la corrupción» que cita Rajoy no suman cuatro millones de espectadores cada fin de semana. En España ya hay 14 millones de usuarios de redes sociales de entre 18 y 55 años -el 82% de quienes utilizan internet- que entran al menos cinco días cada semana y están en ellas una media de 2 horas y 51 minutos semanales. Las redes sociales son ya mucho más que cualquier comentario desgraciado que te puede fastidiar una carrera profesional. Suponen la nueva forma que tienen los ciudadanos de comunicarse entre sí y también con los políticos, al margen de lo que hasta ahora se consideraban cauces establecidos. Por eso, alguien del PP debería rastrear las reacciones que han provocado en las redes las primeras declaraciones de los nuevos nombramientos de Rajoy para enderezar el rumbo del partido. A lo mejor se da una idea de lo que espera a los populares en un futuro próximo.
@vicentelozano
Rubén Doblas, ElRubius, es un noruego-español de 25 años que tiene 12 millones de seguidores de sus vídeos en su canal de Youtube, creado a principios de 2012. Si tenemos en cuenta que la prórroga de la final del Mundial de fútbol de Sudáfrica entre España y Holanda -¿qué más se puede pedir en televisión?- congregó a 15,6 millones de telespectadores es fácil concluir la inmensa potencia que puede tener una red social entre los ciudadanos. Y no hace falta ni estructura empresarial ni apoyo oficial. Basta con un móvil e ingenio.
Todo ese caldo social ha llegado a la política y se ha notado en las dos últimas convocatorias electorales. Los programas del «martilleo sobre la corrupción» que cita Rajoy no suman cuatro millones de espectadores cada fin de semana. En España ya hay 14 millones de usuarios de redes sociales de entre 18 y 55 años -el 82% de quienes utilizan internet- que entran al menos cinco días cada semana y están en ellas una media de 2 horas y 51 minutos semanales. Las redes sociales son ya mucho más que cualquier comentario desgraciado que te puede fastidiar una carrera profesional. Suponen la nueva forma que tienen los ciudadanos de comunicarse entre sí y también con los políticos, al margen de lo que hasta ahora se consideraban cauces establecidos. Por eso, alguien del PP debería rastrear las reacciones que han provocado en las redes las primeras declaraciones de los nuevos nombramientos de Rajoy para enderezar el rumbo del partido. A lo mejor se da una idea de lo que espera a los populares en un futuro próximo.
@vicentelozano
(Publicado en El Mundo el 23 de junio de 2015)
sábado, 20 de junio de 2015
No hay crisis en el periodismo
El Subcomité de Comunicaciones, Tecnología e Internet convocó una sesión el 9 de mayo de ese año, presidida por el hoy secretario de Estado, John Kerry, para analizar el estado de una cuestión que preocupaba sobremanera ¡a los políticos! Porque esos políticos eran conscientes de que la democracia norteamericana no podía permitirse el lujo de perder ese contrapoder que siempre ha sido la prensa escrita. En aquella sesión participaron de forma presencial o mediante respuestas escritas a preguntas de los senadores, la fundadora de The Huffington Post, Arianna Huffington, la entonces ejecutiva de Google, Marissa Mayer, el presidente de la New America Foundation y antes director ejecutivo de The Washington Post, Steve Coll, y otros ejecutivos y periodistas de diarios nacionales y locales. De la misma salió un documento, denominado The Future of Journalism, que merece la pena leer aunque haya quedado algo desfasado.
Igual que aquí. Ni el Congreso de los Diputados ni, por supuesto, el Gobierno han movido un dedo para, al menos, enterarse de qué pasa con la prensa escrita en nuestro país y analizar sus problemas. Al contrario, los políticos han aprovechado la debilidad financiera de las empresas informativas para influir -haciendo lo que fuera necesario- en las líneas editoriales de los diarios. No es el motivo principal de estas líneas volver a relatar los hechos que hemos vivido en los últimos años y que han llevado a muchos a declarar que el periodismo vive una crisis sin igual.
Pero nada más lejos de la realidad. No es aventurado decir que en estos momentos se hace mejor periodismo que nunca -si por buen periodismo entendemos esa crítica natural al poder establecido- o, como mínimo, de una calidad similar al de siempre. ¿Alguien duda a estas alturas de lo que ha supuesto la televisión -los programas informativos- en el ascenso social de Podemos y de Ciudadanos? ¿Se han dado una vuelta por la página de Especiales de EL MUNDO.es y han visitado el que se realizó con motivo del 50 Aniversario de la muerte de John F. Kennedy o el del centenario de la I Guerra Mundial para enterarse de lo que es periodismo de calidad? ¿Han navegado por los impresionantes reportajes de investigación audiovisuales de The Guardian o del New York Times? ¿No seguimos con interés las apasionantes crónicas -de interés humano, se decía antes- de los corresponsales y enviados especiales en Siria, Irak, Afganistán o Nigeria, se difundan éstas por papel, internet, radio o televisión?
En esta etapa de penurias económicas, el periodismo ha sacado a la luz la mayor trama de espionaje de la historia organizada por el Gobierno más poderoso del mundo. En nuestro país, el periodismo -EL MUNDO en este caso- ha desenmascarado al mayor estafador de la política desde la reinstauración de la democracia, Jordi Pujol, y ha desalojado del cargo con sus investigaciones a varios presidentes autonómicos. En definitiva, no seamos cainitas, se hace tan buen periodismo-y tan malo- como en cualquier otra etapa histórica.
El periodismo no está en crisis. Lo que está en crisis es el modelo de negocio tradicional de la prensa escrita. Únicamente. Quizá desde la propia profesión caemos en el lógico error de pensar que la pérdida de influencia de los periódicos tradicionales va a suponer el fin del periodismo, pero nada más lejos de la realidad. El querido ex director de este diario, Casimiro García-Abadillo, suele decir que los diarios impresos "siguen marcando la agenda política de este país". Tiene razón, pero a continuación hay que preguntarse si continúan señalando la agenda social, entendida como los asuntos que interesan a la sociedad y no a la clase política. ¿Qué más da ya un editorial elogioso para el Gobierno en un diario que pone en los quioscos 100.000 ejemplares al día si millones de ciudadanos se informan al margen de ese periódico -páginas webs y redes sociales, además de la televisión y la radio-, lo que nunca había ocurrido en la historia?
En su error de diagnóstico, el presidente del Gobierno achacaba estos días al "martilleo" de las televisiones con la corrupción su batacazo en las elecciones municipales y autonómicas. Como si Rajoy hubiera caído en la cuenta ahora de que se les olvidó ese pequeño detalle para domeñar a la opinión pública.
La pregunta, pues, es: ¿tienen futuro las empresas editoras de periódicos? Tal y como las conocemos ahora, casi seguro que no. Acaba de celebrarse en Washington D.C. el Congreso de Editores que organiza todos los años la Asociación Mundial Editores (Wan-IFRA) que se inició con esta pregunta: "¿Habrá periódicos impresos en 2040?" y con esta respuesta "Nadie lo sabe". Lo que está claro es que si existen, las ediciones impresas de entonces no tendrán nada que ver con las actuales.
Son excepciones las empresas tradicionales que han sacado tajada en esta etapa de transición a lo digital -Pearson, con el diario económico Financial Times es una de ellas-, pero en medio del desconcierto hay una línea en la que todo el mundo está de acuerdo: hay que seguir a la audiencia
-"las personas antes conocidas como audiencia", en genial frase del profesor de la Universidad de Nueva York Jay Rosen- allá donde vaya. Se lo decía Alan Rusbridger, ex director de The Guardian, a Carlos Fresneda: "Nuestra misión es adaptarnos a la audiencia. Lo que tenemos que hacer es ir donde están los ciudadanos y aprender con ellos, ver cómo crean, cómo comparten, distribuyen o incorporan contenidos. De alguna manera tenemos que ser como los comerciantes que salen al encuentro de lo que la gente demanda".
Es muy significativo que en las últimas semanas, editores y las grandes compañías de internet -que tienen miles de millones de clientes- como Google y Facebook, se hayan acercado para explorar un futuro en común. Google ha firmado un acuerdo con importantes empresas informativas europeas para ayudarles con recursos y tecnología en su transición digital. Y mucho más significativa es la alianza comercial de Facebook con grandes medios anglosajones, entre ellos The New York Times, para incluir directamente sus noticias -deconstruyendo su página web- en la red social, accediendo así a un quiosco digital de 1.400 millones de personas. Quizá sea un camino para empezar a recorrer.
En definitiva, se trata de ofrecer a la audiencia los mismos contenidos de calidad de siempre, las mismas exclusivas y las mismas investigaciones pero en los nuevos formatos y, a la vez, aprovechar las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías para sacar el máximo partido comercial a esa audiencia. En el congreso de Wan-IFRA se presentó un informe sobre el uso del móvil que, entre otros datos, decía que ocho de cada diez usuarios de teléfonos inteligentes miran su dispositivo antes de los diez minutos tras despertarse. ¿Tenemos algún producto informativo de calidad que ofrecerles para ese momento?
@vicentelozano
(Publicado en El Mundo el 7 de junio de 2015)
miércoles, 3 de junio de 2015
Un consejo de Rudsbridger: "Salir a por los lectores"
Alan Rusbridger ya no es el director de The Guardian, tras veinte años al frente del periódico. Con motivo del relevo, ha concedido una entrevista a Carlos Fresneda, corresponsal de El Mundo en el Reino Unido, en la que aporta unas interesantes consideraciones sobre el presente y el futuro de la prensa..
La conversación me ha producido sentimientos contradictorios. El primero es de puro egoísmo: ni siquiera un gran periodista, un magnífico director y un intelectual como él sabe por donde hay que navegar en estos momentos para averiguar por dónde transcurrirá el futuro de los periódicos. Es decir, nadie nos puede echar nada en caras que tampoco nosotros demos con la tecla. Triste consuelo, sí.
El segundo sentimiento es de preocupación: ¿tiene futuro esto si alguien de la experiencia de Rusbridger -y otros como él, no hay más que repasar el estado de la prensa en el mundo desarrollado- no sabe que será de esta industria en unos años?
Pero las respuestas de Rusbridger, aunque no proporcionan el tratamientopara curar la enfermedad, al menos, sí resumen el diagnóstico de la situacion por la que está pasando ahora la prensa escrita. Aquí las frases que considero más relevantes.
· "Si sabemos interpretar por dónde van los tiros, y si intentamosincorporarnos a las tendencias, en vez de combatirlas, entonces es un gran privilegio estar donde estamos"...
Y a continuación apunta la gran tendencia de ahora: ·
· "Si más del 40% del tráfico en internet te llega por el móvil, y la gente entra hasta más de 10 veces al día, lo último que puedes hacer es lamentarte. Nuestra misión es adaptarnos a la audiencia".
Por eso...,
· "El texto es primordial, pero también hay otras formas: se puede contar en vídeo, o 'en vivo', o usando las redes sociales...".
Y, por tanto...,
·"Lo que tenemos que hacer es ir donde está la audiencia y aprender con ellos, ver cómo crean, comparten, distribuyen o incorporan contenidos. De alguna manera tenemos que ser como los comerciantes que salen al encuentro de lo que la gente demanda"...
Escribía algo parecido el domingo 24 de mayo: (Facebook... y otras empresas informativas) al intentar explicar que se ha terminado ya la etapa de dejar los contenidos de un periódico en un quiosco y esperar a que el lector se acerque y pague por ellos.
Y una clave
· "Lo que necesitamos son empresarios que destinen el tiempo y las inversiones a descubrir lo que realmente es este nuevo medio".
Aunque también hay que reconocer que, como el propio Rusbridger señala en la entrevista, en The Guardian "tenemos la suerte de apoyarnos en el Scott Trust y no tener que rendir resultados a unos accionistas". The Guardian ha sido un chorro de perder dinero en estos años y es muy posible que si hubiera pertenecido a una sociedad anónima en lugar de a una especie de fundación,, el ya ex director no hubiera aguantado los veinte años que ha estado en el cargo. Con todo, sus consejos valen.
En definitiva, el periodismo -su concepto- no está en crisis. Al menos no vive una marejada peor que la de etapas pasadas. La crisis se concentra en un modelo concreto de negocio periodístico que se acaba: la prensa escrita. Es muy distinto. Es decir: el problema no es de los contenidos, sino la forma de distribuirlos
Twitter: vicentelozano
La conversación me ha producido sentimientos contradictorios. El primero es de puro egoísmo: ni siquiera un gran periodista, un magnífico director y un intelectual como él sabe por donde hay que navegar en estos momentos para averiguar por dónde transcurrirá el futuro de los periódicos. Es decir, nadie nos puede echar nada en caras que tampoco nosotros demos con la tecla. Triste consuelo, sí.
El segundo sentimiento es de preocupación: ¿tiene futuro esto si alguien de la experiencia de Rusbridger -y otros como él, no hay más que repasar el estado de la prensa en el mundo desarrollado- no sabe que será de esta industria en unos años?
Pero las respuestas de Rusbridger, aunque no proporcionan el tratamientopara curar la enfermedad, al menos, sí resumen el diagnóstico de la situacion por la que está pasando ahora la prensa escrita. Aquí las frases que considero más relevantes.
· "Si sabemos interpretar por dónde van los tiros, y si intentamosincorporarnos a las tendencias, en vez de combatirlas, entonces es un gran privilegio estar donde estamos"...
Y a continuación apunta la gran tendencia de ahora: ·
· "Si más del 40% del tráfico en internet te llega por el móvil, y la gente entra hasta más de 10 veces al día, lo último que puedes hacer es lamentarte. Nuestra misión es adaptarnos a la audiencia".
Por eso...,
· "El texto es primordial, pero también hay otras formas: se puede contar en vídeo, o 'en vivo', o usando las redes sociales...".
Y, por tanto...,
·"Lo que tenemos que hacer es ir donde está la audiencia y aprender con ellos, ver cómo crean, comparten, distribuyen o incorporan contenidos. De alguna manera tenemos que ser como los comerciantes que salen al encuentro de lo que la gente demanda"...
Escribía algo parecido el domingo 24 de mayo: (Facebook... y otras empresas informativas) al intentar explicar que se ha terminado ya la etapa de dejar los contenidos de un periódico en un quiosco y esperar a que el lector se acerque y pague por ellos.
Y una clave
· "Lo que necesitamos son empresarios que destinen el tiempo y las inversiones a descubrir lo que realmente es este nuevo medio".
Aunque también hay que reconocer que, como el propio Rusbridger señala en la entrevista, en The Guardian "tenemos la suerte de apoyarnos en el Scott Trust y no tener que rendir resultados a unos accionistas". The Guardian ha sido un chorro de perder dinero en estos años y es muy posible que si hubiera pertenecido a una sociedad anónima en lugar de a una especie de fundación,, el ya ex director no hubiera aguantado los veinte años que ha estado en el cargo. Con todo, sus consejos valen.
En definitiva, el periodismo -su concepto- no está en crisis. Al menos no vive una marejada peor que la de etapas pasadas. La crisis se concentra en un modelo concreto de negocio periodístico que se acaba: la prensa escrita. Es muy distinto. Es decir: el problema no es de los contenidos, sino la forma de distribuirlos
Twitter: vicentelozano
(Publicado en elmundo.es el 1 de junio de 2015)
domingo, 24 de mayo de 2015
Facebook... y otras empresas informativas
Tiene mucho sentido la alianza anunciada el pasado 6 de mayo entre Facebook y algunos de los principales medios de mundo -New York Times, Guardian, BBC, NBC, Bild, Der Spiegel...- para incluir sus informaciones directamente en la red social. Por cierto, conviene destacar que es el segundo acuerdo que se firma en pocas semanas entre uno de los Gafa -Google, Apple, Facebook y Amazon- y la industria tradicional de medios, tras la Digital News Initiative entre el buscador de buscadores y los principales periódicos europeos. Los que parecían enemigos acérrimos empiezan a entenderse y eso es bueno para todos.
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| Mashable |
Los diarios que lo han firmado rompen su página web, disgregando las noticias. Es decir, el editor no sólo acepta que la home ya no sea la única puerta de entrada a su web, sino que lanza sus noticias al gran público sin exigirle que las lea en su página. La web, pues, empieza a no ser fundamental para captar la atención de los lectores y, por tanto, de los publicitarios. Y eso es clave para la evolución del negocio de las editoras. Los 25 grandes diarios norteamericanos en internet tienen ya más tráfico en sus webs a través de los dispositivos móviles -teléfonos y tabletas- que desde los ordenadores personales, según comScore. Y los estadounidenses pasan ya de media alrededor de una hora al día en las redes sociales en sus móviles -y más tiempo cuanto más jóvenes-, con Facebook a la cabeza entre todas ellas, según la consultora Coven & Co. En definitiva, los periódicos no hacen más que seguir a la audiencia. "Si no lo hacemos así seremos irrelevantes", decía Declan Moore, responsable de medios de National Geographic, una de las compañías que ha firmado con Facebook.
Es cierto que en este terreno Estados Unidos -es decir, la iniciativa de los lectores norteamericanos y la respuesta que les ofrecen las organizaciones- va por delante de Europa y de España, pero también es verdad que la globalización reduce las distancias tecnológicas. En nuestro país ya empezamos a vivir el declive del tráfico directo de las webs -y la home es ahora el soporte clave de la publicidad on line- y las empresas periodísticas deben buscar soluciones. El lanzamiento de aplicaciones para móviles será una de ellas, como lo pueden ser acuerdos similares al de Facebook.
Desde luego, los periodistas deberán habituarse a una nueva forma de trabajar que va más allá de lo que se llamó en su momento "integración de las redacciones". Pero, a la postre, el trabajo del informador será el mismo que ha sido siempre: sacar a la luz lo que el poder no quiere que se sepa y explicar a los ciudadanos lo que está ocurriendo en su entorno. Sólo cambia la forma de empaquetarlo y distribuirlo. En román paladino, lo que antes era un texto único al día con una ilustración, ahora se enriquece con actualizaciones, vídeos, audios, enlaces... Y la experiencia demuestra -no hay más que darse un paseo por las webs de los distintos medios- que la inmensa mayoría de los periodistas han sabido adaptarse con éxito al nuevo entorno.
Lo que se necesita es un nuevo modelo de negocio y para ello es fundamental que el back office de las empresas informativas acometa un cambio como el que se está produciendo en las redacciones. Hay que encontrar una nueva forma de vender la publicidad, de gestionar la información que se tiene de los lectores, de desarrollar la actividad comercial,... porque los contenidos ya no se venden sólo colocándolos en un quiosco para que el lector acuda a comprarlos.
(Publicado en El Mundo el 24 de mayo de 2015)
Twitter: @vicentelozano
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