Como todo, esto es según el cristal con el que se mire. El paro en España se encuentra situado ahora en el 14%, una cifra moderada si se considera que hemos llegado hasta el 23% en el peor momento de la crisis, pero inaceptable si vemos que en el mejor momento de nuestro mercado laboral, el desempleo bajó hasta el 7%, la mitad que el actual. Objetivamente, este nivel de paro es alto y más si se compara con el de los países de nuestro entorno. La media de la UE es del 7,8%, en países como Alemania se encuentra por debajo del 4%, el Francia es del 8,8% y sólo Italia se acerca algo, con el 10%.
Lo malo también es que la tendencia decreciente del desempleo en España se va a truncar, como acaba de decir el Fondo Monetario Internacional. Fruto de la desaceleración de la economía mundial, dice el organismo internacional, el paro terminará el año 2020 en el mismo nivel que ahora: por encima del 14%. Es decir, mantendremos los tres millones de desempleados por lo menos un año y medio más. Es un pronóstico duro de aceptar, a pesar de que Nadia Calviño diga que el FMI se equivoca con España. Es cierto que hay ocasiones en las que ha fallado en los datos, pero no en las tendencias.
Es un defecto que sigue teniendo la economía española: en etapas de crecimiento es capaz de generar millones de puestos de trabajo, que se van con la misma facilidad cuando se tuercen las cosas. Así, por ejemplo, el paro en Francia empezó la crisis en el 7,4%, subió hasta el 10% y ha bajado hasta el 8,8% actual. En España, la oscilación ha sido del 7% al 23%, para caer solo hasta el 14% que registra ahora. Por eso el principal esfuerzo que debe hacer el próximo Gobierno en materia económica es facilitar al máximo que España siga creando empleo, a pesar de la etapa de desaceleración que se acerca. Para ello, hace falta realismo y considerar que si la reforma laboral ha dado frutos, de una u otra forma, hay que seguir contando con ella. Por eso el PSOE se ha resistido a derogarla hasta ahora, a pesar de las presiones sindicales y de los partidos que están más a su izquierda, porque cualquier analista sabe es que con una reducción del crecimiento de la economía el ritmo de creación de empleo tiene que resentirse. El ejemplo está en los expedientes de regulación de empleo que se han anunciado en los últimos meses -en el automóvil o o en la banca- una situación que no se veía desde lo más profundo de la crisis.
Es necesario que el nuevo Gobierno ataque de forma proactiva el mercado de trabajo. Con la inercia ya no va a bastar para seguir reduciendo el desempleo y de ello es de lo que alerta el Fondo. El hecho es que España necesita seguir creciendo por encima del 2% para rebajar su elevada tasa de paro y, por eso, quizá sea el momento de plantearse cómo dinamizar más la creación de empleos.
Una solución factible para fomentar la contratación, y en la que podrían estar de acuerdo todos los partidos políticos, sería reducir ese impuesto al trabajo que son las cotizaciones sociales. La pérdida de recaudación por esa rebaja se debería compensar con una subida de la imposición indirecta o con la puesta en marcha de nuevos impuesto como los medioambientales. Pero así se lograría abaratar el coste del empleo, que es de lo que se trata para que los empresarios generen nuevos puestos de trabajo.
(Publicado en El Mundo el 12 de abril de 2019: https://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2019/04/12/5caf7420fc6c83ee7f8b4769.html
En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento. La Tierra Media tolkiana es la tierra, donde estamos y hasta cuando estemos.
lunes, 15 de abril de 2019
lunes, 18 de marzo de 2019
Treinta años de la World Wide Web
El 12 de marzo de 1989 un ingeniero inglés que trabajaba en el CERN, Timothy Berners-Lee, creó la primera dirección de lo que sería la World Wide Web. Buscaba cómo estandarizar la información entre ordenadores para facilitar su acceso a ella a los investigadores del centro y lo consiguió mediante tres estándares: el HyperText Markup Language (HTML), lenguaje de etiquetas de hipertexto, el HyperText Transfer Protocol (HTTP), que permite la transferencia de información entre ordenadores, y el sistema de identificadores Uniform Resource Locator (URL).
Para crear esa red se valió de una plataforma que desde finales de los sesenta utilizaba el ejército norteamericano para sus comunicaciones denominada Arpanet. Con esos protocolos, Berners-Lee consiguió, por decirlo de forma simplificada, que coches, autobuses, camiones -los contenidos- pudieran circular libremente por la autopista -Arpanet, primero; Internet después- ya existente.
Lo que empezó como una red de científicos del CERN para intercambiar información acabó siendo la inmensa tela de araña que llamamos internet y que se ha convertido, probablemente, en el invento más revolucionario, del último siglo. Nada como la Red y sus aplicaciones han cambiado nuestras vidas en todos los sentidos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, pasando por cómo nos desplazamos, cómo trabajamos, cómo leemos, cómo estudiamos, cómo nos divertimos y hasta cómo ligamos. No hay nada en nuestro acontecer que no haya sido afectado por la digitalización.
En treinta años -apenas una generación- la economía ha cambiado radicalmente, de forma que ahora es inconcebible un negocio de cualquier sector que no esté basado en internet. Las empresas que se han adaptado a lo que se conoce como la nueva economía salen adelante, y las que se han quedado atrás prácticamente han desaparecido. Y, a la vez, han aparecido compañías con su negocio basado en internet que han copado el mercado. Google, Facebook, Amazon, Alibaba... son empresas nacidas en la era de internet que son las de mayor capitalización bursátil y otras creadas antes, como Apple. Samsung o Microsoft, han aprovechado las nuevas tecnologías para crecer exponencialmente, diferenciándose de su competencia.
Esta nueva economía ha modificado también la forma de hacer negocio. Algún ejemplo. Uber es la mayor empresa de transporte de viajeros del mundo y no tiene ningún taxi en propiedad. Y Airbnb puede ser la mayor inmobiliaria del planeta sin contar con ningún piso propio. Ese flujo incesante de información y esa constante interconexión entre todos los agentes económicos -productores, proveedores de servicios, intermediarios, consumidores,...- hacen que los datos se hayan convertido en el oro del siglo XVI o el petróleo del XX.
Por internet empezaron transmitiéndose unos sencillos textos y, treinta años después, admite la circulación de dinero o que un cirujano en Madrid opere a un enfermo que está en un quirófano en Barcelona.
Tim Berners-Lee es presidente también de la Word Wide Web Foundation, cuyo cometido es que la red crezca con limpieza y ayude de verdad al progreso social. Lleva un par de años quejándose: «Mientras la Web ha creado oportunidades, dando voz a grupos marginados y haciendo más fácil nuestras vidas, también ha creado oportunidades para los estafadores, ha dado voz a los que proclaman el odio y hecho más fácil cometer todo tipo de crímenes», decía el martes 12 de marzo con motivo de este aniversario. Es cierto. Es lo que tiene casi cualquier desarrollo humano. La energía nuclear sirve para curar un cáncer y para fabricar una bomba atómica.
Quizá éste es el reto que tiene entre manos internet en los próximos años: desarrollar entre todos el concepto de ética de la nueva economía que defina temas como la neutralidad de la red, la intimidad, la desinformación o el abuso comercial. El otro es facilitar el acceso a esta tecnología a la mayor parte de la población posible.
miércoles, 13 de marzo de 2019
Periodistas y otros trabajos
LA SEMANA pasada el Wall Street Journal ofertaba unos 40 nuevos puestos de trabajo en su redacción. No es mucho si se tiene en cuenta que el periódico emplea a casi 2.000 periodistas, pero, aparte de que no deja de ser noticia que un diario aumente su plantilla en estos tiempos, y aunque no es un fenómeno nuevo, me llamaron la atención las características de los empleos que requería el medio para su redacción, es decir, implicados en la elaboración de contenidos: «La lista incluye a desarrolladores, diseñadores, gerentes, ingenieros, especialistas en datos y también, fundamentalmente, a periodistas. Ellos crearán contenido original, historias y noticias, y serán un recurso para el cambio en nuestras oficinas y áreas de cobertura», dice la nota del WSJ.
Las nuevas contrataciones se dividen en cinco grupos. Uno es el de jóvenes audiencias, y tiene los objetivos de crear contenidos específicos para este segmento emergente y conocer hacia dónde se dirigen los gustos de los lectores que hay que incorporar al periódico.
El segundo equipo se denomina Membership Engagement, algo así como interacción con la audiencia, y su finalidad es buscar productos con los que enganchar a los lectores. Esto va desde la búsqueda de titulares más adecuados, hasta la creación de boletines y newsletters, pasando los contenidos que animen a la participación de los lectores en el diario.
Un tercer equipo se dedica a la innovación y diseñará nuevos productos periodísticos. El cuarto está especializado en el análisis de datos; diseñará modelos predictivos sobre las preferencias de la audiencia. Y, por último, parte de las nuevas contrataciones se incorporarán al departamento de I+D, para investigar sobre la Inteligencia Artificial o las fake news.
Cierto que estos nuevos cometidos sólo los puedes poner en marcha cuando tienes periodistas que buscan y consiguen noticias que interesan a los lectores. Es imposible desarrollar comunidad o investigar por dónde van las nuevas audiencias si no hay buenos contenidos. Estos trabajos son parte de lo que supone la digitalización del negocio para la empresa periodística y tienen como objetivo ofrecer un mejor producto. Y el Wall Street Journal -como otros grandes diarios- lo puede hacer porque más de un millón y medio de lectores pagan también por la edición digital del diario. Dos conclusiones: si usted quiere un periodismo mejor, debe pagarlo. Y si usted paga, el periódico debe ofrecerle un periodismo mejor.
viernes, 15 de febrero de 2019
Un Spotify de periódicos
Apenas un mes después de presentar el iPad, en febrero de 2010, Steve Jobs viajó a Nueva York para explicar el revolucionario dispositivo a empresarios de los medios de comunicación, sector al que veía predestinado para el uso masivo de la tableta que acababa de inventar. Lo cuenta Walter Isaacson en su magnífica biografía del mito. «Me encantaría colaborar con el periodismo de calidad. No podemos depender de blogueros para acceder a las noticias. Necesitamos un periodismo real y una supervisión editorial ahora más que nunca, así que sería estupendo encontrar la forma de ayudar a la gente a crear productos digitales en los que puedan ganar dinero», explicaba Jobs, consciente de que la digitalización de la prensa estaba suponiendo una ingente pérdida de recursos al ofrecer gratis en la Red casi los mismos contenidos por los que cobraba en las ediciones impresas. Y le preocupaba ya entonces que esa caída de la rentabilidad llevara a una pérdida de independencia y de credibilidad.
Parece que Apple va a presentar el próximo mes de marzo uno de los productos ideados para esta intención de su fundador. Se trata de un servicio de suscripción de noticias de pago por el que el usuario podrá acceder a todos los medios que se apunten a la iniciativa abonando a Apple una suscripción, que podría ser de unos 10 dólares al mes. Sería como un Google News, pero que daría acceso a los contenidos que los medios están cerrando tras un muro de pago. Un Netflix o, mejor, un Spotify para la prensa.
Es algo ya vio también Jobs. En aquel viaje, el fundador de Apple cenó con ejecutivos de The New York Times y les explicó su idea de la suscripción digital: «Debería ser muy barato y muy sencillo: de un solo clic y de cinco dólares al mes como mucho». Y cuando uno de aquellos directivos le preguntó que, si se pusiera en marcha ese servicio, deberían compartir los datos de los usuarios Jobs fue tajante: «Podéis pedírselo a ellos, pero si no os lo dan de forma voluntaria, no me echéis la culpa. Vosotros sois los que habéis pasado años regalando vuestro periódico en internet sin anotar los datos de la tarjeta de nadie».
¿Puede ser el servicio de pago una tabla de salvación para los periódicos, al estilo de lo que ha hecho Spotify en el negocio de la música? A pesar de que la idea parece interesante, no acaba de convencer a los grandes grupos. En primer lugar, por el precio: 10 dólares al mes por tener acceso a cientos de publicaciones devalúa las suscripciones que ya existen, más caras y para un solo medio. Después, porque Apple se quedaría con un 50% de los ingresos y, en tercer lugar, porque, como hace siempre en estos servicios, no cederá los datos de los clientes.
Ahora bien, Apple News, que sólo está operativo en Estados Unidos, Reino Unido y Australia, tiene ya 85 millones de usuarios activos al mes, una buena audiencia potencial para incrementar lectores para el medio que se incluya en la plataforma. Pero no parece que este Spotify para medios sea una idea rentable; ya hay iniciativas, como Flipboard, que no tienen demasiado éxito. De hecho, de aquella cena de Jobs no salió ningún proyecto conjunto con The New York Times. Pero la iniciativa muestra que lo del gratis total en la prensa empieza, poco a poco, a pasar a la historia.
(Publicado en El Mundo el 15 de febrero de 2019)
sábado, 12 de enero de 2019
La RAE redefine periodismo... y se queda corta
La Real Academia Española (RAE) acaba de actualizar la definición del término periodismo, recogiendo una iniciativa realizada por el profesor de la Universidad de Navarra Ramón Salaverría. La anterior definición -la tomo del Diccionario Esencial, edición de 2006- definía periodismo como la "captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades". La entrada ha sido cambiada por "actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico".
Ya se había avanzado porque antes de 2006, la RAE definía periodismo como el "ejercicio o profesión de periodista", y periodista como "persona que compone, escribe o edita un periódico / persona que, profesionalmente, prepara o presenta las noticias en un periódico o en otro medio de comunicación".
Como se ve, los académicos, han ido cambiando a mejor la definición de periodismo a lo largo del tiempo, acomodándola a la realidad. La actividad periodística ya no se ejerce sólo en un diario impreso y tampoco consiste ya únicamente en escribir o editar textos.
No hay duda de que es mucho más completa la última versión, pero considero que se sigue quedando corta en un sentido: le falta añadir el para qué de esa actividad profesional: el fin que tiene el periodismo.
Es decir, en la nueva definición caben otras actividades profesionales que no son periodísticas. Por ejemplo, la publicidad; por ejemplo, la propaganda. Y, si me apuran, hasta los avisos en los trenes o en el metro, o los prospectos de los medicamentos pueden incluirse en la nueva definición que propone la RAE.
En estos tiempos en los que la desinformación y la denominada posverdad parece que se adueñan de los mensajes, hubiera sido adecuado aquilatar al máximo lo que se entiende -o se debería entender- por periodismo para evitar suspicacias. A lo mejor esta columna parece una tontería, pero si no tenemos claros los conceptos, no nos vamos a entender en las realidades. Ahora bien, periodistas tiene la RAE que saben mucho más de esto.
Ya se había avanzado porque antes de 2006, la RAE definía periodismo como el "ejercicio o profesión de periodista", y periodista como "persona que compone, escribe o edita un periódico / persona que, profesionalmente, prepara o presenta las noticias en un periódico o en otro medio de comunicación".
Como se ve, los académicos, han ido cambiando a mejor la definición de periodismo a lo largo del tiempo, acomodándola a la realidad. La actividad periodística ya no se ejerce sólo en un diario impreso y tampoco consiste ya únicamente en escribir o editar textos.
No hay duda de que es mucho más completa la última versión, pero considero que se sigue quedando corta en un sentido: le falta añadir el para qué de esa actividad profesional: el fin que tiene el periodismo.
Es decir, en la nueva definición caben otras actividades profesionales que no son periodísticas. Por ejemplo, la publicidad; por ejemplo, la propaganda. Y, si me apuran, hasta los avisos en los trenes o en el metro, o los prospectos de los medicamentos pueden incluirse en la nueva definición que propone la RAE.
En estos tiempos en los que la desinformación y la denominada posverdad parece que se adueñan de los mensajes, hubiera sido adecuado aquilatar al máximo lo que se entiende -o se debería entender- por periodismo para evitar suspicacias. A lo mejor esta columna parece una tontería, pero si no tenemos claros los conceptos, no nos vamos a entender en las realidades. Ahora bien, periodistas tiene la RAE que saben mucho más de esto.
(Publicado en El Mundo el 8 de enero de 2019)
jueves, 8 de noviembre de 2018
La verdad, la realidad y Carmen Calvo
La sorprendente salida de la vicepresidenta del Gobierno el pasado viernes para intentar justificar el cambio de criterio del presidente del Gobierno sobre el delito de rebelión para los encausados por el 'procés' es mucho más que una desgraciada anécdota de quien se queda sin recursos para explicar lo inexplicable. Tiene una inmensa carga de profundidad, por la que Calvo está dispuesta incluso a hacer el ridículo ante los periodistas en la sala de prensa de La Moncloa y ante la sociedad entera. Es el concepto de que no hay más realidad de la que yo creo y, por tanto, la verdad es relativa en función de esa realidad artificialmente creada.
Porque si aceptamos ese cambio de criterio entre lo que en mayo era un delito de rebelión para el líder de la oposición no lo sea cinco meses después para el presidente del Gobierno sólo por el hecho de que ahora es presidente del Gobierno se abre una forma de hacer política sobre la que no se puede objetar nada, salvo su reducción al absurdo.
Porque si seguimos a Calvo se puede justificar ahora que no se derogue la reforma laboral, o que se haya olvidado el famoso impuesto a la banca, o que el PSOE exigiera un pacto por la educación cuando gobernaba el PP y se lo pase por el arco de triunfo ahora que está en el poder.
Porque, según Calvo, da igual que Sánchez dijera cuando estaba en la oposición que nunca pactaría con el independentismo para gobernar y lo hiciera a la menor oportunidad que tuvo para llegar al poder. O que aplaudiese desde la tribuna del Congreso la dimisión de un político alemán por plagiar su tesis y él mismo no dé explicaciones ante su más que flagrante copieteo y sí admita la salida del Gobierno de una de sus ministras por lo mismo.
Decimos que estamos en la era de la posverdad y de la desinformación -no son conceptos sinónimos- y echamos la culpa a algunos medios o a las redes sociales, como si éstas tuvieran vida propia. Pero también hay muchos gobernantes que intentan tergiversar la realidad para acomodarla a sus intereses. Y esto no es sólo propio de Trump, Bolsonaro, Salvini, Farage o Le Pen. Calvo quiso distorsionar la verdad con el Vaticano y le salió mal. Y el viernes lo volvió a intentar. No son anécdotas. Es una forma trapacera de hacer política.
Porque si aceptamos ese cambio de criterio entre lo que en mayo era un delito de rebelión para el líder de la oposición no lo sea cinco meses después para el presidente del Gobierno sólo por el hecho de que ahora es presidente del Gobierno se abre una forma de hacer política sobre la que no se puede objetar nada, salvo su reducción al absurdo.
Porque si seguimos a Calvo se puede justificar ahora que no se derogue la reforma laboral, o que se haya olvidado el famoso impuesto a la banca, o que el PSOE exigiera un pacto por la educación cuando gobernaba el PP y se lo pase por el arco de triunfo ahora que está en el poder.
Porque, según Calvo, da igual que Sánchez dijera cuando estaba en la oposición que nunca pactaría con el independentismo para gobernar y lo hiciera a la menor oportunidad que tuvo para llegar al poder. O que aplaudiese desde la tribuna del Congreso la dimisión de un político alemán por plagiar su tesis y él mismo no dé explicaciones ante su más que flagrante copieteo y sí admita la salida del Gobierno de una de sus ministras por lo mismo.
Decimos que estamos en la era de la posverdad y de la desinformación -no son conceptos sinónimos- y echamos la culpa a algunos medios o a las redes sociales, como si éstas tuvieran vida propia. Pero también hay muchos gobernantes que intentan tergiversar la realidad para acomodarla a sus intereses. Y esto no es sólo propio de Trump, Bolsonaro, Salvini, Farage o Le Pen. Calvo quiso distorsionar la verdad con el Vaticano y le salió mal. Y el viernes lo volvió a intentar. No son anécdotas. Es una forma trapacera de hacer política.
sábado, 20 de octubre de 2018
Entender a Dios
Me puso sobre la pista Fernando Palmero el sábado por la noche. Julián Carrón, sacerdote, teólogo y presidente del movimiento Comunión y Liberación, y Pedro Cuartango, el periodista más intelectual que conozco y agnóstico declarado, iban a debatir sobre Dios, la libertad y el mal. Fue el pasado domingo en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo para clausurar el evento cultural Encuentro Madrid 2018. Me sorprendió encontrar a más de un millar de personas en el acto.
A veces, en este tiempo de posverdad, de desinformación, de superficialidad, en el que todo fluye sin solución de continuidad y con una rapidez acelerada -las noticias de la tarde dejan obsoletas las de la mañana un día sí y otro también-; en este tiempo en el que por las redes sociales nos llegan como si estuvieran al mismo nivel un buen artículo científico y la patraña del último indeseable, es un muy buen ejercicio pararse a pensar sobre esa segunda o tercera velocidad, de lo que, al final, depende todo. Y si te ponen en el camino una conversación entre Carrón y Cuartango, y te gustan esos temas, es una ocasión que no se puede desaprovechar. Así, oímos cosas de Spinoza, Heidegger, Camus, Sartre, Von Balthasar, Teresa de Jesús, Pablo de Tarso... buscando respuestas a las preguntas definitivas.
Hablaron de la libertad del hombre, que Cuartango -con Sartre- ve como una condena y Carrón como un don de Dios. Comentaron sobre la existencia del mal -¿quién pensó en las víctimas del Holocausto, de la guerra de los Balcanes o de los crímenes de Pol Pot?, se preguntó el periodista-, mientras que el teólogo volvía a fundamentar en la libertad la existencia del mal. Y conversaron sobre el concepto de elección. Si Dios es Dios debe querer a todos los hombres y sin embargo elige a unos pocos -a quienes da la gracia de la fe- para que le sigan, planteó Cuartango, a lo que Carrón contestó que precisamente esos hombres y mujeres deben ser los responsables de que Dios llegue a todo el mundo.
Cuartango dice que el «enigma para el que no hay contestación es la existencia de Dios». Es posible, porque si el hombre llegara a entender a Dios, en ese momento dejaría de ser Dios.
Y después de esto, volvamos a Twitter.
(Publicado en El Mundo el 16 de octubre de 2018)
A veces, en este tiempo de posverdad, de desinformación, de superficialidad, en el que todo fluye sin solución de continuidad y con una rapidez acelerada -las noticias de la tarde dejan obsoletas las de la mañana un día sí y otro también-; en este tiempo en el que por las redes sociales nos llegan como si estuvieran al mismo nivel un buen artículo científico y la patraña del último indeseable, es un muy buen ejercicio pararse a pensar sobre esa segunda o tercera velocidad, de lo que, al final, depende todo. Y si te ponen en el camino una conversación entre Carrón y Cuartango, y te gustan esos temas, es una ocasión que no se puede desaprovechar. Así, oímos cosas de Spinoza, Heidegger, Camus, Sartre, Von Balthasar, Teresa de Jesús, Pablo de Tarso... buscando respuestas a las preguntas definitivas.
Hablaron de la libertad del hombre, que Cuartango -con Sartre- ve como una condena y Carrón como un don de Dios. Comentaron sobre la existencia del mal -¿quién pensó en las víctimas del Holocausto, de la guerra de los Balcanes o de los crímenes de Pol Pot?, se preguntó el periodista-, mientras que el teólogo volvía a fundamentar en la libertad la existencia del mal. Y conversaron sobre el concepto de elección. Si Dios es Dios debe querer a todos los hombres y sin embargo elige a unos pocos -a quienes da la gracia de la fe- para que le sigan, planteó Cuartango, a lo que Carrón contestó que precisamente esos hombres y mujeres deben ser los responsables de que Dios llegue a todo el mundo.
Cuartango dice que el «enigma para el que no hay contestación es la existencia de Dios». Es posible, porque si el hombre llegara a entender a Dios, en ese momento dejaría de ser Dios.
Y después de esto, volvamos a Twitter.
(Publicado en El Mundo el 16 de octubre de 2018)
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