En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento. La Tierra Media tolkiana es la tierra, donde estamos y hasta cuando estemos.
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha situado la tasa Google o el canon AEDE -según se mire- en el ámbito de la defensa de la libertad de mercado y, si me apuran, de la libertad de información. Su dictamen contrario al artículo 32.2 de la Ley de Propiedad Intelectual,que establece el «derecho irrenunciable a percibir una compensación equitativa» a través de las «entidades de gestión», es inapelable. En primer lugar, porque «existen soluciones técnicas» para que el titular de los derechos decida que «la agregación se realice o no». Es decir, si estos medios deciden voluntariamente que sus contenidos formen parte de las búsquedas de Google y otros agregadores ¿por qué hay que hacer obligatorio que reciban una compensación por ello? Si no quieren estar, nada les impide abandonar el sistema.
Además, Competencia conoce muy bien el terreno que pisa. Cuestiona que «todos los editores consideren competidores directos a los agregadores» y afirma que «el tráfico obtenido gracias a la agregación puede generar ingresos distintos de la suscripción, principalmente publicitarios». Más claro, el agua: regular la tasa Google -o el canon AEDE- restringe la competencia y, por tanto, la libertad.
El Gobierno debería tomar nota de este dictamen y los editores que quieren la tasa también. Es mucho más sensato ponerse del lado de Arthur Sulzberger Jr., editor de The New York Times, que decía el pasado 12 de mayo en la sede del IESE de Nueva York: si los buscadores «toman nuestro contenido y lo publican en otras webs, están ofreciendo a otras personas una oportunidad de que conozcan el NYT. Y esto es muy valioso para nosotros».
Empeñarse en el pago del canon por parte de los buscadores que enlazan las noticias -cosa distinta es la difusión de un plagio o de una copia del contenido- es volar muy bajo. Si finalmente llega a aprobarse, ¿cuánto dinero va a recibir un diario? ¿Dos o tres millones de euros en el mejor de los casos? Ninguna cuenta de resultados se va a arreglar así.
Los medios deberían aprovechar la potencia de Google -causante de la tasa, no nos engañemos - para desarrollar conjuntamente acuerdos con los que enfocar el nuevo modelo de negocio. La compañía de Mountain View sabe -y mucho- de fidelización de usuarios, de monetización de contenidos y del incremento de su visibilidad, del empleo del móvil y de las tabletas..., cuestiones clave para el futuro de los medios impresos. ¿No sería más sensato sacar partido de ese conocimiento? @vicentelozano (Publicado en El Mundo el 28 de mayo de 2014)
La transparencia de los partidos políticos cuando informan de sus estados financieros progresa, pero en absoluto lo hace adecuadamente. «La mayoría de los partidos sigue manteniendo unos grados de opacidad alarmantes en áreas de especial relevancia», afirma Javier Martín Cavanna, director de laFundación Compromiso y Transparencia y responsable del informe Transparencia, el mejor eslogan, que analiza la información que ofrecen a la sociedad los partidos de sí mismos. La fundación se creó hace cinco años para fomentar «el buen gobierno y la rendición de cuentas» en las instituciones públicas.
Lo paradójico de esta situación es que se produce a pesar de que en los últimos años se ha reformado dos veces la Ley sobre Financiación de Partidos Políticos, para obligar a los partidos a rendir cuentas del dinero público que manejan. Pero ni así. El estudio se ha realizado entre los meses de marzo y abril, por lo que los partidos han tenido tiempo para adaptarse a la nueva legislación.
El informe analiza las páginas webs de todos los partidos políticos con representación parlamentaria y estudia ocho factores: quiénes somos, estructura directiva, cargos electos, programa, cumplimiento del programa e información económica. A su vez, cada uno de esos aspectos se divide en factores significativos como el perfil de los cargos directivos, la declaración de bienes de los cargos electos, si publica el número de afiliados y los canales de comunicación con el partido, el grado de cumplimiento del programa electoral si está gobernando. En el plano financiero, el informe analiza si las formaciones incluyen en sus webs el balance de situación, los ingresos y gastos, los informes de auditoria y del Tribunal de Cuentas o los créditos concedidos y condonados.
En definitiva, se trata de analizar si los políticos, que juegan con dinero público -de todos los españoles que pagan impuestos-, cumplen con los requisitos que ellos mismos exigen, por ejemplo, a las empresas cotizadas, que al fin y al cabo funcionan con dinero de los particulares.
El resultado es desolador. En el cuadro anexo se resumen los resultados y las conclusiones son llamativas. Por ejemplo, ningún partido publica el número de sus afiliados, como tampoco ninguno hace público el informe de gestión y sólo dos informan de su código de buen gobierno. Tampoco ninguno de los partidos que tienen responsabilidades de gobierno informa sobre el grado de cumplimiento del programa electoral. Pero donde la transparencia se vuelve opacidad es en la información económico-financiera. Martín Cavanna señala que ha aumentado el número de partidos que facilitan esa información -CCO,ERC, IU, EUiA, PP y UPyD-, pero sólo ERC y UPyD presentan el último informe del Tribunal de Cuentas y ninguno adjunta la auditoría independiente.
UPyD es, un año más, el partido más transparente de los que tienen representación en el Congreso al aprobar en 19 de los 25 criterios analizados. Le siguen los independentistas de ERC. En el lado contrario, el partido más opaco es Amaiur, que obtiene un punto de 25 posibles -desde luego, la transparencia no está entre sus prioridades- y CiU, que sólo saca tres. El PSOE logra 11 puntos y el PP, ocho, ambos en la parte media de la tabla, pero los dos suspenden en la información sobre sus estados financieros, un hecho especialmente grave porque son los que más recursos públicos aglutinan.
¿Soluciones? El Tribunal de Cuentas. Pero Cavanna dice que «carece de las condiciones de independencia y eficacia necesarias para cumplir la legalidad», y mientras que no se acometa una profunda reforma «será imposible avanzar en esta materia».
La recuperación está en marcha. Hasta las encuestas lo dicen. Pero dejar atrás la crisis no supone que hayamos abandonado los males que nos metieron de bruces en ella, porque..
Porque los políticos, digan lo que digan, no se remangan de verdad para eliminar la corrupción en las administraciones. Porque no veremos el día en que un partido lleve motu proprio ante los tribunales a un dirigente ladrón sin esperar a que otros lo denuncien desde fuera y sin escudarse entonces en «causas generales» que sólo buscan desprestigiar las instituciones.
Porque la Justicia continúa politizada y los partidos se seguirán repartiendo en el Parlamento los puestos clave de la Judicatura. Porque hay más aforados hoy que nunca en España. Porque esos aforados continúan teniendo la ventaja de ser juzgados directamente por magistrados elegidos por políticos y, por tanto, maleables. Porque el Gobierno regula una ley de transparencia que en el artículo de las excepciones se carga toda la supuesta buena voluntad del resto del texto.
Porque partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales continuarán financiándose con dinero público. Porque se prohíbe que las empresas den dinero a los partidos, pero se permite que lo hagan a sus fundaciones. Porque no se ha legislado sobre la apertura real de los procesos electorales - primarias, listas abiertas...- a la sociedad. Porque las cúpulas mantienen el control de los partidos y no han perdido un ápice de su poder.
Porque apenas se ha reducido el número de empresas públicas durante los años de crisis, sobre todo en la Administración central. Porque en esas compañías se siguen cobrando sueldos mucho más altos que los que reciben funcionarios de nivel similar. Porque se mantienen prácticamente todos los tribunales de cuentas, defensores del pueblo... con el mismo poco trabajo de siempre. Porque al único Tribunal de Cuentas que debe existir no se le ha dotado de más recursos, competencias e independencia para que sea un fiscalizador efectivo de las administraciones públicas.
Porque nadie va a poder obligar a políticos procesados -algunos a punto de sentarse en el banquillo- a que abandonen sus escaños o cargos públicos. Y porque hay dirigentes que siguen defendiendo que se mantengan en sus puestos. Porque no se ha terminado con un sistema de financiación de la formación a los trabajadores y los parados nasío para defraudar.
Porque salimos de la crisis y el Estado tiene más peso en la economía que antes. Porque este Gobierno liberal está creando un nuevo INI con los desguaces del despilfarro anterior. Porque llevamos años esperando la ventanilla única para las relaciones con la Administración que nunca se hace realidad. Porque las petroleras continúan controlando mediante su cartel no reconocido el precio de las gasolinas. Porque el déficit eléctrico ha alcanzado 30.000 millones de euros y sigue creciendo. Porque cada vez que un Gobierno culmina una reforma eléctrica el resultado es que los consumidores pagamos más en el recibo de la luz.
Porque los políticos continúan haciendo ideología con la enseñanza y no consiguen construir juntos un sistema que saque a España de su postración educativa. Porque en la Universidad perdura ese modelo endogámico que impide la competencia y el acceso de los mejores a la docencia y a la investigación. Porque en unos años España va a ser el país con más octogenarios de Europa y no se acomete frontalmente el problema del envejecimiento de la población, tampoco para mantener un sistema público de pensiones viable.
Y, también, porque todos nosotros tenemos que hacer examen de conciencia sobre el cumplimiento de nuestras obligaciones, IVA incluido. Bueno, mejor sin IVA, ¿no?
España tiene la segunda tarifa de conexión a internet más cara de la UE, según Bruselas. La oferta básica de banda ancha -que tampoco permite grandes alegrías en la transmisión de datos- está en una media de 38,7 euros al mes, sólo superada por Chipre con 46,2 euros, pero muy por encima de Lituania, 10,3. En Francia y en Italia se sitúan en torno a los 25 euros mes. ¿Se imagina que en algún momento los españoles podamos recibir internet totalmente gratis, sin pagar un solo euro por la conexión? ¿Y que esto se hiciera realidad en todo el mundo?
Es una nueva revolución de internet, que todavía no ha llegado, pero que ya hay quien la está preparando. En estos momentos existen tres proyectos que tienen el mismo objetivo: ofrecer internet gratis en todo el mundo. Y gratis significa que no habrá que pagar cuota de abono a ninguna operadora ni tarifas de ningún tipo. Bastará con un móvil y, desde la pequeña aldea de Douala (Camerún), hasta el pueblecito de los Andes peruanos Huacabamba, se podrá recibir sin más coste adicional todo el flujo de información que transmite internet.
Lo será en un plazo más corto de lo que pensamos porque ya hay tres proyectos que lo están preparando. Uno, Project Loon, impulsado por Google; el segundo, Internet.org, liderado por Facebook, y el tercero, Outernet, pilotado por el Media Development Investment Fund, un fondo que lucha por la libertad de expresión en todo el mundo. Cuando se materialicen alguna de estas iniciativas, el panorama de la industria de las telecomunicaciones habrá cambiado radicalmente. Y el de miles de millones de personas también. ¿De qué forma?
-Individuos. Las posibilidades de promoción social que permitiría el acceso gratuito a internet son ilimitadas. Millones de personas podrían tener acceso a la educación on line. Sería muy barato conectar un hospital de Houston con un ambulatorio de Lagos. Se sortearían de forma definitiva las limitaciones a la libertad de expresión y de información. Sería muchísimo más fácil, por ejemplo, organizar las tareas de atención, salvamento y reconstrucción ante catástrofes naturales o guerras. Y, por supuesto, la población de esos países gozará de una libertad de información como nunca hasta ahora. A cambio, querámoslo o no, los ciudadanos tendrán que asumir que estos avances dejarán en manos de las empresas que impulsan los proyectos muchos datos personales.
-Empresas. El nuevo modelo de comunicación va a revolucionar el sector de las telecomunicaciones. El negocio que tienen las operadoras por la transmisión de datos -su core businesshasta ahora- puede caer a mínimos. No obtendrán ingresos ni por las llamadas ni por los mensajes -con actores como WhatsApp en el mercado, por ejemplo- y tampoco por la conexión básica a internet en muchas partes del mundo que, por su atraso, eran mercados en expansión. Estas compañías tendrán que girar su negocio hacia la gestión de los contenidos; es decir, conseguir y mantener clientes por lo que ofertan en el tubo por el que fluye la información, no por la venta de ese tubo. En general, la difusión de la conexión a internet va a perjudicar a los intermediarios. Dos ejemplos valen: ¿por qué no puede ofertar directamente sus encantos turísticos un pequeño pueblo de la selva amazónica, sin necesidad de recurrir a agencias y touroperadores? ¿Y si en una comarca colombiana se cultiva café y los productores se ponen de acuerdo directamente con tiendas gourmetfrancesas para su comercialización?
-Estados. Como es lógico, las dictaduras y los gobiernos autoritarios tienen mucho que perder con este internet gratuito y libre. No tendrán el control efectivo de las comunicaciones porque cualquier persona se puede convertir, sin apenas coste, en un emisor de informaciones. Ya no podrán censurar Twitter, como ha ocurrido estos días en Turquía, ni impedir portales o buscadores como Google en un determinado territorio. Sin duda, el nuevo modelo de comunicaciones mundial podrá hacer un mundo más democrático y más libre....
-...y el Big Brother. ¿Sólo para construir un mundo mejor van a invertir estos gigantes de internet miles de millones de dólares en desarrollar sus redes mundiales? Evidentemente, no. Este loable fin va íntimamente unido a otro de carácter comercial. Google, Facebook y el resto de implicados buscan hacer negocio con estas iniciativas. Y ese negocio se basará en los billones de datos que pasarán periódicamente por esas redes que son sólo suyas, con los que tendrán información exclusiva sobre comportamientos, modas, tendencias, gustos, de los miles de millones de personas que podrán conectarse a internet. Es el negocio del Big Data -los metadatos- que llevará a cabo el Big Brother. Mucho más amable que el de George Orwell, pero Big Brother al fin y al cabo.
Proyecto Loon: Globos de Google en la estratosfera
En junio de 2013 un equipo de investigación de Google lanzó en la isla Sur (Canterbury, Nueva Zelanda) globos aerostáticos a unos 20.000 metros de altitud con los que conectaron a internet a un pequeño grupo de voluntarios residentes en la zona. La prueba resultó exitosa y en 2014 el Proyecto Loon ha continuado desarrollándose en otras zonas de la tierra. La idea de Google es establecer una red de globos alrededor del paralelo 40 -que recorre el centro de América Latina, la mitad meridional de África y Oceanía, e ir abriendo el servicio a nuevos habitantes.
El plan es colocar cientos de globos a esos 20 kilómetros, en la estratosfera para aprovechar los vientos. Mediante algoritmos se sitúan en el lugar preciso y se van moviendo según la velocidad y la dirección de los vientos, con lo que se consigue un gran ahorro de energía. Así, se dirigen y se mantienen en constante movimiento hasta formar un gran anillo alrededor de la Tierra que funciona como una red de comunicaciones.
Cada globo puede proporcionar conectividad a una zona de aproximadamente 40 km. de diámetro con una calidad comparable al 3G. Para las comunicaciones entre sí y con la superficie terrestre, losglobos van equipados con antenas cuya tecnología de frecuencia de radio permite que pueda ser recibida por cualquier dispositivo en la tierra.
"Suena a ciencia ficción, pero estoy segura de que el proyecto se va a hacer realidad y lograremos incorporar a la red a los millones de personas que aún no tienen acceso, para que puedan beneficiarse del progreso", afirmaba recientemente Sameera Ponda, chilena de padres hindúes, ingeniera por el MIT que trabaja en el proyecto.
Google no da cifras del coste del Proyecto Loon. Se limita a decir que su sistema es mucho más barato que las conexiones por satélite, pero una compañía que facturó 59.000 millones de dólares -el 4% del PIB español- y ganó 12.920 millones de dólares puede permitirse una inversión millonaria. Y no debemos olvidar que Google tiene también objetivos comerciales -como Facebook con su proyecto-: cuantos más habitantes estén conectados a internet más posibilidades tienen de incrementar su negocio.
Facebook lidera el proyecto internet.org. De él habló largo y tendido su fundador, Mark Zuckerberg, en Barcelona, en el último Mobile World Congress. En este programa están también grandes empresas del mundo de las telecomunicaciones, como Nokia, Samsung, Ericsson, Mediatek o Qualcomm. En esta iniciativa, la red de satélites se establecerá mediante drones. Facebook ha comprado por 60 millones de euros la empresa Titan Aerospace, que fabrica esos aviones no tripulados (Finalmente ha sido adquirida por Google). Uno de sus modelos, el S-60, escapaz de estar cinco mil horas en vuelo con baterías solares y puede cargar un emisor de 113 kilos. El proyecto prevé colocar 11.000 drones S-60 a unos 20.000 metros de altitud, que harán de emisores y repetidores de la señal que será captada por los dispositivos que estén en tierra.
El tercer proyecto se denomina Outernet y está impulsado por un fondo denominado Media Development Investment Fund (MDIF), fundado en 1995 por dos periodistas, el serbio Sasa Vucinic y el norteamericano Stuart Auerbach. En un primer momento su finalidad fue financiar medios de comunicación en países con problemas de libertad de expresión e información. En este proyecto están involucradas otras organizaciones de carácter filantrópico y participativo como Wikipedia, la plataforma de formación on lineCoursera, el sistema operativo de software libre Ubuntu, o la ONG Profesores sin Fronteras. Outernet busca 12.000 millones de dólares para desarrollar su red.
El plan es colocar unos 150 nanosatélites, unos pequeños cubos de diez centímetros de lado que se situarán en una órbita baja, a unos 150 kilómetros de la Tierra. Situarlos a esa altura requiere mucha menos energía. Los satélites enviarán las señales a cientos de estaciones que estarán en la superficie. Y desde allí, cualquier persona con un dispositivo adecuado -un simple móvil, por ejemplo- estaría en condiciones de recibir la señalde internet, sin censura y, además sin que las autoridades políticas tengan la posibilidad de clausurar esa comunicación. Outernet tiene previsto acabar el primer prototipo del nanosatélite el próximo mes de junio y realizar el primer despegue a mediados de 2015.
Outernet es el más filantrópico de estos proyectos. "Será capaz de eludir la censura, asegurar la privacidad y ofrecer un servicio de información universalmente accesible sin coste alguno para todos los ciudadanos del mundo. Es la versión en la era digital de la onda corta en la radio o el BitTorrent desde el espacio y su objetivo principal es cerrar la brecha de la información mundial", dicen sus impulsores. Claro que esos "4.000 millones de nuevos participantes en el mercado global" también se pueden convertir en clientes en servicios básicos como la educación o de productos comerciales. Con todo, si Outernet, Google o Facebook logran sus objetivos, se habrá dado un gran paso hacia la igualdad.
La guerra de la televisión no es sólo la de Antena 3 y Telecinco por el liderazgo de audiencia. Ni la de RTVE por no convertirse en residual. Ni la de los canales de TDT peleando por su cuota del 1%. Hay otra gran batalla en el mercado televisivo español y la están librando las operadoras de telecomunicaciones. Lo vemos estos días con el inicio de los campeonatos mundiales de Fórmula 1 y Motociclismo. Telefónica ha aprovechado estos dos acontecimientos de interés nacional y mundial para comercializar, con un gran despliegue publicitario, Movistar Fusión TV, producto que incluye en un mismo paquete, la línea fija, el móvil, el ADSL y su oferta televisiva.
Esta campaña ha coincidido con la compra de la operadora española Ono por la británica Vodafone. La operación tiene varios motivos. Javier Montalvo explicaba uno de ellos en el diario Expansión: «Los 7.200 millones que invertirá Vodafone es el precio que tiene que pagar (...), sobre todo, para no quedar descolgado en un segmento de actividad que marcará la diferencia en el negocio de las telecomunicaciones: la televisión de pago». Entre otras cosas, Ono aporta a Vodafone la fibra óptica y, sobre todo, TiVo, un servicio de televisión a la carta sobre el que tiene la exclusiva para Europa. Vodafone logra así un producto fiable para llenar de contenidos.
El avance de la tecnología y el gran impulso de las compañías nativas de internet han provocado un giro radical en los ingresos de las operadoras. Las llamadas apenas son negocio, se ofrecen como commodity junto a otras ofertas y probablemente morirán como fuente de ingresos en cuanto las distintas empresas de internet empiecen a ofrecerlas gratis. Es un proceso similar al que han registrado los SMS, que casi no suman ya por culpa de WhatsApp, Line y similares. ¿Cuánto han dejado de ingresar las operadoras, al perder los SMS de Navidad y Nochevieja?
Una compañía telefónica basa su negocio en la explotación de los canales de comunicación. Y sólo le interesa lo que circule por él en función de su peso: cuanto más sofisticada sea la información que transmita –audios, vídeos, juegos– más puede cobrar.
Pero internet ha cambiado radicalmente la situación porque está consiguiendo que los ciudadanos puedan usar esos canales de forma casi gratuita. Así, las empresas tienen que buscar en la oferta de contenidos y servicios los ingresos que pierden en su negocio tradicional. El más apetitoso de momento es la televisión de pago, pero las operadoras se convertirán también en plataformas de distribución de contenidos formativos e informativos y no sólo de ficción. Por cierto, un panorama alentador para vislumbrar algún remedio a la maltrecha situación de la prensa.
@vicentelozano
(Publicado en @elmundo_orbyt el 22 de marzo de 2014)
Bienvenidos sean los ¿30, 50? millones de euros que los editores de medios españoles podrán percibir de Google y de otros agregadores si finalmente se lleva a cabo la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que prepara el Gobierno. Menos da una piedra, pero ese dinero en absoluto va a ayudar a solucionar la crisis de la prensa y se puede convertir en un problema.
Hay que recordar que la tasa apenas ha tenido éxito en los países en los que se ha implantado. En Alemania, por ejemplo, esa tasa se puso con carácter voluntario: los periódicos podían decirle a Google que no indexara sus contenidos, pero los que lo hicieron perdieron tantos puestos en las clasificación de las noticias más vistas que volvieron a la situación anterior.
En Francia, se llegó a un acuerdo mixto: los agregadores pagarían a los editores 60 millones de euros al año a cambio de enlazar sus contenidos. Pero Google consiguió que la ley obligue a que ese dinero se utilice para financiar la transición digital de los periódicos y que sólo se distribuyera tras la presentación de proyectos concretos. Como decía anoche en Twitter Maria Ramírez, corresponsal de El Mundo en Nueva York, en Estados Unidos la 'tasa Google' no está en ninguna discusión sobre la crisis de la prensa. Y allí ha debatido sobre el tema hasta una Comisión del Senado.
Un diario nacional titula hoy un tanto cándidamente "Se acabó el gratis total en internet". ¡Es el mismo periódico que, en estos momentos, está regalando a los lectores cientos de informaciones, fotografías y vídeos a través de su pagina web! Ése es el gran error que podemos cometer. Que nos creamos que se ha dado un paso en la salvación de los medios impresos. Y en absoluto es así.
En primer lugar porque ya no se pueden poner puertas al campo. Si la esencia de una red física es la existencia de nudos entre las cuerdas, la esencia de la red virtual, Internet, es la posibilidad de enlazar. Nadie va a terminar ya con el enlace. Google, Bing, Yahoo... pagarán a los editores, sí, pero ¿por qué no se le exige lo mismo a Twitter, Facebook, Menéame,... que también consiguen ingresos con contenidos de los medios que suben sus usuarios? ¿Y esas webs supuestamente informativas que viven de seleccionar y publicar a primera hora de la mañana las informaciones que producen otros?
Repito que para las maltrechas cuentas de las editoras vendrán bien esas decenas de millones, pero no es ése el camino. Habrá que ver cómo se pone en práctica el cobro y la distribución de la tasa, quién va a decidir qué dinero va a cada quién y en virtud de qué criterios. Pero, sobre todo, sería muy triste que la 'tasa Google' nos distrajera de la cuestión fundamental: la prensa necesita una reconversión profunda que en España apenas hemos empezado a plantearnos. Y que, desde luego, no pasa por otra subvención, sea del Estado o de unas empresas privadas como Google y los demás agregadores.
P.D. Anoche, vi en Orbyt la portadilla del suplemento EM2 que está hoy en la calle y tuiteé que me habia gustado mucho. Uno de los redactores de Orbyt, Alfonso Mateos, me contestó enseguida: "La busco en Google y nada, oye". A lo mejor por ahí atisbamos una posible solución.
@vicentelozano
Publicado en elmundo.es el 15 de febrero de 2014
Buenos datos de paro registrado en febrero, en todos los sentidos. En esta noticia de El Mundo tienen todas las cifras. Es la primera vez que cae el número de desempleados en ese mes desde 2008. Y es muy positivo que crezca la afiliación en una etapa del año más propicia para los despidos, dada la estacionalidad del mercado de trabajo español.
Pero sobre todo es esperanzador porque, por primera vez desde el inicio de la crisis económica, hay más españoles cotizando a la Seguridad Social que un año antes. Al finales de febrero, contribuían 16,212 millones de ciudadanos, un 0,38% más que hace un año. También es significativo el incremento neto de 44.000 autónomos en los últimos doce meses. En términos desestacionalizados -sin contar las variaciones que suponen los distintos momentos del año- llevamos siete meses consecutivos de caída del desempleo.
¿Qué supone este dato? La constatación de que la economía española es capaz ya de crear empleo, con un crecimiento exiguo, que fue del 0,2% del PIB a finales de 2013 y rondara esa cifra en el primer trimestre de este ejercicio.
No es aventurado decir, por tanto, que tambièn en el desempleo, España está cruzando el Cabo de Hornos, tomando la palabra al presidente del Gobierno.
Es cierto que el mercado de trabajo mantiene sus deficiencias, que se manifiestan fundamentalmente en el desmesurado uso de la contratación temporal, pero en estas condiciones, nadie duda de que es mejor trabajar, aunque sea por poco tiempo, que permanecer en el paro
Como siempre habrá que esperar a la EPA para hacer análisis más profundo de la realidad laboral. Y, como afirmaba el mes pasado, todavía tenemos mucho paro para mucho tiempo. Bajar del 26% actual a tasas más o menos aceptables -en torno al 10%, por ejemplo- va ser cuestión de muchos años. Pero es una alegría que el empleo empiece a espabilarse en España. Este dato debería ser bien recibido por todos, también por la oposición.