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viernes, 3 de mayo de 2024

El riesgo reputacional del ecopostureo


El ecopostureo o ‘greenwashing’ se ha colocado en primera línea informativa. La aerolínea holandesa KLM ha sido condenada por un tribunal de su país por ecopostureo y, en España, Iberdrola ha demandado a Repsol por esta misma razón.

Ecopostureo es la traducción al español del término inglés 'greenwashing' que está haciendo más fortuna. De hecho, es una de las palabras recomendadas por la Fundéu para traducirla en textos en castellano: “Las expresiones ecoimpostura, lavado de imagen verde o ecopostureo, más coloquial, son algunas alternativas válidas a la voz inglesa 'greenwashing', que alude a cierta estrategia de mercado que utilizan algunas empresas para aparentar ser más respetuosas con el medioambiente de lo que en realidad son”, dice la Fundación. Y al hilo de este comentario, no sería de extrañar que la Real Academia la admitiera en futuras revisiones del diccionario. Porque la vamos a empezar a oír muy a menudo.

La verdad es que ‘ecopostureo’ me parece mucho más adecuada en castellano que greenwashing en inglés al hacer referencia directa a ese intento de engaño que tiene todo postureo: “Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción”, lo define el Diccionario de la Lengua Española.

Bien. Pues el ecopostureo ha sido noticia en la prensa financiera en las últimas semanas. La aerolínea holandesa KLM acaba de ser condenada por un tribunal de su país por ecopostureo. Ha sido tras la demanda presentada por la organización ecologista Países Bajos Libres de Fósiles, que consideró que la campaña lanzada en 2019 bajo el lema ‘Fly Sostenibly’ hacía ver a los consumidores que la línea aérea hacía más de lo que realmente hace para abordar seriamente el problema de la contaminación aérea.

El tribunal dictaminó que la mayoría del contenido de la campaña de KLM es “engañoso”. Por ejemplo, los jueces han considerado engañosas afirmaciones como que la compañía está avanzando hacia “un futuro más sostenible” compatible con los objetivos climáticos de París, o que sus clientes pueden “compensar” el impacto ambiental de su vuelo. Según los jueces, la aerolínea utiliza en su comunicación generalizaciones y vaguedades sobre los beneficios medioambientales con las que está engañando a los consumidores y, por tanto, cometiendo una ilegalidad.

KLM ha sido condenada. El tribunal no le ha puesto ninguna multa, pero su reputación ha sido afectada. Se trata, además, de la primera sentencia por este motivo a una línea aérea y todo hace pensar que va a sentar un precedente cuando otras aerolíneas diseñen sus campañas de publicidad o de imagen corporativa. Porque la reputación de KLM se ha visto afectada.

En España estamos viviendo un episodio que en parte es similar y en parte muy distinto. Similar porque se trata de una denuncia a una empresa por ecopostureo. Muy distinta porque esa demanda no la ha protagonizado un grupo ecologista, sino una compañía competidora, en una decisión totalmente inusual porque no se conocen enfrentamientos así entre empresas del mismo sector. Ataques directos de este tipo son frecuentes, por ejemplo, entre directivos de equipos de fútbol -acusaciones flagrantes de adulteración de la competición- o entre dirigentes de partidos políticos -tirándose a la cara unos a otros la corrupción- pero es rarísimo encontrarlo entre empresas competidoras… hasta ahora.

Iberdrola, la mayor compañía energética española, presentó el pasado 21 de febrero una demanda contra Repsol, la segunda, porque esta está realizando campañas de publicidad en la que se presenta como una compañía sostenible, que lidera la transición energética y que trabaja por la reducción de la huella de carbono cuando es “la empresa de España con mayor emisión de gases de efecto invernadero”. En su demanda, Iberdrola recuerda que la petrolera ya ha tenido que retirar una campaña que decía: «En Repsol desarrollamos biocombustibles y combustibles sintéticos para conseguir cero emisiones netas». Conviene recordar que Iberdrola es una empresa eléctrica y Repsol, una petrolera.

Repsol niega las acusaciones y afirma que la demanda es fruto del “nerviosismo” de Iberdrola, que está perdiendo clientes en un mercado cada vez más competitivo. Por ejemplo, Repsol cuenta ya con 2,1 millones de clientes de electricidad y es la cuarta comercializadora del país, tras captar 246.000 en 2023.

La justicia determinará quién tiene razón de las dos empresas. Pero la sentencia contra KLM y la demanda de Iberdrola indican la importancia creciente de ‘lo verde’ en la vida de las empresas. Hasta tal punto que se puede usar contra la reputación corporativa. Es lo que ha manifestado la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera: “Esta demanda confirma que lo verde tiene un valor de mercado, y que es recomendable ser exigentes y evitar confusión o publicidad engañosa”. Al margen de que se le haya criticado a la ministra su clara toma de partido por Iberdrola en esta disputa, tiene razón en que “lo verde tiene un valor de mercado”.

Ya hay casos de denuncias por parte de asociaciones ecologistas a empresas de compraventa de ropa de segunda mano que exageran en sus comunicaciones ese loable objetivo del reciclaje textil para erigirse en las empresas más sostenibles del planeta. O advertencias a bancos que, mientras informan en sus memorias a sus accionistas y al público en general de sus maravillosas actividades sostenibles -reducción del consumo de papel, teletrabajo que elimina desplazamientos, o ayudas a la reforestación gracias a un porcentaje de los créditos concedidos-, a la vez financian proyectos empresariales claramente nocivos para el medio ambiente.

¿Y no se han dado cuenta que los bricks o las botellas de plástico que usa cotidianamente ahora son todos ecofriendly? En otras palabras, ¿qué significa realmente ese “apoyando la silvicultura sostenible” o aquel “botella 100% emisiones netas cero” que es cada vez más frecuente encontrarse en determinados envases? ¿Existe ahora alguna forma de conocer si estas expresiones se ajustan a la realidad?

No sabemos hasta dónde llegará la demanda de Iberdrola contra Repsol, pero está claro que ha puesto en primera línea informativa un tema de interés para las empresas y los consumidores. Los expertos dicen que las normas que está aprobando la UE van a dificultar mucho más el 'greenwashing' en todos los sectores de actividad porque va a exigir mucha más claridad de las empresas y de los organismos en sus comunicaciones con la sociedad y determinará sanciones ante incumplimientos. Todo ello es positivo y lleva a una conclusión: el riesgo reputacional de practicar el ecopostureo va a crecer exponencialmente en los próximos años.

(Publicado en la revista Haz el 2 de abril de 2024)

jueves, 24 de mayo de 2018

El plástico es cómodo pero sucio

A PARTIR del 1 de julio todos los comercios tendrán la obligación de cobrar por las bolsas de plástico normales, las de un solo uso en las que metemos los productos de la compra habitual. Es una medida de la Unión Europea que tiene como objetivo disuadir a los consumidores para reducir el consumo de plástico, una de las plagas que preocupan de verdad en la preservación del medio ambiente.

Lo bueno es que hasta hace no demasiado tiempo vivíamos sin tanto plástico. En los propios comercios apenas había productos envasados en plástico, sino que el cliente seleccionaba y el tendero empaquetaba. El papel de estraza -cuando no el de los periódicos- servía perfectamente para envolver los productos. Las cajas y embalajes eran de cartón y de madera antes de convertirse en contenedores hechos de distintos materiales plásticos. ¿Por qué, por ejemplo, al comprar un poco de embutido, el charcutero lo envuelve en papel, lo pasa después por el film transparente y, por último, lo mete en una bolsa de plástico antes de dárselo al cliente?

Muchos recordarán todavía cuando había que bajar a las tiendas con las botellas vacías -los 'cascos'- que había que dejar si se quería comprar leche, gaseosa, cervezas o refrescos, o pagar de más si no se llevaba el recambio. Esos 'cascos' eran devueltos a las envasadoras que los esterilizaban y volvían a la cadena comercial. Ahora compramos en plástico. También era normal beber en vasos de cristal desde el grifo y no existían las botellas de plástico de cuarto de litro que tenemos encima de la mesa o llevan en el bolso. Y las maquinillas de afeitar no eran de plástico de usar y tirar.

Es el precio del progreso. Preferimos la comodidad, pero la comodidad tiene sus inconvenientes. El Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente calcula que cada español consume 144 bolsas de plástico al año que usa solo una vez y tira a la basura. Éstas tardan en descomponerse entre 100 y 500 años y se acumulan en los mares: unos ocho millones de toneladas llegan a los océanos cada año. Ya hemos visto fotos de inmensas islas de desechos que crecen año a año en las aguas. El plástico es cómodo pero sucio y nos damos cuenta cuando más lo estamos utilizando.

martes, 3 de noviembre de 2009

¿La última huella del último hombre?
(Lleguen hasta el final del comentario, por favor)


El Optimun Population Trust es una organización que lucha contra el cambio climático con una premisa peculiar. La recojo en palabras de Roger Martin, uno de sus dirigentes: "Los 6.800 millones de habitantes emiten CO2 y si la población sigue aumentando aumentarán los emisores y las víctimas del cambio climático".

El razonamiento es teórica y técnicamente impecable: como el hombre ensucia, cuantos menos hombres haya en la tierra, más limpia estará ésta. Y la conclusión: hay que frenar el calentamiento de la tierra controlando la natalidad.

Voy a llevar al extremo este planteamiento, que me parece no sólo equivocado, sino absurdo. Imaginemos que un hipotético 'gobierno mundial', de esos que leemos en las novelas de ciencia ficción, consigue llevar a la práctica esta idea impecable pero descabellada.

El objetivo tiene que ser frenar el ritmo de crecimiento de la población. Y la única forma de conseguirlo es que la relación entre nacimientos y defunciones sea negativa. Veamos las posibles consecuencias:

a) La población del mundo envejecerá a un ritmo uniformemente acelerado de generación en generación.

b) En unas pocas generaciones, por tanto, el mundo estará habitado por personas mayores, con escasa capacidad de producción y muy demandantes de servicios.

c) Para evitar este envejecimiento y el colapso económico que supone -algunos efectos los estamos viendo ya en la sociedad occidental- ese gobierno mundial no tendría más remedio que volver a fomentar la natalidad para conseguir fuerza laboral nueva capaz de producir bienes y servicios.

d) Pero como la premisa es que la población no crezca sin control para preservar el medio ambiente, si queremos que nazcan muchos niños sin que aumente la población, hay que eliminar parte de los 'excedentes' de más edad. Una segmento que, gracias a una vida más saludable, vivirá más tiempo.

e) En cuanto las nuevas generaciones -más numerosas que las viejas- llegaran a la edad de procrear nacerían más niños, por lo que habría que volver al principio, pero partiendo de una población global mucho menos numerosa.

Así, en unos miles de años habríamos conseguido el planeta más limpio del Universo... pero sin nadie que lo pudiera disfrutar.

Propongo un ejercicio:

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, indicar soluciones similares para acabar con los siguientes problemas sociales, considerando que el hombre es su principal causante:
-El desempleo.
-El fracaso escolar.
-La prostitución.
-La corrupción política.
-Los 'bonus' de los ejecutivos bancarios.
-___________ (escriba lo que más le moleste de su vecino/a)