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miércoles, 7 de febrero de 2024

El colosal esfuerzo que necesitará el mundo para cumplir con la COP28


Todas las instancias oficiales han recibido con euforia el principal acuerdo alcanzado en la cumbre sobre el clima que se ha celebrado en Dubái: los doscientos países firmantes se comprometen a “dejar atrás” el uso de los combustibles fósiles -petróleo, gas y carbón-, “de una manera ordenada y equitativa, acelerando la acción en esta década crítica, con el fin de alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050, de acuerdo con la ciencia”.

Pero según avanzan los días, los análisis que leemos en los medios sobre lo conseguido -que reflejan opiniones de los expertos- son más escépticos. “El acuerdo de la COP28 puede ser histórico, pero tiene salvedades”. Y Financial Times se preguntaba: ¿será el acuerdo de Dubái suficiente para el clima? En esta misma revista, Albert Vilariño, hablaba de un acuerdo histórico, sí, pero “limitado”. Salvedades, suficiente, limitado… Porque los objetivos propuestos en la COP28 son absolutamente exigentes, mientras que los medios para conseguirlos parecen exiguos.

En la cumbre se han movilizado más de 57.000 millones de dólares, que incluyen compromisos para el Fondo Verde para el Clima destinado a países emergentes. También se ha anunciado la creación de un fondo de 30.000 millones de dólares para soluciones climáticas globales, con el que se pretende conseguir una inversión de 250.000 millones de dólares para final de esta década destinados a financiar proyectos climáticos sobre todo también en países del Sur. Al acabar la cumbre, el diario Financial Times se hacía eco de esos 250.000 millones para financiar la transición energética, pero afirmaba que esta va a requerir “billones de dólares” y, en última instancia serán “los gobiernos nacionales, los bancos, los inversores y las empresas” los que decidirán si se cumplen los objetivos marcados. Veamos algunos números, desde el punto de vista de un lego en la materia, pero algo acostumbrado a las cifras.

Hoy día, querámoslo o no, los combustibles fósiles son imprescindibles para el crecimiento económico y el desarrollo mundial. Sin ellos, está claro que el mundo se pararía. Según el informe World Energy Outlook 2023 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el porcentaje de energía procedente de combustibles fósiles en el consumo total en el mundo fue del 80,3% en 2022, porcentaje que se ha mantenido constante en las últimas décadas. El desglose por tipo de combustible deja al petróleo como la fuente más utilizada, con el 31% del consumo mundial, seguido por el carbón, con el 27,2% y el gas natural, con el 22%.

Frente al 80% de los combustibles fósiles la AIE estima que el consumo de energía procedente de fuentes renovables -eólica, hidráulica, geotérmica y solar- ascendió al 30,1% del total, mientras que la nuclear supone el 5,6%. (Inciso: la suma del consumo por tipo de energía es superior al 100% por las pérdidas que se producen en la generación, transmisión y distribución de la energía). El objetivo de la COP28 supone darle la vuelta en 24 años al mix de energía actual. ¿Es factible?

Pues no parece fácil si tenemos en cuenta el lento crecimiento de las renovables en el mix de consumo de energía. La AIE dice que se ha tardado treinta años en llegar del 10% que representaban sobre el consumo total en 1993 a ese 30% de ahora.

Para alcanzar “cero emisiones netas” en 2050 -es decir, que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la actividad humana sean compensadas por las absorciones de GEI de la naturaleza-, es necesario reducir las emisiones de los combustibles fósiles al máximo posible. Y la única forma de conseguirlo es mediante su sustitución por fuentes de energía renovable. ¿Hasta qué participación tendrán que llegar las renovables en el consumo total de energía en 2050? ¿Podrá alcanzar el 60-70%? ¿Cuánto dinero ha costado llegar del 10% de 1993 al 30% actual? ¿Cuánto va a costar conseguir ese 60%-70% como mínimo en 24 años? “Billones de dólares”, dice Financial Times.

Pero al tiempo y a las inversiones, hay que añadir la política. Ahora mismo, China representa el 27% del consumo mundial de energía, Estados Unidos, el 17%: por detrás se sitúan India, con el 6,8% y la Unión Europea, con el 6,5%. Es decir, China y Estados Unidos serán los países que más esfuerzo deberán hacer para alcanzar el objetivo de triplicar el uso de energías renovables en 2030, es decir, en seis años.

China se halla inmersa en una seria crisis provocada por la caída del sector inmobiliario y el descenso de las exportaciones. Necesita volver a crecer a tasas más altas para que el paro no siga creciendo y para ello será imprescindible aumentar el consumo de energía, algo que hará con lo que pueda: combustibles fósiles si son necesarios. Y qué esperar de Estados Unidos si el próximo año y para los siguientes cuatro puede tener un presidente que en su primer mandato retiró al país de los Acuerdos de París. El esfuerzo necesario para llevar a la práctica los acuerdos alcanzados en Dubái se antoja casi inalcanzable. Esperemos equivocarnos.

domingo, 13 de marzo de 2022

Consecuencias de la invasión de Ucrania, de la "descarbonización" a la "seguridad energética"

Demasiados análisis de firmas especializadas en los mercados empiezan a comparar esta situación del mercado del petróleo con la vivida en la primera crisis de 1973, cuando los miembros de la entonces OPAEP (Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo) decidieron dejar de vender petróleo a las naciones que habían apoyado a Israel en la guerra del Yom Kippur, en la que Siria y Egipto atacaron a Israel para recuperar el Sinaí y los Altos del Golan que los israelíes les habían arrebatado en la Guerra de los Seis Días. En unos meses, el crudo cuadruplicó su precio, de (tres a 12 dólares) por barril (unos 70 dólares actuales) y el mundo no volvió a ser igual. De esa crisis proviene el cambio de horario en verano e invierno y toda la industria empezó a trabajar en serio para reducir sus consumos energéticos, en especial la automovilística.

La invasión de Ucrania ha exacerbado los ya altos precios de la energía que llevaba sufriendo la economía mundial y, en especial, la europea. De hecho, el barril de petróleo ha superado el máximo histórico que alcanzó en 2008 si al alza de precios le sumamos la fuerte depreciación que está sufriendo el euro frente al dólar por la guerra. Y el sistema que rige en la UE hace que los elevados precios del gas -que corren parejos a los del petróleo- se trasladen al resto de fuentes de energía -renovables, nuclear, hidroeléctrica- y, finalmente a los consumidores.

Evidentemente, el golpe no es como el de los años setenta, pero todos los escenarios están abiertos, en función de cómo se desarrolle la guerra de Ucrania. El consenso dice que la economía mundial, que todavía no se había recuperado de la pandemia, se va a resentir en los próximos años. Hay analistas que prevén una etapa de estanflación, que es una inflación alta a la vez que se reduce el crecimiento económico, y otros se inclinan porque algunas zonas del planeta, con Europa a la cabeza, puedan entrar en recesión.

Para luchar contra ello, piden medidas fiscales por parte de los Gobiernos -Allianz, por ejemplo, estima que España necesitará inyectar unos 10.000 millones de euros adicionales- y que los bancos centrales se decidan a controlar la inflación.

Mientras, hay quien también pide que en estos momentos de incertidumbre que empresas y ciudadanos hagan sus propios planes de ahorro energético.

Pero lo queda claro que, a pesar de todos los esfuerzos realizados por motivos estratégicos o medioambientales, la nueva hoja de ruta energética de la UE ha cambiado su enfoque a corto plazo de la "descarbonización a la seguridad energética, probablemente dependiendo por ahora de más carbón, más generación nuclear y de gas, permitiendo, en general, más emisiones de carbono", como acaba de afirmar Goldman Sachs.

Foto: Moshé Dayán (izda), ministro de Defensa de Israel, y Ariel Sharon, comandante de las Fuerzas de Defensa, en el frente de los Altos del Golan duranre la guerra del Yom Kuppur, en octubre de 1973.